Cinco ideas para conocer a este gran escritor
A lo larga de su carrera más que productiva pueden dibujarse algunos ejes que caracterizan su escritura.
Judaísmo. Judaísmo laico, se entiende, del de encender el candelabro en Janucá, pero no mucho más. Sin embargo, por mucho que sus personajes se sientan tan estadounidenses como los que más, siempre hay algún momento en el que se sientes excluidos (por ejemplo, ‘La conjura contra América’). Después, aparecen las neurosis y las chifladuras de esos judíos. Los retratos de esa vida de clase media irritaron a su comunidad, lo que afectó mucho a Roth que, por cierto, también tiene alguna novela sobre Israel (’Operación Shylock’).
Los años 60. O sea, los treintaytantos de Roth, su época de plenitud vital. Y la década que todos tenemos idealizada como la de la libertad, la alegría, la música pop y el libre amorío. Roth lo ve peor. Para él, los 60 fueron los años en los que se rompieron ‘los semáforos’ sociales y se perdieron las referencias y que terminaron en el gobierno de la locura de los años 70 (y, como reacción, en el conservadurismo de los 80). Todo esto está mucho mejor explicado en ‘Pastoral americana’.
La enfermedad. Es sabido por todos: Philip Roth padece un cáncer de próstata desde hace años. En alguna ocasión se ha rumoreado que estaba en las últimas, insinuaciones que se alimentaban de su carácter evasivo. Y sin embargo, el escritor ha seguido entregando novela tras novela, año a año. En ellas, Roth, neurótico y obsesivo, le ha endilgado su misma enfermedad a Zuckerman, su encarnación en la ficción. A través de él, Roth describe las humillaciones de la enfermedad: las heridas, la incontinencia, la impotencia sexual… ‘Nemesis’ y ‘Sale el espectro’ son dos propuestas para lectores poco aprensivos.
Newark. La ciudad natal de Roth. Allá por los años 30, el lugar era un pequeño Manhattan (se cuenta que los viajeros que iban hasta Nueva York en autobús se apeaban en Newark, confundidos, pensando que ya estaban en la isla). Era la sede de un potente sector financiero y estaba habitada por blancos de clase media. Después, llegó el ‘white flight’ y los disturbios raciales, y Newark se convirtió en un gueto afroamericano, pobre y violento. Muchas de las novelas de Roth son, básicamente, una evocación nostálgica por aquel mundo perdido. Las ya citadas ‘La conjura contra América’ y ‘Pastoral americana’ son los dos ejemplos más obvios.
Las chicas. Le gustan muchísimo. O le han gustado muchísmo y de una manera obsesiva (véase ‘El pecho’). Por sus novelas desfilan descubrimientos, noviazgos, matrimonios, distanciamientos, divorcios, soledades, desesperaciones, despendoles en la edad madura y finalmente, el retiro, relacionado con la enfermedad. ‘El animal herido’ es el ejemplo más claro.
Fuente: El Mundo
Judaísmo. Judaísmo laico, se entiende, del de encender el candelabro en Janucá, pero no mucho más. Sin embargo, por mucho que sus personajes se sientan tan estadounidenses como los que más, siempre hay algún momento en el que se sientes excluidos (por ejemplo, ‘La conjura contra América’). Después, aparecen las neurosis y las chifladuras de esos judíos. Los retratos de esa vida de clase media irritaron a su comunidad, lo que afectó mucho a Roth que, por cierto, también tiene alguna novela sobre Israel (’Operación Shylock’).
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