Cipolletti: dijo que mató “para sacar la bronca”

Ayer empezó el debate por el asesinato de Blanca Rosas.

Redacción

Por Redacción

CIPOLLETTI

CIPOLLETTI (AC).- Franco Cifuentes Caro, el principal acusado en el asesinato de Blanca Rosas, reconoció ayer en el juicio que mató por impotencia, “para sacar la bronca”, para demostrarle a los hijos de la víctima que él también se podía defender.

Blanca Rosas fue asesinada en la mañana del 16 de enero de 2014 en el interior de su departamento. Recibió un disparo con un arma tumbera. Los acusados son Franco y su hermano mayor Julio Cifuentes Caro, que estaba preso aunque tenía salidas transitorias .

Según la acusación fiscal, Franco fue agredido por los hijos de Blanca Rosas y después buscó a su hermano para, “previo acuerdo y distribución de tareas”, cometer el asesinato en un acto de venganza. Los dos detenidos dieron otra versión.

Julio dijo que esa mañana su concubina lo retiró del penal y que después fueron al hospital porque su hijo estaba enfermo. Cuando ya estaban en la casa de su pareja, en las 200 Viviendas, apareció su hermano Franco alterado y se encerró en el baño. Finalmente lo entregó a la Policía.

Franco contó que había decidido cambiar su modo de vida y que por eso se fue del barrio, buscó un trabajo y alquiló junto a su pareja y a su pequeño hijo. Ese día cuidaba la casa de sus padres en las 200 Viviendas y entonces se reencontró con sus “viejos amigos”, que eran los hijos de Blanca Rosas. Bebió muchísimo alcohol y consumió pastillas hasta las 4 de la madrugada. Se levantó a las 7:20 porque tenía que trabajar y en la escalera se encontró con los dos muchachos que le recriminaron que se le había “enfriado el pecho” y que ahora era un “gil antichorro”. Después le pegaron con un revólver calibre 32, con un cuchillo y hasta con el poste de un alambrado. En esas circunstancias intervino Blanca Rosas y le suplicó a sus hijos que dejaran de agredir a Franco porque lo iban a matar. En ese contexto Cifuentes Caro pudo escapar. Una vecina contó que lo encontró tirado “todo ensangrentado, muy golpeado y se desvanecía”. Después apareció su cuñada, la concubina de Julio, y lo llevó al departamento de sus suegros. Tenía que salir a trabajar y lo encerró bajo llave.

Según su relato, Franco se acordó que “tenían una tumbera escondida en la entrada 15”, se tiró por la ventana y la buscó. Llegó a la casa de sus agresores, le pegó una patada a la puerta y escuchó un “estallido impresionante”. No vio absolutamente nada y corrió por temor a quedar preso por portar un arma de fuego.


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