Bien merecido

Por Redacción

la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Hubo gente que se emocionó hasta las lágrimas. Demasiado para una noche. Pero vale la pena recordar a los que hicieron tanto por el folclore. Los Tucu Tucu, el líder de Los del Suquía, el Chato Bazán, Tutú Campos. Esos fueron los nombre elegidos para el homenaje en Jesús María, en diferentes noches, pero que llenaron de emoción al público. Por Siempre Tucu es el nombre del grupo de quienes también fueron parte de Los Tucu Tucu y que en una de las noches de Jesús María se plantaron en el escenario para hacer lo que hacían todos juntos antes de la tragedia. El Candombe para José levantó a la gente que además de escuchar y admirar el ritmo pegadizo, aplaudió sin parar. Fue como volver a verlos, fue escuchar sus temas, fue emocionarse con Luna Tucumana, con Zamba de Amor y Mar. Merecido, bien merecido por el grupo tucumano, algunos de cuyos integrantes fallecieron en un accidente cuando justamente volvían de una presentación. Los Nombradores del Alba hicieron lo propio con Tutú Campos y Daniel Toro, el primero fallecido y el segundo ya retirado de los escenarios. Dos glorias de la música de los tiempos en que el folclore pasó por sus años de apogeo, donde Tutú Campos fue parte de los famosísimos Cantores del Alba. Campos fue, para mi gusto, la mejor voz que haya dado el folclore. Capaz de ir desde las mejicanas hasta los temas más complejos. Para suerte de los que seguimos el folclore, su hijo Daniel Campos heredó de su padre la voz privilegiada, que junto a la de Nacho Prado son capaces de situarnos treinta años atrás en el folclore de Los Cantores del Alba. El homenaje incluyó a Daniel Toro, solista de siempre, padre de Facundo Toro y de uno de los líderes de Gualicho, uno de los grupos más trascendentes del momento en este género. Daniel Toro no canta más, pero escribe, sigue ligado al folclore al que tanto le dio y le sigue dando. Zamba para Olvidarte o Cuando Tenga la Tierra forman parte de los temas más recordados en el folclore. No faltó el homenaje cordobés, netamente cordobés. Fue para Cacho Iriarte, voz inconfundible de Los Del Suquía, fallecido en 2004. Claro, también la voz de su hijo que integra el mismo grupo, se parece y mucho a la de su padre. Su recuerdo está instalado en los cordobeses que pidieron otra y otra. Una de las noches el Chaqueño Palavecino empezó con todo su presentación que llegó hasta la madrugada. Pero tuvo tiempo para emocionarse y emocionar al público con el recuerdo de uno de los mejores guitarristas que haya dado el folclore, compañero inseparable de cuando El Chaqueño Palavecino no era lo que es hoy, de cuando este salteño era un desconocido en casi todo el país. El Chato Bazán conocía tanto al Chaqueño que sabía cuándo su guitarra debía ser más importante, sabía cuando la voz que lo acompañaba llegaba al tono que buscaba o era necesario que sus cuerdas sonaran por encima de él. Ni hablar de las cosas compartidas. Por eso la emoción de estar por primera vez en el festival sin el guitarrista de siempre, sin su compañero de toda la vida, de todos los escenarios. Imaginé si en lugar de discutir y pensar en llamarle Néstor Kirchner a la plaza del folclore en Cosquín, no sería posible que algunos de estos ilustres de la música diera su nombre a los escenarios, o los que hicieron tanto como Atahualpa, como tantos que nos hacen pensar que este género no termina de ofrecer exponentes de categoría. El verano musical recién empieza y pasarán festivales, muchos y muy buenos, que no saldrán en la pantalla de la tevé, pero que convocan en cada pueblo, en cada ciudad, en cada escenario. El invitado es siempre el mismo, el folclore.


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