“Cambiamos porque vos elegiste cambiar”
El sentido primero sobre el cual se basa la necesidad de que un grupo de hombres adquieran la autoridad por sobre el conjunto de la sociedad para tomar decisiones vinculantes, respaldadas en leyes y apoyadas por las fuerzas de seguridad, no es otro que el de favorecer a aquellos para los cuales “gobiernan”. La política práctica, por desdicha, desde hace tiempo se ha convertido en la lucha por el goce del poder. Sin embargo, esta premisa es aceptable si quien termina por acceder a ese poder lo utiliza con objetivos de gobierno tendientes a beneficiar a la sociedad, ofreciéndoles a todos mejores condiciones materiales de vida y no como un vehículo de reivindicación, improvisadamente, y en detrimento de la misma. Se ha perdido el eje. Los gobiernos deben proteger a los desposeídos, luchar contra el crimen, asegurar los beneficios de la libertad, proveer las herramientas necesarias para la educación y para la salud. Debe perseguir una sociedad más justa, batallar por la equidad, por la justa distribución, por la igualdad de acceso. Y por un sinnúmero de cuestiones que deben ser la biblia de cada gobernante. No sirve, ni se debe tolerar, que gobernantes perjudiquen los intereses sociales. José Martí decía que no es lícito ocasionar trastornos en la política de un pueblo. El gobierno rionegrino causa trastornos. Un docente al cual le han cerrado el curso por la polémica e impiadosa decisión provincial, y que trabajó durante más de cinco años en un centro educativo del Valle, cobró en total durante sus cinco años un monto aproximado de $ 230.000. Mientras que el ministro de Educación rionegrino percibió la misma suma en tan sólo cinco meses “trabajados”. ¿Eso es ajuste? Es decir que mientras se dejaron sin efecto 100 cargos docentes, que en total suman aproximadamente $ 400.000 por mes, el gobernador y sus nueve ministros producen un gasto mensual de un millón de pesos sólo en salario. ¿Eso es ajuste? El gobierno rionegrino propone paralizar la obra pública, recortar los fondos de salud y educación y continuar dando la espalda a proyectos sociales. Hubo épocas de profundas crisis en la provincia. El radicalismo en Río Negro ha tenido aciertos y desaciertos, pero jamás inoperancia. La ineficiencia de la coalición gobernante, que no mira el pasado más que para encontrar culpables, al mejor estilo Napoleón con Snowball en “Rebelión en la Granja”, nos está llevando a los rionegrinos a límites cuyas consecuencias son imprevisibles. Es verdad que en Río Negro se eligió cambiar, como sostiene el eslogan provincial. Pero creo que la gente pensó en hombres y mujeres que renueven algunas visiones sobre determinadas políticas, con nuevos planes, distintos programas y distintos caminos que nos dirijan hacia mejores destinos. Quienes eligieron cambiar no pensaban en un Río Negro permisivo al uso del cianuro, no pensaban en poner bajo disponibilidad sus cargos y con ello el futuro de sus familias en las manos de ministros amateurs, no pensaban en un gobernador y ministros que aumentasen sus salarios un 600%, no pensaban en estar intranquilos por las fugas en los penales, en perder sus cargos por medidas de ajuste o en morir en sus casas por falta de ambulancias. Yo al menos no creo que quienes eligieron cambiar hayan pensado en todo eso. Yo no quiero este Río Negro. Agustín Mozzoni, DNI 34.803.554 Roca
Agustín Mozzoni, DNI 34.803.554 Roca
El sentido primero sobre el cual se basa la necesidad de que un grupo de hombres adquieran la autoridad por sobre el conjunto de la sociedad para tomar decisiones vinculantes, respaldadas en leyes y apoyadas por las fuerzas de seguridad, no es otro que el de favorecer a aquellos para los cuales “gobiernan”. La política práctica, por desdicha, desde hace tiempo se ha convertido en la lucha por el goce del poder. Sin embargo, esta premisa es aceptable si quien termina por acceder a ese poder lo utiliza con objetivos de gobierno tendientes a beneficiar a la sociedad, ofreciéndoles a todos mejores condiciones materiales de vida y no como un vehículo de reivindicación, improvisadamente, y en detrimento de la misma. Se ha perdido el eje. Los gobiernos deben proteger a los desposeídos, luchar contra el crimen, asegurar los beneficios de la libertad, proveer las herramientas necesarias para la educación y para la salud. Debe perseguir una sociedad más justa, batallar por la equidad, por la justa distribución, por la igualdad de acceso. Y por un sinnúmero de cuestiones que deben ser la biblia de cada gobernante. No sirve, ni se debe tolerar, que gobernantes perjudiquen los intereses sociales. José Martí decía que no es lícito ocasionar trastornos en la política de un pueblo. El gobierno rionegrino causa trastornos. Un docente al cual le han cerrado el curso por la polémica e impiadosa decisión provincial, y que trabajó durante más de cinco años en un centro educativo del Valle, cobró en total durante sus cinco años un monto aproximado de $ 230.000. Mientras que el ministro de Educación rionegrino percibió la misma suma en tan sólo cinco meses “trabajados”. ¿Eso es ajuste? Es decir que mientras se dejaron sin efecto 100 cargos docentes, que en total suman aproximadamente $ 400.000 por mes, el gobernador y sus nueve ministros producen un gasto mensual de un millón de pesos sólo en salario. ¿Eso es ajuste? El gobierno rionegrino propone paralizar la obra pública, recortar los fondos de salud y educación y continuar dando la espalda a proyectos sociales. Hubo épocas de profundas crisis en la provincia. El radicalismo en Río Negro ha tenido aciertos y desaciertos, pero jamás inoperancia. La ineficiencia de la coalición gobernante, que no mira el pasado más que para encontrar culpables, al mejor estilo Napoleón con Snowball en “Rebelión en la Granja”, nos está llevando a los rionegrinos a límites cuyas consecuencias son imprevisibles. Es verdad que en Río Negro se eligió cambiar, como sostiene el eslogan provincial. Pero creo que la gente pensó en hombres y mujeres que renueven algunas visiones sobre determinadas políticas, con nuevos planes, distintos programas y distintos caminos que nos dirijan hacia mejores destinos. Quienes eligieron cambiar no pensaban en un Río Negro permisivo al uso del cianuro, no pensaban en poner bajo disponibilidad sus cargos y con ello el futuro de sus familias en las manos de ministros amateurs, no pensaban en un gobernador y ministros que aumentasen sus salarios un 600%, no pensaban en estar intranquilos por las fugas en los penales, en perder sus cargos por medidas de ajuste o en morir en sus casas por falta de ambulancias. Yo al menos no creo que quienes eligieron cambiar hayan pensado en todo eso. Yo no quiero este Río Negro. Agustín Mozzoni, DNI 34.803.554 Roca
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