Caudillismo y autodestrucción
La herencia de cargos políticos y públicos es frecuente en la vieja política. El nepotismo, la afinidad por acolitar, más no tanto por conocimiento, destruye nuestras instituciones públicas. Al igual que el agua en un estanque, si no se oxigena rápidamente se pudrirá. Lo mismo pasa cuando unos pocos toman decisiones. Este arcaico sistema carece de objetividad, imparcialidad y sobre todo de representatividad entre su grupo. Claro ejemplo de esto sería defender a los jubilados en campaña y no hacerlo en el Legislativo, una vez obtenido el cargo. El caudillismo se autodestruye cuando su ideólogo originario muere y sus vástagos salen a vivir de la sombra del heroico muerto. Careciendo de la coherencia originaria, se alejan de ella y sus principios, a posterior sus antiguos adeptos descreen de los iluminados por herencia paterna. Las internas en los partidos viene a oxigenar el estanque y traer nueva vida al putrefacto sistema anterior, pronto a autodestruirse. Viciados o no con la antigua política, depende de ellos demostrar con hechos el cambio pretendido. Por eso un recambio federal debe darse, lejos de esas ideas rebeldes de los unitarios. El cambio debe darse, o parecer en el intento.
Héctor Daniel Ayarachi Fuentes DNI 35.492.138