Censura al acecho
En Internet se darán las más grandes batallas entre los consustanciados con la libertad y los resueltos a fijar límites.
Entre otras cosas, algunas malas pero las más muy positivas, la «globalización» ha permitido que centenares de millones de personas puedan conseguir información que los gobernantes locales quisieran negarles. Ha sido en buena medida gracias al desarrollo explosivo de comunicaciones que no respetan frontera alguna que se han desplomado las dictaduras comunistas de Europa oriental y otras partes del ex imperio soviético y que la democracia ha continuado avanzando en zonas antes dominadas por regímenes autoritarios. Sin embargo, el que no sea muy grande la posibilidad de erigir barreras electrónicas que reemplacen a las tradicionales, entraña la desventaja de que los contrarios a la libertad de información han entendido que la mejor manera -acaso la única- de lograr sus propósitos consistirá en atacar a los distribuidores en sus países de origen. He aquí la razón por la cual ha ocasionado tanta alarma el fallo de un tribunal francés que hace poco ordenó a la empresa Yahoo! bloquear el acceso de los galos a un sitio californiano que se especializa en comercializar objetos de la Alemania nazi, actividad que sería ilegal en Francia por tratarse de una forma de incitar al racismo.
Así, pues, por un motivo sin duda bueno, una corte de un país muy importante está tratando de establecer un precedente sumamente peligroso. Después de todo, Francia dista de ser el único país en el que las leyes nacionales prohíban actividades que están permitidas en otras. De conseguir los franceses multar a Yahoo! con 13.000 dólares por día por no encontrar el modo de impedir que sus compatriotas visiten el sitio filonazi, otros se verán tentados a probar suerte también, exigiendo que sea bloqueado el acceso a sitios que brindan materia política, religiosa o sexual que a juicio de las autoridades locales no debería tolerarse. Puesto que muchos regímenes tienen ideas muy decididas sobre la diferencia entre lo que en su opinión es bueno y lo que es forzoso mantener a raya, si prospera el principio asentado por el tribunal francés, el resultado sería la restauración de la censura a nivel planetario: por motivos económicos comprensibles, las empresas que se dedican al e-comercio no querrían exponerse al riesgo de tener que desembolsar montos abultados por violar leyes vigentes en lugares como China, Irán, Arabia Saudita o Cuba.
Hasta ahora, la globalización ha favorecido enormemente a los comprometidos con la libertad de expresión porque todos los países más avanzados son democracias liberales con leyes que defienden los derechos individuales. Aunque en ocasión Yahoo! y otros servidores han aceptado colaborar suprimiendo materia universalmente considerada ofensiva, como la pornografía infantil, lo han hecho a regañadientes en parte por las dificultades técnicas y también por entender que tales concesiones servirían para estimular a grupos deseosos de eliminar de la red una gama muy amplia de información que en su opinión es maligna. Por cierto, ya que un tribunal respetable de una poderosa nación democrática ha fallado contra Yahoo!, sorprendería que tribunales de países de tradiciones muy distintas no comenzaran a intentar obligar a los servidores principales de los Estados Unidos, Europa y América Latina a limitar su contenido.
La Internet está convirtiéndose en la arena en la cual se celebrarán las batallas más significantes entre los consustanciados con la libertad por un lado y, por el otro, los resueltos a fijar límites. Según los voceros de Yahoo!, no existe tecnología que hiciera posible impedir que los ciudadanos de un país determinado visiten un sitio y, en vista de las características de la red, es probable que estén en lo cierto. Sin embargo, como los magistrados franceses sin duda entienden, de quererlo un tribunal en virtualmente cualquier lugar podría causar a empresas informáticas multinacionales pérdidas tan grandes que les convendría rehusar aceptar a clientes cuyas actividades podrían ocasionarles problemas. Puede decirse que en esta oportunidad los motivos de los demandantes han sido loables y que sería muy bueno que tanto los norteamericanos como los demás se subordinaran a la legislación antirracista francesa, pero no existe garantía alguna de que sean comparables los próximos fallos destinados a censurar el contenido de la Internet.
Entre otras cosas, algunas malas pero las más muy positivas, la "globalización" ha permitido que centenares de millones de personas puedan conseguir información que los gobernantes locales quisieran negarles. Ha sido en buena medida gracias al desarrollo explosivo de comunicaciones que no respetan frontera alguna que se han desplomado las dictaduras comunistas de Europa oriental y otras partes del ex imperio soviético y que la democracia ha continuado avanzando en zonas antes dominadas por regímenes autoritarios. Sin embargo, el que no sea muy grande la posibilidad de erigir barreras electrónicas que reemplacen a las tradicionales, entraña la desventaja de que los contrarios a la libertad de información han entendido que la mejor manera -acaso la única- de lograr sus propósitos consistirá en atacar a los distribuidores en sus países de origen. He aquí la razón por la cual ha ocasionado tanta alarma el fallo de un tribunal francés que hace poco ordenó a la empresa Yahoo! bloquear el acceso de los galos a un sitio californiano que se especializa en comercializar objetos de la Alemania nazi, actividad que sería ilegal en Francia por tratarse de una forma de incitar al racismo.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios