Andrés de Larminat: de pionero francés a Diputado Constituyente

Su padre, don Santiago, fundó Cerro de los Pinos, una estancia situada cerca de San Martín de los Andes y Junín de los Andes sobre las márgenes del río Chimehuín, recordado por ser visitada por avezados pescadores. Y su hijo, Miguel, narró en su libro “Un pionero de la Patagonia” los hechos que se suscitaron al crearse la estancia por su abuelo.
Es que la estancia es central en el devenir de esta historia. Allí nacería Andrés el 10 de febrero de 1922. Su madre es doña Magdalena Doé de Maindreville, ambos inmigrantes franceses. Don Santiago, que estudiaba agronomía en el Instituto Agronómico de Paris, había sido enviado por su padre, Jean de Larminat, para estudiar las razones por las que creía conveniente que la familia fundara un emprendimiento en Argentina, y, en el debido caso, en qué lugar.
Así es que arribó en febrero de 1909 a Buenos Aires y después de recorrer varias provincias del país decidió comprar un campo en nuestra provincia del Neuquén. Adquirió las primeras 5000 hectáreas en la costa del rio Chimehuín, y entonces convocó a sus hermanos para que lo ayuden a poner en marcha el emprendimiento. Pero eso era apenas el comienzo. 11.000 hectáreas pasaron a engrosar el potencial de la estancia.
Los hermanos comenzaron a construir alambrados, galpones, casas, caminos, canales y otras cosas de primera necesidad. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, los hermanos partieron para Francia a pelear, dejando el establecimiento a cargo de su excelente capataz, don Gallardo Lavalle.
Concluida la guerra, regresaron; ya casados, sus hijos crecieron y se educaron en el campo. Al cumplir 12 años, Andrés y su hermano Bernardo se fueron al Colegio Marín, de Lujan (PBA). En 1933, se abre en el barrio de Belgrano el Colegio Francés de Buenos Aires, con enseñanza mixta franco/argentina y facilidades para alumnos pupilos. Los Larminat terminaron el bachillerato francés, que tenía equivalencia con el argentino. En el año 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial. Bernardo tenía 19 años, evitó el servicio militar obligatorio de nuestro país y se fue en un barco a Canadá para enrolarse en las fuerzas aéreas.
Andrés, demasiado joven para enrolarse, se tuvo que quedar en el país y hacer el servicio militar en un regimiento de Cartógrafos del ejército, en la provincia de Misiones. Viajó a los Estados Unidos en 1943 para enrolarse en el ejército americano y ser destinado a Argelia. Terminada la guerra en 1945, Andrés y Bernardo embarcaron en el vapor “Desirade” que zarpaba para Buenos Aires.
Llegaron el día 17 de octubre de 1945, día de la masiva movilización obrera en Plaza de Mayo para pedir la liberación del coronel Juan Domingo Perón. Magdalena, la esposa de don Santiago, había encomendado a sus hijos, cuando se fueron a pelear, a la Virgen María, por lo que hizo construir una capilla en la estancia.
En 1949, don Andrés se casa con María Teresa Castrale y construye su casa en el casco de la estancia. Tienen tres hijos, Miguel, Pedro y Pablo. Don Andrés se dedica al campo y también a la actividad gremial, siendo nombrado secretario de la Sociedad Rural del Neuquén, una institución fundada en 1933 y muy respetada en la provincia.
En 1957, la flamante provincia del Neuquén llama a elecciones para constituir la asamblea constituyente. Don Andrés fue elegido diputado constituyente por el partido Demócrata; representaba los intereses del interior.
Viajaba 15 días a Neuquén en el viejo Dodge de carrocería de madera que tenía la estancia (eran 400 km de rutas de tierra y ripio llenas de lagunas y bardones de nieve), o bien a veces tomaba el colectivo desde Junín hasta Zapala y después el tren hasta Neuquén.
Era bastante sacrificado como vida, porque pasaba 15 días seguidos en Neuquén para trabajar en la asamblea y luego volvía a pasar una semana en el campo.
Aprobada la Constitución Provincial, regresó a su trabajo en el campo y logró mejorar la calidad de la lana que producían sus ovejas, el lote de lana denominado “Larminat Hnos.”.
También dedicó mucho tiempo a su actividad en la Rural, de la cual se retiró en 1985 y se dedicó a cuidar sus animales.
Con el tiempo, enfocó su atención a cuidar y mejorar el parque de Cerro de los Pinos; tenía pasión por los árboles, pasión heredada de su familia. Don Andrés falleció a los 89 años en su amada Cerro de los Pinos.
Era el año 2011, y a partir de ese momento se quedó para siempre en su querido parque. Hoy lo homenajeamos como a todos los convencionales constituyentes que permitieron el dictado de la Constitución provincial neuquina, dándole paso al nacimiento de una gran provincia.
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