Buena suerte-mala suerte
Pero de ahora en más la provincia queda atada al manejo de la política energética por parte de Nación.
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
No es ninguna novedad: Neuquén es, para bien y para mal, una provincia que depende fundamentalmente del petróleo y el gas. Y ése es un horizonte que hoy está en plena ebullición. Como suele ocurrirle a cualquiera, este presente no es tal vez el que el gobernador hubiera elegido. De hecho pateó buena parte del partido más para el arco de Repsol y los Eskenazi que para el otro lado o, en todo caso, jugó al medio durante la mayor parte del proceso de reestatización de YPF. Después de todo, así eran las cosas desde los 90 en la Argentina. Eso, hasta que el cambio en la política energética se mostró inevitable y Sapag decidió sumarse a la comparsa de Cristina. Ahora las cosas no parecen tener vuelta atrás. No se trata solamente el decreto 1277, que en realidad no es peor ni mejor que la ley 26741, de nacionalización de YPF y autoabastecimiento hidrocarburífero, que en los hechos viene a reglamentar. El jueves pasado el mandatario neuquino y sus pares de las provincias productoras dieron un paso más en la consolidación del nuevo esquema que impulsa el gobierno federal: le dieron al Estado nacional el manejo de la política energética, del abastecimiento interno y de los precios. A cambio, les fue reconocido el dominio provincial sobre los recursos del subsuelo, se ratificaron los contenidos federales de la Constitución del 94 y de la denominada ‘ley corta’ de hidrocarburos. También, sobre todo, se repartió generosamente el 24% de las acciones expropiadas. Así, Neuquén quedó, como el resto de sus pares, atada a la política energética del gobierno nacional pero, como contrapartida, será un socio privilegiado en la nave insignia del sector petrolero. “¿Mala suerte o buena suerte, quién lo sabe?”, reza un proverbio chino. Eso sí, por ahora la cosa no tiene vuelta atrás. En este singular ‘toma y daca’ que propone el gobierno nacional, Neuquén llevará la delantera en materia de acciones –será el segundo tenedor después de la Nación– pero a cambio deberá suscribir en los próximos días –como las restantes provincias de la Ofephi– una sindicación de acciones que la obligará a votar en el directorio de la petrolera nacional en consonancia con la Nación por lo menos durante el próximo medio siglo. De hecho, el artículo cuarto del acuerdo suscrito el jueves en La Plata destaca que las provincias se comprometen a celebrar un “pacto de sindicación de acciones que establezca la manera de ejercer los derechos políticos” de los socios en el directorio. Y agrega: “El convenio se celebrará por el plazo mínimo de 50 años desde la fecha de su celebración”. No es casual que los opositores al gobierno nacional y a sus aliados de hecho como Sapag hayan salido con los tapones de punta a clamar por las potestades provinciales contenidas en la Constitución y en la ley corta de hidrocarburos. En este aluvión de críticas, las que más duelen al gobierno neuquino son, justamente, las de quienes son más susceptibles de erosionarlo políticamente, en primer lugar Horacio Quiroga y en segundo Jorge Sobisch. El jefe del MPN tiene en verdad poco que perder, pero es cierto que siempre fue crítico de la política petrolera del kirchnerismo y es lógico que no quiera desaprovechar esta oportunidad servida en bandeja. El intendente de Neuquén tiene poca afinidad ideológica con el estatismo. Le preocupa, sobre todo, lo que hagan las empresas del sector. De hecho, advierte en privado que desde que se conoció el decreto 1277 las petroleras han congelado cualquier decisión de tipo económico o salarial. “Está parada la inversión”, resume Pechi ante quien lo quiera escuchar. En cuanto al alto porcentaje de acciones que corresponderá a Neuquén, conforme al nivel de sus reservas de petróleo y gas, el intendente de Neuquén lo ve bien “si todo sale bien” y enseguida aclara que “si no se logran inversiones”, no servirá de nada. En sintonía con lo que señala el jefe comunal, el líder petrolero Guillermo Pereyra ha pasado de amigo incondicional del gobierno kirchnerista a declararle una guerra sin cuartel. No sólo se fue con Moyano, ahora todo lo que venga de la Casa Rosada le cae mal. El súbito stand by de las empresas del sector lo ha dejado a Pereyra colgado del pincel en plena negociación salarial. El Caballo había arreglado un aumento del 24% para el primer semestre y ahora iba por otro 25%, pero desde que el decreto 1277 vio la luz todo quedó parado. Para colmo de males esto discurre en medio de la elección interna del sindicato petrolero. No por nada Pereyra, hasta ahora representante de los trabajadores en el directorio que conduce Miguel Galuccio, pegó el faltazo a la reunión realizada el viernes en la sede de la empresa en Puerto Madero. ¿Será un portazo definitivo? No parece, Pereyra es pereyrista: no tiene aliados duraderos, sólo intereses. Tanta exposición mediática de Quiroga tiene también su correlato político. Después de haber fracasado en su intento de hacerse de la provincia en solitario, cirujeando apoyos coyunturales para después descartarlos, Pechi se ha lanzado a construir un partido –Nuevo Compromiso Neuquino– que en su imaginario deberá ser capaz de medirse con el MPN. “Este país es peronista y de Boca”, admite con sorna este radical hiperpragmático para quien la Unión Cívica Radical era un verdadero lastre. Para Sapag, Pechi y Sobisch, con sus incómodas imputaciones sobre la política petrolera provincial, sólo buscan “rédito político”. El gobernador asegura que “si YPF mejora su renta y la reinvierte, la provincia se beneficiará con más utilidades, como accionista y vía regalías”. En cambio “si no le dan una tregua”, la petrolera se hundirá y acaso el país también, con provincia y todo. Se entiende: para bien y para mal jugó sus cartas y tiene que seguir adelante.