Bonadio no se murió




Aunque Fabián Gutiérrez nunca dijo haber visto el contenido de los bolsos, con su muerte la causa de los cuadernos pierde un testigo presencial de aquellos hechos.


Bonadio no se murió. La investigación del juez federal fallecido en febrero sobre los cuadernos de las coimas vuelve a la luz con el asesinato de Fabián Gutiérrez, por años asistente personal del matrimonio Kirchner y uno de los testigos relevantes en esa causa. No será tan sencilla finalmente la tarea encomendada al presidente Fernández de despejar el frente judicial de Cristina Kirchner.

Gutiérrez fue un colaborador de la intimidad del matrimonio Kirchner desde mediados de la década de los 90, con idas y vueltas, hasta 2015. Rompió toda relación con la expresidenta en septiembre de 2018, cuando declaró como testigo arrepentido en el expediente de los cuadernos. Allí convalidó el trasiego de bolsos por la Casa Rosada y Santa Cruz, presumiblemente con dinero proveniente del pago de sobornos, que inventarió con minuciosidad el exchofer del Ministerio de Planificación kirchnerista Oscar Centeno. Había sido identificado poco antes por José López como el hombre que le entregó los 9 millones de dólares que el exsecretario de Obras Públicas intentó ocultar en junio de 2016 en un convento bonaerense. Una encomienda de la expresidenta, declaró.

El muerto y otros dos colaboradores de los Kirchner habían sido sobreseídos en 2012 por el mismo juez Claudio Bonadio en una causa abierta por enriquecimiento ilícito a raíz de su sorprendente crecimiento patrimonial. De todos ellos, Daniel Muñoz, muerto en mayo de 2016, fue objeto de una investigación por lavado del juez Marcelo Martínez de Giorgi, por la que permanece detenida su viuda, Carolina Pochetti. Muñoz hizo una fortuna estimada en 70 millones: días atrás, el juez aceleró los trámites para recuperar unos 30 de esos millones que Muñoz desvió a Turks and Caicos, un archipiélago al sur de las Bahamas, para un emprendimiento turístico. Martínez de Giorgi heredó al mismo tiempo el expediente de los cuadernos tras la muerte de Bonadio: la causa fue elevada a juicio oral hace un año, sin fecha determinada, y permanece dormida.


Fernández atraviesa el punto más bajo de su corta gestión. El escenario económico es desolador y hay déficit de gestión. Ahora, el pasado de Cristina acecha al presidente.


El testimonio de Gutiérrez fue central en esa investigación. Sin embargo, él no había ingresado al programa de testigos protegidos ni tenía custodia. En su declaración ante Bonadio, dio detalles sobre el traslado de equipajes precintados a las residencias de los Kirchner en El Calafate y Gallegos que, sostuvo, supervisaba Muñoz. Como le dijo alguna vez a Centeno el número dos de Julio De Vido, Roberto Baratta, apenas era un “changarín”.

Aunque Gutiérrez nunca dijo haber visto el contenido de los bolsos, con su muerte la causa de los cuadernos pierde un testigo presencial de aquellos hechos. Acaso el principal de todos aquellos testimonios derivados de los cuadernos haya sido el de Víctor Manzanares, excontador de los Kirchner, santacruceño y también imputado colaborador. “Hay US$200 millones en efectivo de Kirchner en algún lugar”, reveló. Manzanares dejó el programa de protección de testigos cuando pasó a la órbita de Presidencia, con Fernández. Sería razonable que recupere una custodia.

El juez que investiga el caso Gutiérrez descartó una trama política detrás del asesinato y habló de un crimen “pasional”, una figura en desuso. La fiscal del caso es Romina Mercado, hija de la gobernadora Alicia Kirchner y sobrina de la vicepresidenta. Así funciona Santa Cruz.

El gobierno tardó en reaccionar ante los hehos . Habló el cristinista Martín Mena, número dos de Justicia, y cruzó a la oposición, que reclamó que el caso pase a la órbita federal. Eso fue todo.

Fernández atraviesa el punto más bajo de su corta gestión. El escenario económico es desolador. Hay déficits inimaginables en un gobierno peronista, como revelan los tropiezos en el caso Vicentin. El poder político muestra incluso dificultades para disciplinar a la Justicia, como en las causas por espionaje ilegal y por la misma cerealera. Las intimidaciones a la prensa parecen más propias de un gobierno sin conducción que de un gobierno autoritario. Por eso mismo no habrá que subestimarlas. Ahora, el pasado de Cristina Kirchner acecha al presidente.


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