El panteón de los políticos
Javier Genoud , DNI 17.506.130
GENERAL ROCA
Otra vez aparece el nombre de un político para bautizar una obra pública. Esta vez, la avenida Perón en Cipolletti. ¿Hasta cuándo? Perón, Illia, Soria, Verani y tantos otros. Calles, avenidas, plazas, edificios, instituciones. Una interminable colección de nombres de políticos y funcionarios que pareciera responder a una necesidad casi obsesiva de la política de perpetuarse en el espacio público. ¿Realmente haber ocupado un cargo público convierte automáticamente a alguien en prócer? Un funcionario ejerce una función pública. Por ella cobra un sueldo. Administra recursos que pertenecen a todos. Tiene obligaciones y responsabilidades.
Algunos dejan una huella importante; otros, no tanto. Pero ninguno debería recibir, por el solo hecho de haber gobernado, el derecho automático a una avenida, una plaza o un edificio con su nombre. Las obras públicas y los impuestos los pagan la sociedad los paga la sociedad. Y el espacio público también le pertenece. ¿Por qué seguimos convirtiéndolo en un gigantesco panteón de dirigentes políticos?
Lo más preocupante es todo lo que queda afuera. ¿Cuántos nombres de grandes ciudadanos hemos perdido para siempre detrás de esta costumbre? ¿Cuántos trabajadores, docentes, médicos, científicos, productores, comerciantes, inmigrantes, artistas, deportistas, profesionales y vecinos que dedicaron décadas a construir sus comunidades quedaron sin reconocimiento mientras los políticos se multiplican en los carteles de nuestras ciudades? Hay personas que hicieron muchísimo por una ciudad sin haber ocupado jamás un despacho público. Quizás deberíamos empezar a mirar hacia ellas.
No se trata de borrar nombres históricos ni de negar la importancia de quienes tuvieron un papel trascendente en la historia argentina o regional. Se trata de establecer un criterio más amplio, más democrático y menos dependiente de los homenajes que la propia clase política decide hacerse. ¿Por qué no esperar algunos años después de la muerte de una persona antes de convertirla en nombre de una avenida? ¿Por qué no exigir méritos excepcionales y comprobables? ¿Por qué no recuperar también la memoria de quienes hicieron su aporte desde el anonimato?
Una ciudad debería contar su historia en sus calles, pero su historia no puede reducirse a la historia de sus políticos. ¿Cuántos grandes ciudadanos hemos condenado al olvido para hacerles lugar, una y otra vez, a los nombres de la política? Ese también debería ser un debate de nuestras ciudades.-
Javier Genoud , DNI 17.506.130
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