Cicuta

Por Carta de lector

Al final, después del avasallador viento y de una dominante tormenta, el General regresó con el triunfo en su espalda. Su aclamada presencia fue motivo suficiente para festejar. Estaban todos, hasta personas de otros pueblos que jamás lo habían visto. En ese clima festivo valía todo. Todos se emborrachaban y comían como animales.

En medio de la cena Saturnal cruzó entre todos. Esbelta espalda, apenas una grisácea barba y profundos ojos marrones que hipnotizaban a más de una mujer. Se acercó a Tressa, la prometida del General, para decirle con suave tono que la amaba con toda su alma y que deseaba pasar el resto de su vida al lado de ella. Le prometió felicidad eterna y le pidió por favor que no lo tomara como a un loco.

Animarse a hablarle así a Tressa era realmente una locura.

Tressa vestía un largo quitón totalmente decorado para la ocasión y tras la luz de las velas que embellecían el banquete, todos los hombres divisaban su hermosa sonrisa y su rostro hipnotizado.

El asombro recorrió su espalda y sus ojos brillaron como las estrellas de diciembre. Jamás le habían hablado así. Con la respiración entrecortada se alejó un poco para tomar aire.

Era su tesoro. Su tesoro más preciado. Sería capaz de matar por poseerla. Y ahí estaba el punto.

Debido a sus antecedentes teñidos por comportamientos agresivos, en realidad fue en una sola ocasión y en defensa por un abuso de autoridad, su condena a muerte se había postergado hasta después de las Fiestas.

Puso en la balanza el supremo amor hacia ella y su propia vida. Haría cualquier cosa para quedarse con Tressa. Con tal objetivo, su obsesionado pensamiento no midió consecuencias.

Los días de festejos transcurrieron con total libertad. Todos hacían lo que querían. Todo era muy raro. Siete días donde el derroche era la vedette. Los esclavos jugaban con sus amos, se hacían regalos de todo tipo y se reían tirados en el piso.

Rodeado de tanta ebriedad sonrió a sus cómplices y prepararon una gran olla con té de hierbas aromáticas, hierbas alucinógenas, una gran cantidad de cicuta y alcohol. Ofrecieron la infusión al General y de inmediato la toxicidad con fines mortales comenzó sus efectos.

Miraban como lentamente se tullía y festejaban con apuro el deceso. En un breve intervalo correría tras su amor, y si ella aceptara escaparían para siempre.

Tressa, todavía con sus oídos acariciados por la dulce voz y aturdida por el bullicio, se sentó junto al General y desconociendo el contenido alzó su copa. Comenzaron a brindar con el té asesino a más no poder. Enseguida, el tesoro tan preciado también fue quedando sin vida sobre la mesa. A su lado y de rodillas, los ojos marrones pidieron perdón y el esbelto cuerpo bebió el veneno hasta besar la tierra.

Fabricio Fernández

DNI 23.832.218

GENERAL ROCA


Exit mobile version