Células madre: verdades a medias
El tema de moda en Medicina, y todo lo que ello conlleva a su alrededor, parece ser el tratamiento con células madre para toda enfermedad crónica degenerativa, y para todos y todas según la neohabla política. El asunto merece algunas reflexiones que no son, ni con mucho, todas las propuestas aquí. Algunos aspectos a tener en cuenta sobre el tema en cuestión son: 1.- La terapia con “stem cells” (tal su nombre en inglés) no conforma. A la fecha, un tratamiento aprobado por la comunidad científica mundial es, si apenas, un proyecto de investigación en fase temprana. 2.- De ser cierto lo anterior, no menos concreto es que, si se ha alcanzado la etapa de investigación en seres humanos, debieran conocerse y haberse superado las escalas previas. En investigación biomédica no cabe saltear etapas o subir los escalones de a dos o tres por vez, y no hay registros fehacientes, corroborados y validados de esos hechos, excepto en casos de trasplante de médula ósea y de autotrasplante. En suma, poco se conoce sobre las bases fisiopatológicas y bioquímicas –investigación básica– de este tratamiento como para ofrecerlo como terapia efectiva y cierta, aunque todavía en etapa experimental –investigación aplicada–; mucho menos aun se han discutido los aspectos éticos y morales del mismo. Todo lo que hay, por el momento, son grandes esperanzas, fundamentalmente de gente desahuciada por la ciencia médica honesta, realista, humana. 3.- Las esperanzas son, sin duda alguna, buenas; constituyen el motor de grandes logros, tanto en medicina como en otras ciencias. Sin embargo la esperanza no ha de ser ingenua sino que ha de apoyarse en hechos. Lo contrario –la esperanza sin bases– es creencia y no ciencia. 4.- Los hechos –científicos o de cualquier otra índole, pero hechos– han de ser explicitados al público de forma concreta, clara, indubitable, para no alentar esencialmente falsas expectativas respecto del punto alcanzado en una investigación –en cualquier terreno que ella se lleve a cabo– ni generar –voluntaria o involuntariamente– espurios negocios alrededor de quiméricas perspectivas. 5.- Si tomamos como ciertas las premisas anteriores (1 a 4), debieran ponerse en conocimiento fehaciente de tantas personas que hoy apuestan a estas terapias alternativas (llevadas a cabo principalmente en la República China a un costo prohibitivo para la mayor parte de los ciudadanos argentinos), y que cifran desesperados anhelos de curación en esta oferta comercial médica, los alcances concretos que se han conseguido en este proyecto. 6.- Ello ha de ser resorte, sin duda alguna, del Ministerio de Salud de la Nación y de los diversos estamentos sanitarios provinciales e incluso municipales. Sin embargo, el silencio de las autoridades en este tema es alarmante. Claro que tampoco deja de ser cierto que, habida cuenta del descreimiento que provocan nuestras autoridades en casi todos los niveles de gestión estatal, sus palabras serían siempre tomadas con recelo. 7.- Corresponde también plantearse, de resultar cierto que este tratamiento está en etapa experimental –y ciertamente lo está–, quién ha de solventar los costos de dicha investigación. Efectivamente parece seguro que no debiera cargarse sobre las espaldas de los enfermos o sus familias el valor del procedimiento; claro que, contrapuestamente, si la investigación no está validada por un Estado que tenga interés en el desarrollo de estas terapias, o si la misma carece de interés para particulares, la situación cambia radicalmente y sólo el paciente o su familia que apuesta a ello debiera ser quien sostenga el costo de la misma. 8.- Si en el futuro la investigación que se está llevando a cabo alcanzase un éxito rotundo –y ello es lo deseable–, entonces no correspondería llevar a cabo ninguna campaña benéfica –v.g.: juntar tapitas plásticas o abrir cuentas corrientes solidarias en diversos bancos– para que los pacientes pudieran acceder al tratamiento requerido y correctamente indicado. El Estado nacional, a través de los fondos asignados al Ministerio de Salud, debiera, indubitablemente, hacerse cargo completamente de los costos que la terapia demandare. La salud y el acceso a su promoción, prevención, recuperación y rehabilitación son un derecho inalienable de todo ser humano. Y en un país como la Argentina, donde tanto se habla de derechos humanos, no cabe discutir sobre quién debiera hacerse cargo de los costos de estas terapias si son validadas científicamente. Mientras tanto, hoy por hoy sólo hay en este tema de las células madre gran desinformación y demasiadas esperanzas vacuas. Mala combinación. (*) Médico. Especialista jerarquizado en Medicina Legal
Alejandro A. Bevaqua (*)