Borges y el tango, entre la devoción y el rechazo

Redacción

Por Redacción

No hay dudas de que los versos últimos del poema de Jorge Luis Borges “Buenos Aires” –“no nos une el amor sino el espanto/ será por eso que la quiero tanto”– no están dirigidos solo a una ciudad en abstracto, sino a todas las cosas que la definen, desde sus calles empedradas a sus personajes y a la música que la representa, el tango.

Es sabido que la relación de Borges con el género fue conflictiva. Así, por un lado se ubica el autor del poema “Tango” y las milongas “Para las seis cuerdas” y en el polo opuesto el denostador de una expresión que siempre asoció al tema de la violencia y a una ristra de malevos enrolados en “la secta del cuchillo y del coraje”.

El autor del cuento “El hombre de la esquina rosada” que retrata el baile canyengue con una lograda descripción es el mismo que dice ver en esa danza un ejercicio de prostitutas.

En diálogo con Télam, el poeta Horacio Salas, autor de “Borges. Una biografía”, señala: “Le disgustaban los viejos tangos con letra de las décadas del ‘20 y el ‘30. El llanto por el abandono le parecía impropio de los primeros guapos. Pero le gustaban los temas picaditos de la guardia vieja, el tango primitivo, alegre y compadrito”.

Agrega Salas: “El tango con letra es el de la inmigración, de los recién llegados que iban desalojando a los criollos y cuyos versos eran el reflejo de esa clase media y media baja que se lamentaba de su destino. Borges admiraba a los guapos que no se quejaban, porque los hombres, dijo alguna vez, no se lamentan en público, ni lloran, ni cantan sus desdichas. Era contradictorio y acaso a su pesar dedica uno de sus mayores poemas, ‘El tango’, a la música marginal”.

Sobre la consideración de Borges por Gardel, expresa Salas: “Se ha dicho que Borges detestaba al tango, en general basándose en boutades para desubicar al interlocutor, método al que era propenso. Cuando lo interrogaban sobre Gardel, respondía que siempre lo había detestado porque tenía la misma sonrisa de Perón”.

Da la sensación de que el punto de vista sobre el tango que tiene Borges es heredado de aquella parte acomodada de la sociedad que en sus inicios rechazó al tango por “obsceno”.

De todos modos, Salas rescata a este Borges controversial que, a su criterio, “Fue el primero en sostener en los años ‘20 desde las páginas de la revista ‘Martín Fierro’ que ‘el tango es la realización argentina más divulgada, la que con insolencia ha prodigado el nombre argentino sobre el haz de la tierra’”.


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