Clarín se desdobla
A juzgar por las consignas coreadas, los militantes kirchneristas creían que, con la ayuda de una ley de Medios avalada por el Congreso y, luego de un intervalo prolongado, la Corte Suprema, les sería dado expropiar el Grupo Clarín, apoderándose enseguida de la redacción del diario y de los canales televisivos para convertirlos en voceros de la única verdad nacional y popular. De ser así, les habrá resultado muy decepcionante las secuelas inmediatas del fallo de la Corte. Aunque nadie ignora que Clarín acaba de sufrir un revés doloroso, no se ha producido la toma tumultuosa con la que soñaban los oficialistas más combativos y, tal y como están las cosas, parece que el impacto en el panorama mediático distará de ser tan decisivo como anticipaban. Para sobrevivir, el Grupo acaba de presentar su propio plan de “adecuación voluntaria” a la ley de Medios. Como ya es habitual en nuestro país, conforme a la propuesta se dividirá en seis partes, en teoría independientes las unas de las otras, si bien sería de prever que actuaran como miembros de la misma familia. También accedería a abandonar a su suerte a las propiedades menos rentables, lo que sería una mala noticia para muchos trabajadores porque extrañaría que encontraran compradores. De todos modos, se trataría de un arreglo parecido al considerado legítimo para las empresas mediáticas cortesanas que han surgido últimamente gracias a la generosidad gubernamental. Sería cuestión de testaferros, amigos y familiares, desde luego, pero, al fin y al cabo, lo que es válido para unos debería serlo para todos. Se estima que, a través del Estado y empresarios oficialistas, el gobierno kirchnerista ya maneja más del 80% del mercado mediático. Con toda seguridad esperaba que, desguazado Clarín, aumentaría todavía más su influencia, dejando en manos de quienes no comulgan con su credo a lo sumo algunos medios marginales. Tal proyecto sería realista si no fuera por el hecho de que el imperio periodístico que han logrado formar depende casi por completo del poder político que ha sabido construir. Sin el aglutinante así supuesto, se desintegraría muy pronto. En cuanto la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya abandonado la Casa Rosada, los medios que dependen del gobierno formarán parte de la herencia que reciba su sucesor que, siempre y cuando el electorado no nos depare una sorpresa mayúscula, será un dirigente opositor. Huelga decir que el cambio de línea editorial previsto no ayudará a dichos medios a merecer la confianza del público. A menos que el próximo gobierno resulte estar tan resuelto como el actual a contar con el apoyo incondicional de un sector mediático significante, algunos diarios kirchneristas caerán en bancarrota. En cuanto a Clarín, podría continuar funcionando como un grupo disperso. Para impedirlo, el gobierno de Cristina tendría que violar de forma flagrante las reglas fijadas por la Corte Suprema para hacer más respetable un fallo a favor de las pretensiones oficiales. Asimismo, a menos que se haya propuesto procurar determinar el contenido editorial de los distintos medios con el propósito de forzarlos a diferenciarse, lo que supondría un intento de emular a José López Rega cuando, en los años setenta del siglo pasado, aspiraba a obligar a todos los diarios del país a obedecer su órdenes, no le cabría más alternativa que la de permitirles compartir los mismos puntos de vista. Hace poco más de un año, no hubiera vacilado en pisotear las pautas esbozadas por la Corte, pero a partir de entonces las circunstancias políticas han cambiado. Será por este motivo que el titular de Afsca, Martín Sabbatella, ha adoptado últimamente una postura menos agresiva, más conciliatoria, hacia el multimedios odiado. Si bien no hay duda de que la ley de Medios fue armada casi exclusivamente para castigar a Clarín por haber roto prematuramente la “alianza estratégica” con Néstor Kirchner, el gobierno trató de hacer creer que lo que buscaba era “democratizar” el periodismo. Por cálculo o por ingenuidad, los ministros de la Corte Suprema que convalidaron la ley optaron por creerlo pero, como dejaron saber en el fallo que emitieron, quieren que la legislación sea aplicada de manera no discriminatoria, planteando así la posibilidad de que, andando el tiempo, miembros del gobierno, comenzando con Sabbatella, se vean sentados en el banquillo de los acusados.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 5 de noviembre de 2013
