Canoa frágil

Por Redacción

A veces estamos en una canoa frágil, en medio de la correntada de un río ancho y turbulento. Y no somos expertos. Nunca lo somos. Navegando a tientas. Nos carcomen las dudas, los temores y las ansias de poner un pie en las arenas blandas y cálidas de la otra orilla, dejar la prueba atrás y calentarnos cerca de una fogata. Pero tenemos que remar con fuerza, desaguar la embarcación, timonear con atención y aprovechar los remansos para recuperar fuerzas y relajarnos.

Desde la orilla nos animan sin entender completamente la situación, pero ayuda. Ayuda a calmarnos, a proseguir, a disolver los fantasmas y a elegir el mejor curso con mano segura. Sin permitir que lo externo nos apabulle.

Nos alentamos entre los tripulantes, no vamos solos, y compartir las dificultades y emociones pesadas nos hermana. Bogamos con el corazón en ascuas.

Pero al fin cedemos y nos ponemos en manos de Dios, para que nos guíe. Reconocemos que nuestro destino no es cosa nuestra en su totalidad y nos sosegamos y remamos con calma y una fuerza que brota de lo profundo de nuestro ser. Hemos perdido el miedo porque el amor que viene de arriba echa afuera el temor.

Alberto Félix Suertegaray

DNI 13.169.481

Alberto Félix Suertegaray

DNI 13.169.481


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