Campaña nacionalizada

Asoma la polarización que pide Weretilneck, pero Odarda resiste.

Por Redacción

RÍO NEGRO

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Un estado mudable se aloja en la política rionegrina. Ánimos fluctuantes por la superficialidad expuesta y por su dependencia de componentes extraños. El espaldarazo presidencial al candidato Miguel Pichetto revitalizó al FpV, alicaído después de los comicios municipales y aventajado por la efectiva reacción del gobernador Alberto Weretilneck. El propio peronismo creyó la percepción negativa instalada por el oficialismo. La campaña quedó reducida a una sucesión de momentos y efectos. Allí, Weretilneck saca ventajas. Lo hace con su incansable llegada personal y el uso indiscriminado de los fondos públicos. Capitaliza su estrategia de exculparse. Los logros son propios, pero los débitos recaen en responsabilidades ajenas (exsocios, incluso exfuncionarios). Esa fórmula se insinuó frente a la erupción del volcán Calbuco. Y, esta semana, la Nación le cedió otra ocasión al excluir a Río Negro del acto para prorrogar el pago de su deuda. Weretilneck usufructuó ese dislate institucional. No existe complicación en las finanzas: una quita de unos 30 millones por mes –si efectivamente se concretara– significaría menos del 2% de los ingresos. La masa salarial representa unos 850 millones mensuales. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, llamó el lunes y lo acusó de incitar a los fruticultores a movilizarse en contra de la visita presidencial. Entonces le informó del apartamiento de la firma del desendeudamiento. Weretilneck explotó esa coacción. Se ubicó públicamente en la defensa de los fruticultores y desafió al kirchnerismo. Ese lugar ya lo favorece. Corrió el foco y alteró políticamente la presencia de la presidenta Cristina Fernández. Su pretensión era mayor: un paso neutro de la mandataria y su consecuente menoscabo a Pichetto. Error. La jefa del Estado redobló la respuesta ante el reto propuesto y convirtió la ceremonia en un mitin electoral, incluyendo un categórico patrocinio a la candidatura del senador. Quedó nacionalizada la campaña. La presidenta piensa en Pichetto pero también en un triunfo suyo. Río Negro vota el 14 de junio, día en que también hay elecciones en Santa Fe, con nulas chances para el kirchnerismo. Serviría una foto triunfadora en una provincia. La contribución nacional es mayor. La dirigencia K –Aníbal Fernández, Eduardo “Wado” de Pedro, Oscar Parrilli y Florencio Randazzo– instruyó a que no hay margen para distracciones internas. El roquense Martín Soria ya no pone escollos a hacer campaña por el senador. Aceptó ese deber, con sus razones. “No hay proyecto 2019 si no se gana ahora”, fue un lógico mensaje desde Nación. La barilochense María Eugenia Martini tributó en igual sentido. Soria la aprecia y ella juega mucho en junio. Bariloche vota en septiembre, entonces su reelección estará ligada a la suerte de Pichetto. Esa pretendida confluencia provincial tiene suelta a Regina, con lazos rotos con el intendente y candidato a legislador Luis Albrieu. El FpV no asimiló ese fracaso, especialmente por la dificultad de explicar semejante traspié. Nación hizo aportes técnicos. Parrilli acercó un consultor a la campaña. Los técnicos de W. Tracking Group adoctrinaron el miércoles a los candidatos frentistas en Roca. Pidieron no desatender ningún pueblo y forzar la resistencia a cada planteo gubernamental. Hay cambios en el andar del senador, orientados a un mayor trato callejero y a una estrategia centrada en su figura, salvo en municipios con alto poder territorial, como Roca con Soria y Bariloche con Martini. “Hay que fidelizar el voto peronista”, es la consigna comunicacional. Así, la candidata a vice Ana Piccinini pasará a un segundo plano. Se rehacen afiches y avisos mientras se realiza un amplio sondeo de opinión. Weretilneck repite su cuadro propicio. Insiste en una ventaja de 6 a 8 puntos, según Eco. Lo comprobable: su crecimiento. Cualquier sondeo lo expresa. Vale la última encuesta del grupo de Jaime Durán Barba, usada por el Pro para bajar a Mario De Rege. Aparecía último con 2%. Weretilneck se arrimó a Pichetto, figurando de 6 a 7 puntos, cuando en marzo estaba 13-14 puntos. La medición de mayo ubica al senador con 37/39% y al gobernador con 31/32%, seguido por Magdalena Odarda con 16% (había llegado al 18/19%) y al radical Horacio Massaccesi con un 3 a 4%. La fórmula no está, pero el Pro mantiene –hoy– su lista legislativa, que encabeza Claudio Lueiro. Este legislador detectó la ocasión para unirse al proyecto de Weretilneck. El partido de Macri no desconoce esa operación, hurgando opciones para huir del desastre electoral en Río Negro. El gobernador habilitó contactos y su álter ego, Facundo López, se juntó con Lueiro. Habrá militancia compartida. Massaccesi sufre parecida erosión. Los intendentes –Mabel Yauhar, de Los Menucos; Yamil Direne, de Valcheta y, entre otros, el electo serrano Nelson Iribarren– no disimulan su preferencia por el mandatario, que se traduciría en un corte en su favor conservando los legisladores radicales. El jefe viedmense José Luis Foulkes concede guiños, pero difícilmente llegue a tanto. El plano se inclina hacia la polarización a la que aspira Weretilneck pero, aún, no parece suficiente para sus propósitos. Odarda baja, pero ningún sondeo la ubica por debajo del 15-13%. La senadora y su vice radical Bautista Mendioroz peregrinan para evitar mayores fugas ante la militancia del “voto útil”. Hay expectativa por Cipolletti. Odarda prevé capitalizar algo del caudal logrado por Aníbal Tortoriello, que venció ampliamente con la boleta del ARI. El intendente electo valora que ese partido le facilitó el sello, aunque se resiste a sumarse a esta campaña. Pero sorprende, con pasos ingenuos o no. El jueves estuvo en Roca con la presidenta. Ese canal lo abrió Parrilli, primo de Tortoriello. Lo convocó y la mandataria lo recibió en un apartado. No faltó la foto. La incursión del secretario de Inteligencia, un histórico contrincante del senador, exhibe la atención kirchnerista en el proceso rionegrino. Todo contribuye en Cipolletti, reservorio electoral de Weretilneck, quien presagia más de 30 puntos de diferencia. “Puede ser nuestro Waterloo”, alerta un dirigente peronista y contrapone municipios favorables, como las ventajas en Viedma o en Roca (alentada por el triunfo de Soria con un 72%) y el anhelo de anclar cierta primacía en Bariloche. La campaña sigue en déficit del análisis central. Efectista, Weretilneck continúa atado a las promesas y a la entrega de recursos públicos. Atado a la Nación, Pichetto despliega sus concreciones nacionales. Pero poco se sabe qué hará el gobernador si sigue, más allá de su lista de promesas. No profundizó sobre políticas públicas o cómo resolver carencias de su administración (prometió a Unter un programa de viviendas equivalente a todas las casas licitadas en sus tres años). Tampoco dijo qué distinción habría en su equipo después de las reiteradas frustraciones, incluso en incorporaciones en las que ya no hay posibilidad para transferir culpas. Pichetto evidencia experiencia y gestión en Nación. Pero le falta expresar y convencer sobre qué puede hacer desde el gobierno de Río Negro. El nuevo equipo comunicacional identificó esa inquietud en el electorado y trabaja en la respuesta. Queda un mes por delante.