Buenos vecinos: una mano solidaria donde nadie llega

Sobreviviente del caso Yectafer, y con una dura infancia, María Salaya encabeza hoy un grupo que cada noche sale a repartir comida caliente entre quienes duermen en la calle, en Viedma.



Entre las múltiples caras que reflejaban las desigualdades en el siglo pasado, la de María Salaya pasaba desapercibida.

A veces, algunos corazones solidarios se abren, se ofrecen para que otros puedan tener una oportunidad, y la superación dio buenos resultados. Hoy, mira a su alrededor y les tiende su mano solidaria a quienes se esfuerzan pero andan por la vida en clara desventaja.

Es del 71. Nació en Los Menucos y a los cinco años una familia de Viedma la acogió en sus brazos porque la casa originaria entró en dispersión cuando su progenitora hizo abandono de hogar.

Con los años fue saliendo adelante.

Se casó y tuvo sus primeros hijos, hasta que sus fuerzas volvieron a flaquear.

Junto a una joven de Cinco Saltos, en el 2004, fue una de las sobrevivientes del caso llamado Yectafer.

Es del 71. Nació en Los Menucos y a los cinco años una familia de Viedma la acogió luego de que su familia originaria se dispersara.

Tuvo más suerte que la joven viedmense Verónica Díaz, muerta por una dosis del inyectable de hierro que utilizaba el sistema público rionegrino.

María tenía un hígado más sano, y esa característica le permitió recuperarse y dar a luz a un varón.

El Estado acompañó y compensó en su momento. Como resultado de ello tiene un trabajo estable en el Ministerio de Economía provincial.

En las frías noches viedmenses sorprendió días atrás a “Río Negro” antes de que se hiciera la entrevista. Llegó junto a uno de sus hijos mayores para arrimar una bandeja de comida caliente a una persona que duerme junto a su perro, en un sofá de la terminal.

En la actualidad, encabeza un grupo conformado por varias mujeres que reparten una decena de esas bandejas todas las noches.

Sus amigas Gimena Benedicti, Andrea, Carmen y Yanina la acompañan cocinando y conduciendo un vehículo con el que recorren distintos puntos de la ciudad.

La vida le dio otra alegría: se reencontró con Lucía, una hermana de sangre que vive en Patagones y quien la crió en sus primeros años.

El reparto no es tarea fácil. Algunos de los beneficiarios guardan resentimientos con la vida, se muestran agresivos, pero María, con su mano humanitaria, posee herramientas y templanza suficiente como para ir ubicándolos, en tiempo y espacio. Destraba así mecanismos internos para que puedan recibir la ayuda de buen grado.

Al más rebelde le prestó una carpa para que pueda dormir en las noches un poco más abrigado, cerca de la glorieta de la plaza San Martín.

“Siempre me gustó lo social”, destaca.

Recuerda entonces al fallecido exlegislador Eduardo “Bachi” Chironi.

Apunta que fue su primer respaldo comunitario porque “nos daba una mano cuando hacíamos capacitaciones en panificación o trabajábamos con las madres solteras”.

Saca de la profundo una respuesta cuando se le consulta de dónde nace su espíritu solidario.

“Soy de las que saben lo que no es tener nada, y pasarla mal. A mí me hace bien. Me sana cuestiones personales haciendo cosas buenas”, explica.

En su entorno, el rosario está lleno de elogios por haber sido buena alumna y ayudado a los “canillitas” de chica, y estar presente siempre con sus compañeras de trabajo.

Algunas, en la oficina pública, conocen su devoción por el otro, y le pasan ropa que María se encarga de entregárselas a familias de humilde condición que la pasan mal en barrios periféricos.

El almanaque le dio otra alegría. Se reencontró con sus afectos de sangre. Hoy guarda una estrecha relación con Lucía, una hermana mayor que vive en Patagones y quien la crió en sus primeros años, antes de radicarse en Viedma.

A la acción nocturna, María sumó otra iniciativa. Creó un grupo de Whatsapp para recolectar todo lo que se pueda en favor de tres familias de Viedma, que quedaron sin nada por un incendio en la Toma Unión.

El fuego se desató hace unos días y la rápida acción de los bomberos impidió que se trasladara a otras casas precarias del mismo barrio. Todos los afectados quedaron a salvo.

Un antiguo refrán español sobre riqueza y felicidad dice: “Más vale riqueza de corazón que tristeza de posesión”. A María le sienta como anillo al dedo.


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