Cómo detectar vida donde parece que no hay nada en la Antártida
Científicos argentinos participaron en una misión junto a expertos internacionales. Compararon organismos entre la Antártida y la Patagonia austral
Un grupo de científicos logró detectar especies que muchas veces pasan desapercibidas en la Antártida, al utilizar la técnica llamada ADN ambiental. Gracias a este método, se puede comprender la vida oculta en el mar y el hielo, porque permite saber qué seres viven en ese lugar aunque no se los vea directamente.
Durante una expedición internacional que dio la vuelta completa a la costa de la Antártida, participaron más de 50 especialistas de distintos países. Entre ellos viajaron Sebastián Poljak y Lu Chiberry, investigadores del CONICET, quienes se subieron a un rompehielos para investigar cómo es la vida de los animales en el océano y cómo se relacionan con otras zonas cercanas, como el canal Beagle y el área protegida Yaganes, al sur de Argentina.
En ese viaje, que duró 70 días, los científicos tomaron muestras de agua y barro del fondo del mar en 32 lugares diferentes. Juntaron 180 muestras de agua y otras 32 de sedimentos marinos. Usaron herramientas especiales que permiten atrapar el agua a distintas profundidades y recoger el barro sin mezclarlo con lo de la superficie.
“Cada muestra de agua fue filtrada con una bomba para separar el material genético, y después la guardamos congelada a 20 grados bajo cero”, contaron los investigadores.
La clave de la investigación fue el ADN ambiental (ADNa). Esto significa buscar pedacitos de material genético, como células, restos de piel o esporas, que los animales y plantas dejan en el agua, en el suelo o incluso en el aire.
Así, aunque un animal no se vea, se puede saber que estuvo ahí porque dejó su “huella genética”. Gracias a esa técnica se pueden detectar especies que normalmente pasan desapercibidas, como las que son muy raras o difíciles de ver.
Después de tomar las muestras, Chiberry y Melina Pellegrino, viajaron para trabajar en la Universidad de Barcelona. Allí, junto al experto Owen Wangeensten, analizaron todo el material con una máquina especial que puede leer miles de fragmentos de ADN al mismo tiempo.
Con esa tecnología obtuvieron 300 mil secuencias de ADN por cada muestra. Ahora, el equipo está usando computadoras para comparar esos datos y descubrir qué especies aparecieron en cada lugar.
“La vida en el mar guarda infinitos secretos, y conocer algo de ella en lugares tan extremos como la Antártida nos ayuda a valorar la biodiversidad y entender por qué es importante para el planeta y para nosotros mismos”, expresó Poljak.
Chiberry también contó lo que significó esta experiencia: “Los meses de entrenamiento junto a Wangeensten enriquecieron nuestra formación académica en el área de la bioinformática y el metabarcoding de ADN ambiental, lo cual ha impulsado a nuestro grupo de trabajo hacia una posición superadora en relación a la investigación científica de la biodiversidad y la conservación del ambiente”, señaló Chiberry, quien es becaria doctoral del CONICET en el CADIC, en Tierra del Fuego.
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