Breve elogio del botón



Se dice que “un botón es un elemento pequeño utilizado para abrochar o ajustar vestimentas, especialmente camisas, chaquetas y americanas. Los botones suelen ser redondos y planos, aunque los hay de diversas formas y tamaños. Suelen estar hechos de metal, madera o, más recientemente, plástico. El botón se abrocha haciéndolo pasar por un ojal de tamaño justo ubicado en el extremo de la vestimenta”.

Como un dato curioso podemos mencionar que hay botones ibéricos que tienen una cruz gamada en relieve (mucho antes que el advenimiento de los nazis en Alemania) y que los hay de cuatro agujeros, de dos y hasta de uno solo. Que muchas prendas de vestir de calidad suelen llevar botones extras.

Los hay de nácar, de conchas de diversos moluscos, de marfil, de hueso labrado con aplicaciones de metales preciosos, y algunos datan de 2000 años antes de Cristo, encontrados generalmente en el valle del Indo.

Otro dato curioso afirma que las sotanas de los sacerdotes tenían 33 botones porque esa era la edad de Cristo cuando murió en la cruz. Y se afirma que uno de los cargos más apreciados en las cortes era el de “botonero mayor del reino” y que el gremio de los botoneros era uno de los más distinguidos y respetables.

La indumentaria de las bandas militares de música, de las fuerzas armadas y de seguridad eran profusas en el uso de metálicos, hoy piezas de colección.

El vestido del hombre tenía en el siglo XVIII desde el hombro a la cintura 38 botones forrados en seda.

Etimológicamente la palabra botón procede de una voz francesa que significa “realzar”.

La indumentaria de las bandas militares de música, de las fuerzas armadas y de seguridad eran profusas en el uso de botones metálicos, hoy verdaderas piezas de colección.

Con respecto al inventor del botón, nadie lo sabe, ni quién fue ni quién los utilizó por primera vez.

Se dice sí que “para muestra basta un botón”, que “botón sin ojal ¿cómo se ha de abrochar?”, “estar al divino botón”, que “como es el paño se compran los botones”, que “según el abrigo serán los botones” y don José Larralde en su canción del “Por qué” afirma: “Me falta un ojal, que me sobra un botón”, gran dilema existencial para nuestro gaucho cantor. “Los botones de la blusa que tú usabas y algo confusa desabotonabas”, glosa también en su canción Roberto Carlos.

Jorge Luis Borges al visitar Filadelfia vio en el centro de la plaza la escultura de un botón, y de la inspiración del poeta salió un texto memorable.

Sin embargo, los botones deben ser bastante tradicionales dado que están situados en un sitio u otro de una prenda dependiendo si el que va a usarla es una mujer o un hombre. ¿Qué dirán las feministas? Otras preguntas a tono: ¿qué quiso decir el Negro Olmedo con eso de “No toca botón”? ¿Quién es el dueño de la botonera? La bragueta de los pantalones, ¿con botones o cremallera? Otro gran dilema estrictamente masculino.

Nuestro escritor Jorge Luis Borges al visitar la ciudad de Filadelfia vio en el centro de la plaza la escultura de un botón, y de la inspiración del poeta salió su texto “Un monumento”, con el cual cerramos esta breve nota sobre su pequeña majestad, el señor botón:

“Cabe pensar que un escultor sale en busca de un tema, pero esa cacería mental es menos propia de un artista que de un perseguidor de sorpresas. Más verosímil es conjeturar que el eventual artista es un hombre que bruscamente ve. Para no ver no es imprescindible estar ciego o cerrar los ojos; vemos las cosas de memoria, como pensamos de memoria repitiendo idénticas formas o idénticas ideas (…) Estoy seguro de que el señor Fulano de Tal, de cuyo nombre no puedo acordarme, vio de golpe algo que ningún hombre, desde el principio de la historia, había visto. Vio un botón. Vio ese instrumento cotidiano que da tanto trabajo a los dedos, y comprendió que para transmitir esa revelación de una cosa sencilla tenía que aumentar su tamaño y ejecutar el vasto y sereno círculo que se encuentra en el centro de una plaza de Filadelfia”.


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