Casas básico

Por Redacción

Perteneciente a una tradición poética que encuentra sus referentes en gigantes como Joaquín Gianuzzi –cuyos versos, según Casas, “reflejan la mediocridad dramática y a veces hilarante de nuestros días mortales”–, Juan Gelman y Ricardo Zelarrayán, Fabián Casas suele decir que no se considera un escritor argentino, sino que forma parte “de un territorio panlingüístico y mestizo donde se mezclan los dialectos y las costumbres de todos los seres que lo habitan. Escribamos o no, lo más importante es que todos nosotros somos narraciones de la vida. En cada bar, oficina, hotel o cualquier lugar donde la gente se junta, está alguien escribiendo el sermón de la montaña” Montado a su poesía de las cosas simples, a una suerte de épica de la ternura y la nostalgia infantil, Casas fue convirtiéndose, gracias a sus trabajos Ocio, Tuca y, especialmente, Los Lemings, en uno de los grandes poetas nativos. Cinco años atrás comenzó a publicar periódicamente pequeños textos o ensayos en un sitio literario-político llamado Los Trabajos prácticos. Muchos de esos textos integraron Breves apuntes de autoayuda, una suerte de predecesor de La supremacía Tolstoi y otros ensayos al tuntún, que acaba de salir por el sello Emecé. ¿Qué es la poesía para Casas? En 2008, al recibir el premio Anna Sehers en Alemania –uno de los más prestigiosos de Europa que premia la carrera poética de un autor– Casas brindó un discurso magistral, en el que dio una aproximación posible: “A la poesía no se la define, se la reconoce, dijo Alberto Girri, un gran poeta argentino. Así que no voy a cometer la estupidez de definir algo en lo que no se han puesto de acuerdo siglos y siglos de pensadores. Pero sí voy a nombrar algunas de las cosas en las que encuentro poesía: a veces en un animal, otras en el motor de un auto, en las largas vías del tren y en el silencio de los hospitales. En Johan Cruyff corriendo con su elegante camiseta naranja o en la construcción anónima de las catedrales. En el inferno de Dante, en el cerebro de Ugolino y en el sticker de la virgen pegado en el tablero del patrullero…”.


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