Buscan dar contención y acompañamiento a personas angustiadas o con estrés





Pedir ayuda.  Aconseja la psiquiatra Elizabeth Bugliolo.

Pedir ayuda. Aconseja la psiquiatra Elizabeth Bugliolo.

Un aumento de hasta un 50% en la demanda de atención por situaciones de ansiedad, angustia, depresión, y estrés fue una de las consecuencias de la pandemia en Río Negro, según la Asociación de Psiquiatras de Río Negro (Aprin). Otro cambio es que se habría duplicado el consumo de psicofármacos. En lugar de recurrir al mayor consumo de sustancias nocivas o a la automedicación, aconsejan pedir ayuda psicológica de manera temprana.

La directora de Salud Mental, Comunitaria y Adicciones de Río Negro, la psiquiatra Elizabeth Bugliolo contó que “la demanda es reactiva a la situación de emergencia. Tenemos dos ejes de atención que son las guardias hospitalarias e hicimos convenios con los colegios de Psicólogos que lo hacen con profesionales voluntarios. También articulamos con Nación y hay un número de telefono, el 141, abierto las 24 horas”. Los teléfonos en Río Negro son el 107 de las guardias hospitalarias y el 911 en casos de emergencia. Aclaró Bugliolo que “hasta fin de año no vamos a llegar a tener estadísticas, pero sí sabemos que aumentó muchísimo la demanda de personas que antes no recurrían al programa ni al sistema”.

El aislamiento social así como el distanciamiento -explicó la funcionaria- “nos ponen ante el desafío de fortalecer las redes de contención social para que ese aislamiento sea físico, no emocional”, dijo Bugliolo. Resultó peculiar la situación de los centros de tratamiento residencial o ambulatorio para personas con consumos problemáticos. Mabel Dell’Orfano, directora de la Agencia para la Prevención y Asistencia ante el Abuso de Sustancias y las Adicciones de Río Negro (Apasa), dijo que “la atención de las adicciones asociadas o no a trastornos psiquiátricos se vio muy resentida ya que una de las herramientas son los grupos terapéuticos sostenidos por organizaciones no gubernamentales civiles u organizaciones religiosas”. Pese a la ayuda de municipios y del gobierno, muchas de esas 25 organizaciones “no tienen medios para una buena señal de wifi o para aprender estas técnicas. Tampoco hubo nuevas admisiones.

“Las personas que ya estaban en tratamiento fueron de lo presencial a lo virtual. Con el paso del tiempo, algunas personas empezaron a salir y se expusieron a situaciones de riesgo para contraer el coronavirus como compartir bebidas de una botella o cigarrillos de marihuana”, expresó Dell’Orfano.


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