Cambios subterráneos
No hubo autocrítica pública de Kirchner por la derrota electoral en Misiones. Los sectores de la oposición, desarticulados, todavía no ofrecen una alternativa. ¿Lavagna o Macri? El matrimonio Duhalde y sectores peronistas detrás de escena.
El gobierno todavía está asimilando el balde de agua helada que recibió hace una semana en Misiones, donde contra viento y marea se sumó al intento de reelección indefinida en la que se embarcó un aliado, el hoy devaluado mandatario Carlos Rovira.
Desoyendo las recomendaciones de varios miembros de la «mesa chica», el presidente Néstor Kirchner agudizó su terquedad y rechazó hacer cualquier autocrítica desde el atril por los «hechos no positivos» (según la indulgente caracterización que se escuchó en la Rosada) que horadaron en el último mes una imagen positiva cimentada en satisfactorios resultados económicos.
Empero, puertas adentro, tomó nota:
» Hay un fortalecimiento de la conciencia ciudadana, sobre todo en los centros urbanos, contra los propósitos forzados de perpetuación en el poder a través de procesos espurios. De allí la decisión del jujeño Eduardo Fellner de desistir reformar la Constitución para tratar de ir por un tercer mandato. Nada indica que el bonaerense Felipe Solá, abdique de su pretensión judicial para ser habilitado en el 2007, aunque no llevará las cosas al punto de enemistar a la sociedad con el patagónico.
» Se perdió un round frente al titular de la Iglesia, Jorge Bergoglio, quien bendijo al ex obispo jesuita Joaquín Piña para encabezar el frente opositor en Misiones, detrás del cual estuvieron todos, incluso los kirchneristas que se sintieron «traicionados» por Rovira y por eso lo «traicionaron» a la vez, en el momento de ir a votar. Se le dio oportunidad a los partidos adversarios, que estaban caídos, a hacer pie.
» Quedaron en estado de sospecha a los sondeos de opinión, que fallaron estrepitosamente. Sin embargo, obstinado como es, Kirchner no piensa cambiar su relación con los encuestadores que le dicen lo que quiere escuchar porque sino no los contrata más. Es un círculo vicioso, con la peculiaridad de que se hacen dos tipos de mediciones: las «infladas» para difundir en los medios y las reales para uso propio. Estas fueron las que fallaron el domingo 29 de setiembre en Misiones, pese al desfachatado clientelismo rayano con la «trampa».
Los peronistas, es sabido, son esencialmente pragmáticos. De allí que aceptan que Kirchner, el dueño de los recursos, prodigue palmadas a varios competidores a la vez sin hacerse cargo de las derrotas ni de los hechos bochornosos como los protagonizados en San Vicente por los «muchachos» del titular de la CGT, Hugo Moyano, pilar del actual esquema social.
«Y sí, Moyano, de los impresentables, es malo, pero es el menos malo». Un articulador de políticas oficiales, admitió que la construcción de un proyecto nacional que contenga a la burguesía, implica contar con el apoyo del sector gremial. Bajo esta premisa, el gobierno no deja caer al camionero, porque congenia menos con el gastronómico Luis Barrionuevo y los «gordos» que acompañaron las privatizaciones de Carlos Menem ¿Y por qué no acercarse a la CTA de Víctor de Gennaro como impulsa el ex piquetero Luis D´Elía? «Sus bases son durísimas, el plan de 'K' no las soportaría», confió a este diario el mismo exponente del oficialismo.
El peronismo también es tumultuoso y acomodaticio. El fantasma de Eduardo y «Chiche» Duhalde, le quita el sueño al pingüino. Alejado (¿?) el primero de la política, su esposa destila veneno 'anti K' y augura que será dura la pelea para desplazarlo. Como no hay a la vista ninguna figura carismática, propuso que el dirigente de «personalidad más firme» deberá ser el encargado de organizar la disputa en el 2007.
Y aquí es donde recrudecen las especulaciones.
Duhalde, a quien se vio eufórico después de Misiones, estaría sorprendido por el poco impacto que tiene en las encuestas Roberto Lavagna, quien además despreció a estructuras partidarias como las de la UCR que preside Roberto Iglesias. El mendocino aprovechó el resultado de Misiones, para intervenir el distrito de Mendoza que controlaba su enemigo Julio Cobos, potencial vice de Kirchner en el futuro.
En vísperas de presentar un libro sobre el MERCOSUR, Duhalde opinaría que «hay que hacer un esfuerzo para darle un empujón» a Mauricio Macri, el boquense de PRO que demora definirse si vuelve a concentrarse en la Capital Federal, o amplia la lid al ámbito nacional.
En el Congreso, las huestes del kirchnerismo se resignan a aceptar el silencio del presidente frente a las últimas torpezas. Pero, bamboleándose hacia los peronistas que lo resisten, se atreven a pedir una mejor comunicación y organización interna.
«Debemos ser más abiertos», se le escuchó decir a un diputado en voz baja, por temor a que Kirchner perciba que se está cuestionando su conducción centralizada.
Nocivo es estar lleno de defectos, pero más dañino es estarlo y no quererlos reconocer a tiempo. Eso es, al menos, lo que machacan un miembro del gabinete y un influyente senador del PJ.
ARNALDO PAGANETTI
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