Claro mensaje a Rusia
El ataque con sustancias químicas prohibidas internacionalmente, en este caso con Novichok, que solamente se fabrica en Rusia, en Shikhani, en el sudeste de Rusia y en Nukus, en Uzbekistán, perpetrado por personal ruso contra un ex agente secreto, Sergei Skripal, y su hija Yulia, en la ciudad de Salisbury, en el sur de Inglaterra, ha generado el repudio inmediato de buena parte de la comunidad internacional. Las víctimas, cabe señalar, no se repondrán jamás de lo que les sucedió.
Veintisiete países han anunciado –coordinadamente– expulsiones de personal diplomático ruso. Como señal, clarísima. Al menos 151 diplomáticos de distintas misiones diplomáticas rusas dispersas a lo largo y ancho del mundo acaban de ser inesperadamente enviados de regreso a Rusia por los países en los que estaban residiendo, cumpliendo sus respectivas misiones.
Hablamos de la más grande expulsión simultánea y coordinada de personal diplomático ruso desde el fin de la Guerra Fría. Ocurre que buena parte del personal diplomático ruso (con frecuencia llamativamente numeroso) está conformado por agentes de inteligencia. Por espías, entonces. Hasta la propia OTAN expulsó de su seno a siete agentes rusos.
El mensaje y su profundo simbolismo son meridianamente claros: hay conductas que el mundo civilizado no puede aceptar, ni consentir en modo alguno. El alevoso asesinato de Sergei Skripal es ciertamente una de ellas. Y Rusia ha sido responsable de lo sucedido.
*Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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