Progresismo decadente

Carta de Lector

Por Carta de lector

No hay mejor sinonimia de progreso que educación. Correlativamente no existe más semejanza que la que une ignorancia y atraso. Sin embargo, en nuestra Argentina trastrocada los pontífices del ‘chamuyo’ progresista despliegan una retórica tan cínica como desquiciante. Exaltan a la escuela pública por igualitaria mientras la hunden con huelgas –hasta llegar a todo un año de parálisis como acaeció en Santa Cruz y en Chubut-, con adoctrinamiento, con la introducción de la ideología sectaria al aula, promoviendo el imperio de la mediocridad. Quienes mandan en la educación del país no son los ministros del área, sino gremios lastimosamente dominados por la ideología de izquierda arropada como progresista. Para esta postura el mérito y la evaluación de los docentes es poco menos que un agravio al derecho humano de del ‘trabajador’ docente. El exelso vocablo ‘maestro’ en vez de enorgullecerlos parece escandalizarlos.


Así, como está prohibido evaluar, encastrar la enseñanza con el mundo del trabajo y la empresa, exigir rendimientos a unos y otros – maestros y alumnos -, premiar el mérito de esmerarse en la capacitación y tantas otras aspiraciones propias del más elemental sentido común, la escuela pública está en proceso decadente, atrapada por la opacidad, la mediocridad.


Nunca más una promoción al grado superior sin evaluación. Un examen final evaluatorio para otorgar los títulos secundarios. Evaluación en agosto del rendimiento escolar, tanto para maestros como para alumnos. Estímulos para establecimientos con mejores rendimientos, menos deserción y más resultados en su enseñanza.


Alberto Asseff Diputado nacional (texto reducido)

Buenos Aires


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No hay mejor sinonimia de progreso que educación. Correlativamente no existe más semejanza que la que une ignorancia y atraso. Sin embargo, en nuestra Argentina trastrocada los pontífices del ‘chamuyo’ progresista despliegan una retórica tan cínica como desquiciante. Exaltan a la escuela pública por igualitaria mientras la hunden con huelgas –hasta llegar a todo un año de parálisis como acaeció en Santa Cruz y en Chubut-, con adoctrinamiento, con la introducción de la ideología sectaria al aula, promoviendo el imperio de la mediocridad. Quienes mandan en la educación del país no son los ministros del área, sino gremios lastimosamente dominados por la ideología de izquierda arropada como progresista. Para esta postura el mérito y la evaluación de los docentes es poco menos que un agravio al derecho humano de del ‘trabajador’ docente. El exelso vocablo ‘maestro’ en vez de enorgullecerlos parece escandalizarlos.

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