Camino no tan virtuoso

Por Redacción

Puesto que aún no ha terminado una campaña electoral que continuará hasta el 23 de octubre, es sin duda natural que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya elogiado su propia gestión económica –no la incluye entre “los errores” que, con humildad, dice haber cometido– y que se haya comprometido a no apartarse “ni un centímetro de este camino virtuoso” que a su entender emprendió el país luego de la asunción de su marido. También lo es que haya negado que el crecimiento macroeconómico de los últimos años pudiera haber tenido algo que ver con el “viento de cola” proporcionado por el resto del mundo, aunque se trata de un fenómeno que ha beneficiado mucho a todos los países latinoamericanos con la excepción de la Venezuela de Hugo Chávez. Sin embargo, si tanto Cristina como su compañero de fórmula, el ministro de Economía Amado Boudou, realmente piensan que el “modelo” es tan fuerte y dinámico que no será necesario modificar nada, les aguardan algunas sorpresas ingratas. Una vez terminado el trámite electoral, al gobierno le será forzoso intentar frenar lo que es una de las tasas de inflación más altas del mundo entero, impedir que siga aumentando el gasto público que ha alcanzado niveles récord, reducir los subsidios energéticos que benefician mucho más a la clase media urbana que a los pobres y, aunque sólo fuera con el propósito de tranquilizar a socios como Brasil y China que podrían tomar represalias, adoptar una política comercial que sea menos arbitraria que la aplicada por Guillermo Moreno. Por ser Boudou un economista, uno que, para más señas, es de formación liberal, entenderá muy bien que será necesario que el “modelo”, por virtuoso que sea a juicio de su jefa, se adapte a las circunstancias. Asimismo, sabrá que el viento de cola, es decir, el aumento sostenido de los precios de commodities agrícolas como la soja que comenzó cuando Eduardo Duhalde estaba en la Casa Rosada, contribuyó mucho a posibilitar la recuperación después de la crisis catastrófica del 2001 y el 2002 y que también hicieron un aporte fundamental las inversiones que se efectuaron en la década de los noventa. Si bien Boudou no estará a cargo de la economía, en su condición de vicepresidente podrá desempeñar un papel parecido al de Néstor Kirchner que, en el transcurso de su propia gestión y una parte de la de su esposa, siempre llevó la voz cantante en el ámbito así supuesto. De todos modos, aunque no cabe duda de que la diferencia sideral que se dio el domingo pasado entre el más del 50% de los votos conseguido por Cristina y el menos del 13% que recibieron Ricardo Alfonsín y Duhalde respectivamente se debió en cierta medida a la sensación difundida de que la economía funcionaba de manera promisoria, incidió mucho más la debilidad manifiesta de los candidatos opositores. Por cierto, a la mayoría de quienes votaron no le interesaban los debates entre los especialistas en torno a los eventuales méritos y deficiencias del llamado “modelo” económico; a lo sumo, tenía la impresión de que ningún opositor resultaría ser capaz de reemplazarlo por uno mejor, de suerte que convendría más quedarse con lo ya conocido. A causa de las convulsiones bursátiles en el resto del mundo y, desde luego, en Buenos Aires, en los días que precedieron las elecciones primarias distintos voceros opositores aludieron a temas económicos para advertir que a su juicio sería positivo que nos preparáramos para hacer frente a la crisis internacional que estaba gestándose, pero puesto que hasta entonces habían preferido concentrarse en denunciar los actos de corrupción que involucraban a personas cercanas al gobierno de Cristina, pocos creían que se preocupaban mucho por lo que podría estar por suceder. Que éste haya sido el caso es desafortunado no sólo porque el país no podrá darse el lujo de depender del “piloto automático” por mucho tiempo más sino también porque es probable que, antes de celebrarse las elecciones presidenciales, la economía figure entre las principales preocupaciones de todos los países del planeta. Huelga decir que en medio de una campaña electoral será virtualmente imposible que los protagonistas debatan con seriedad sobre los riesgos que nos plantean los problemas de la Eurozona, de China y de Estados Unidos.


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