Cesare Pavese La vida se vuelve escritura

Luchó toda su vida contra la tentación del suicidio. Al final sucumbió en un modesto hotel turinés el 27 de agosto de 1950, a los 42 años. Una personalidad torturada, de una lucidez implacable; escribió una obra singular que influyó en escritores de diversas lenguas. Poco a poco su obra entró en un cono de sombras. Su figura cobró nuevamente notoriedad en el 2000, con motivo de los 50 años de su muerte. Los actos de homenaje se sucedieron tanto en América como en Europa, acompañados por la reedición de parte de su obra. En un papel, antes de morir, pidió: "Por favor, no chismorreen demasiado". Estas notas son un homenaje y una modesta desobediencia a ese pedido.



En una de las sendas de cemento de un parque de mi pueblo encontré, con aerosol azul, escrito: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.” ¡Pavese!, me dije y pensé que la literatura es algo misterioso, porque si no ¿cómo explicar qué puente, qué hilo une estos dos mundos: el del graffitero de mi pueblo y el Césare Pavese? ¿Qué diría Pavese de esto, que en el remoto sur del sur, unos versos suyos sirven de camino para la gente del lugar?

No sé lo que diría, seguramente lo sorprendería, le daría una y mil vueltas en su diario, o no. No sé qué diría un tipo curiosamente vivo en el chico de mi pueblo y en tantos lectores; no sé, porque se mató hace 51 años, en el hotel Roma, no muy lejos de su casa en Turín y esto anula toda proyección de mi juego imaginativo.

Un juego que comenzó en San Stéfano Belbo, el 9 de setiembre de 1908, un pueblecito de la campiña piamontesa. Esa infancia en el campo, las colinas, las vides, los bosques y los hombres y mujeres estarán presentes siempre en Pavese: “La infancia no es solamente la infancia vivida, sino la idea que nos hacemos de ella en la juventud, en la madurez, etc.” (10/12/38).Y allí en esas palabras ya está sugerido uno de los temas de su obra, el recuerdo; el otro tema omnipresente es la muerte con sus resistencias y seducciones.

De joven se trasladó a Turín, en donde se graduó en letras. Leyó con gran interés la literatura en lengua inglesa y tradujo a Faulkner, Joyce, Dos Passos, Stein, entre otros. Con Elio Vittorini dan a conocer a los italianos, la literatura estadounidense. En la frecuentación de esa literatura encuentran los mismos dramas, sólo que expresados en forma diferente: “Descubrimos Italia buscando a los hombres y las palabras en América, en Rusia, en Francia, en España”. Las bases del neorrealismo italiano hay que situarla en esa labor de redescubrir Italia que llevan adelante

Pavese y Vittorini. En el estudio del estilo de los narradores estadounidenses, sobre todo, Pavese encontrará la clave del uso del lenguaje común, popular. Además logrará una cadencia, un ritmo de la frase que es novedosa para la prosa italiana del momento. Se gana la vida con estas traducciones y enseña en colegios secundarios, poco después ingresa a la editorial Einaudi, de la que llegará a ser su editor.

En 1935 es arrestado por antifascista y estuvo exiliado en Brancaleone Calabro, de donde vuelve un año después. En esta época la política le importaba muy poco y nada, pero son las cartas y la propaganda antifascista que él guarda en su casa por pedido de “la mujer de voz ronca ” de la que Pavese estaba enamorado, las que lo conducen a prisión.

Al volver de su confinamiento se entera de que esa mujer se ha casado. Este fracaso amoroso sella para siempre su consideración del amor, de sí mismo y de las mujeres. De ellas no hablará muy bien en su diario; sin embargo los personajes más fuertes e inolvidables de sus narraciones son, curiosamente, mujeres: Ginia (El bello verano), Rosetta y Clelia (Tres mujeres solas) y la trágica Gisella (Países tuyos) por nombrar sólo algunas. No hay misógino que no sea obsesivo con aquello que supuestamente odia. Son las mujeres las últimas voces que Pavese oye, son esas voces que se niegan a su presencia las que dan la sentencia final, el telefonista del albergue Roma recordará la última conversación (los telefonistas son siempre espías frustrados), en la que la chica del café concert rechaza la invitación de Césare con la sentencia “no voy, porque sos un mussone” , un plomo, un pesado dirían los chicos hoy.


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