Cómo el agua erosiona la Tierra de dos formas

Lo descubrieron investigadores de Río Negro con colegas de Chile. El agua desgasta rocas de manera visible, pero también las vuelve más frágiles a largo plazo.

Redacción

Por Redacción

Científicos argentinos y chilenos descifraron qué pasa cuando el agua ataca:
el berilio-10 fue la clave para medir la erosión invisible

Científicos argentinos y chilenos descifraron qué pasa cuando el agua ataca: el berilio-10 fue la clave para medir la erosión invisible

La lluvia y los ríos erosionan la Tierra de dos maneras, según reveló una investigación de científicos de Río Negro y Chile: una visible, donde el agua desgasta rocas y suelo de forma directa; y otra que actúa en silencio durante miles de años, al volver los paisajes más empinados y generar aún más erosión.

El estudio fue realizado por Iván Vergara Dal Pont, investigador del Grupo de Estudios Ambientales (GEA) del instituto IPATEC, que depende del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue, quien fue entrevistado por Diario RÍO NEGRO.

También colaboraron en la investigación Fernanda Santibañez, del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD), que depende del CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro, y Germán Aguilar y René Garreaud, de la Universidad de Chile. Los resultados se publicaron en la revista Catena.

Tras décadas de debate científico sobre si más agua siempre significa más erosión o si la vegetación la frena en climas húmedos, este trabajo ofrece respuestas.


El debate


Durante décadas, los científicos debatieron si más agua siempre significa más erosión o si la vegetación, en climas húmedos, la frena. El problema era que los estudios anteriores analizaron regiones acotadas o un solo proceso erosivo, lo que impedía ver el panorama completo.

“Por ejemplo, al medir solo los sedimentos sólidos que arrastran los ríos, esos trabajos subestimaban la erosión química que el agua produce al entrar en contacto con la roca”, explicó Vergara Dal Pont.

El objetivo de la nueva investigación fue identificar qué factores controlan la erosión a escala global, proceso por el cual el agua, el viento y otros agentes remueven roca y sedimento de la superficie terrestre.

Analizaron casi 1.700 cuencas en todo el planeta (menos la Antártida) para
entender qué factores controlan la erosión a escala global

Para lograrlo, los investigadores evaluaron simultáneamente variables de clima, topografía, vegetación, sismicidad y tipo de roca en más de 1.600 cuencas de todo el mundo.

Para estimar las tasas de erosión, utilizaron concentraciones de berilio-10, un isótopo radiactivo que se acumula en los minerales expuestos a rayos cósmicos (a menor erosión, más acumulación). Con datos de 1.690 cuencas distribuidas en todos los continentes excepto la Antártida, construyeron modelos estadísticos que integraron procesos erosivos durante períodos de hasta 100.000 años.

El modelo final explicó el 78% de la variación en las tasas de erosión e incluyó los efectos de la pendiente, sismicidad, tipo de roca, lluvia, humedad y vegetación. De esta manera confirmaron que el agua ejerce «un efecto positivo directo y visible sobre la erosión en todo el rango climático, desde condiciones secas hasta húmedas».

En regiones montañosas, la diferencia entre el clima más seco y el más húmedo puede implicar una variación de hasta 40 veces en la tasa de erosión; en terrenos planos, ese contraste es mínimo. “El hallazgo más novedoso fue el efecto oculto: nuestra investigación señaló que la precipitación a largo plazo lo ejerce al aumentar la pendiente del terreno, lo que a su vez intensifica la erosión”, afirmó el científico.

Este resultado permitirá mejorar los modelos computacionales que simulan cambios en el relieve a través del tiempo y ofrece herramientas para estimar con mayor precisión cómo los continentes exportan sedimentos, nutrientes y carbono hacia los océanos.


La lluvia y los ríos erosionan la Tierra de dos maneras, según reveló una investigación de científicos de Río Negro y Chile: una visible, donde el agua desgasta rocas y suelo de forma directa; y otra que actúa en silencio durante miles de años, al volver los paisajes más empinados y generar aún más erosión.

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