Bloqueo legislativo

De celebrarse comicios, muchos miembros del elenco político tendrían que encontrar otro empleo.

Redacción

Por Redacción

Estaba en lo cierto el ex viceministro de Economía, Jorge Todesca, cuando dijo que «la mayoría de los políticos no comprende la gravedad de la crisis». Con pocas excepciones, han continuado hablando y actuando como si a su entender sólo se tratara de algunas dificultades pasajeras que no tardarían en solucionarse para que todo volviera a la normalidad de antes, de suerte que no les resultará necesario modificar nada. Acaso por haberse visto beneficiado personalmente por las décadas de insensatez populista que para millones han culminado de forma desastrosa, el grueso de los peronistas, radicales y frepasistas sigue negándose a entender que a menos que el país reaccione con rapidez y contundencia, los próximos meses traerán calamidades aún peores que las ya concretadas. Además, para que la Argentina consiga reencontrar el camino del crecimiento le será forzoso llevar a cabo muchas reformas estructurales que no han sido previstas por «dirigentes» comprometidos con el orden que está desmoronándose y contra las cuales están decididos a luchar por estar en juego sus propios intereses.

Aunque es de suponer que tarde o temprano los legisladores aceptarán modificar la ley de quiebras y derogar la ley de subversión económica heredada de la dictadura, por motivos netamente políticos -a algunos legisladores les encanta mantener entre rejas a banqueros que a su juicio serán culpables de algo-, están tan resueltos a demorar el trámite que a pesar de los pedidos del presidente Eduardo Duhalde optaron por postergar las sesiones necesarias. Como excusa, muchos legisladores insisten en que no es su intención dejarse apretar por el Fondo Monetario Internacional, pero convendría que pensaran un poco en las razones por las que en el exterior tantos consideran ambas leyes engendros jurídicos. Según todos salvo los productos del populismo local, la ley de quiebras fue redactada con el propósito de frustrar los intentos de los acreedores de recuperar lo que al fin y al cabo es suyo y la de subversión económica ha sido empleada por jueces mediáticos que se han puesto a perseguir a banqueros que han sido víctimas de la estafa gigantesca perpetrada por la clase política nacional. Exageradas o no tales interpretaciones de las leyes de marras, significan que mientras no hayan sido modificadas la Argentina continuará siendo un paria internacional. Se trata de una situación que el resto del mundo podría tolerar muchos años sin ninguna dificultad, mientras que aquí los costos del aislamiento así supuesto podrían resultar insoportables en una cuestión de días. Puede que para los parlamentarios dichos detalles carezcan de importancia -por lo pronto, no se ha informado de demasiados legisladores que hayan sido perjudicados personalmente por el corralito-, pero sorprendería que muchos otros compartieran su tranquilidad.

Nadie esperaría que los legisladores se limitaran a convertir en ley todos los planteos del FMI, pero en cuanto éstos hayan sido aceptados por el gobierno nacional deberían por lo menos tener la decencia de tratar los proyectos correspondientes en seguida, sesionando continuamente hasta llegar a una conclusión definitiva que, en virtualmente todos los casos, tendría que coincidir con los deseos oficiales. Si los legisladores no están dispuestos a obrar así porque no les gusta la actitud del FMI, porque quieren bajarle los humos a Duhalde o porque no son capaces de resolver sus interminables internas partidarias, de mantenerse el esquema actual el país será ingobernable. De más está decir que en tal caso no habrá otra opción razonable que la de convocar a elecciones generales que, para casi todos los radicales y para muchos peronistas, equivaldría a una sentencia de muerte cívica: pese a sus intentos de atribuir la crisis a los banqueros y al FMI, la ciudadanía parece entender muy bien que los máximos responsables del desastre incluyen a los políticos que están haciendo lo posible por frustrar los esfuerzos débiles del gobierno duhaldista por hacerle frente. En efecto, la conducta obstruccionista de los legisladores ante una emergencia de proporciones inéditas ha sido tan vergonzosa que, de celebrarse comicios, muchos miembros del elenco político permanente tendrían que encontrarse otro empleo.


Estaba en lo cierto el ex viceministro de Economía, Jorge Todesca, cuando dijo que "la mayoría de los políticos no comprende la gravedad de la crisis". Con pocas excepciones, han continuado hablando y actuando como si a su entender sólo se tratara de algunas dificultades pasajeras que no tardarían en solucionarse para que todo volviera a la normalidad de antes, de suerte que no les resultará necesario modificar nada. Acaso por haberse visto beneficiado personalmente por las décadas de insensatez populista que para millones han culminado de forma desastrosa, el grueso de los peronistas, radicales y frepasistas sigue negándose a entender que a menos que el país reaccione con rapidez y contundencia, los próximos meses traerán calamidades aún peores que las ya concretadas. Además, para que la Argentina consiga reencontrar el camino del crecimiento le será forzoso llevar a cabo muchas reformas estructurales que no han sido previstas por "dirigentes" comprometidos con el orden que está desmoronándose y contra las cuales están decididos a luchar por estar en juego sus propios intereses.

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