A juzgar por las consignas coreadas, los militantes kirchneristas creían que, con la ayuda de una ley de Medios avalada por el Congreso y, luego de un intervalo prolongado, la Corte Suprema, les sería dado expropiar el Grupo Clarín, apoderándose enseguida de la redacción del diario y de los canales televisivos para convertirlos en voceros de la única verdad nacional y popular. De ser así, les habrá resultado muy decepcionante las secuelas inmediatas del fallo de la Corte. Aunque nadie ignora que Clarín acaba de sufrir un revés doloroso, no se ha producido la toma tumultuosa con la que soñaban los oficialistas más combativos y, tal y como están las cosas, parece que el impacto en el panorama mediático distará de ser tan decisivo como anticipaban. Para sobrevivir, el Grupo acaba de presentar su propio plan de “adecuación voluntaria” a la ley de Medios. Como ya es habitual en nuestro país, conforme a la propuesta se dividirá en seis partes, en teoría independientes las unas de las otras, si bien sería de prever que actuaran como miembros de la misma familia. También accedería a abandonar a su suerte a las propiedades menos rentables, lo que sería una mala noticia para muchos trabajadores porque extrañaría que encontraran compradores. De todos modos, se trataría de un arreglo parecido al considerado legítimo para las empresas mediáticas cortesanas que han surgido últimamente gracias a la generosidad gubernamental. Sería cuestión de testaferros, amigos y familiares, desde luego, pero, al fin y al cabo, lo que es válido para unos debería serlo para todos. Se estima que, a través del Estado y empresarios oficialistas, el gobierno kirchnerista ya maneja más del 80% del mercado mediático. Con toda seguridad esperaba que, desguazado Clarín, aumentaría todavía más su influencia, dejando en manos de quienes no comulgan con su credo a lo sumo algunos medios marginales. Tal proyecto sería realista si no fuera por el hecho de que el imperio periodístico que han logrado formar depende casi por completo del poder político que ha sabido construir. Sin el aglutinante así supuesto, se desintegraría muy pronto. En cuanto la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya abandonado la Casa Rosada, los medios que dependen del gobierno formarán parte de la herencia que reciba su sucesor que, siempre y cuando el electorado no nos depare una sorpresa mayúscula, será un dirigente opositor. Huelga decir que el cambio de línea editorial previsto no ayudará a dichos medios a merecer la confianza del público. A menos que el próximo gobierno resulte estar tan resuelto como el actual a contar con el apoyo incondicional de un sector mediático significante, algunos diarios kirchneristas caerán en bancarrota. En cuanto a Clarín, podría continuar funcionando como un grupo disperso. Para impedirlo, el gobierno de Cristina tendría que violar de forma flagrante las reglas fijadas por la Corte Suprema para hacer más respetable un fallo a favor de las pretensiones oficiales. Asimismo, a menos que se haya propuesto procurar determinar el contenido editorial de los distintos medios con el propósito de forzarlos a diferenciarse, lo que supondría un intento de emular a José López Rega cuando, en los años setenta del siglo pasado, aspiraba a obligar a todos los diarios del país a obedecer su órdenes, no le cabría más alternativa que la de permitirles compartir los mismos puntos de vista. Hace poco más de un año, no hubiera vacilado en pisotear las pautas esbozadas por la Corte, pero a partir de entonces las circunstancias políticas han cambiado. Será por este motivo que el titular de Afsca, Martín Sabbatella, ha adoptado últimamente una postura menos agresiva, más conciliatoria, hacia el multimedios odiado. Si bien no hay duda de que la ley de Medios fue armada casi exclusivamente para castigar a Clarín por haber roto prematuramente la “alianza estratégica” con Néstor Kirchner, el gobierno trató de hacer creer que lo que buscaba era “democratizar” el periodismo. Por cálculo o por ingenuidad, los ministros de la Corte Suprema que convalidaron la ley optaron por creerlo pero, como dejaron saber en el fallo que emitieron, quieren que la legislación sea aplicada de manera no discriminatoria, planteando así la posibilidad de que, andando el tiempo, miembros del gobierno, comenzando con Sabbatella, se vean sentados en el banquillo de los acusados.
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