Clima
en clave de y
MARíA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
Hasta hace un tiempo –poco– cuando sintonizaba un noticiero porteño invariablemente me encontraba con un amplísimo intercambio de informaciones, vivencias, chistes malos e imágenes actuales y de archivo referidos al clima. Al igual que el tránsito, era una obsesión de esas urbes de vida pesadillesca. Hasta hace poco. Ahora, aquí, en nuestra Norpatagonia, el clima se ha enseñoreado no sólo de los noticieros sino de nuestras charlas habituales. Y el tránsito también. ¿Esto es el progreso? Lo que progresa, en el sentido de progresión, es el cambio climático, y quizás explique en parte que la humedad en estos lares –que era, según la geografía, “semidesértico”–, llegue al 100% y llueva como en las películas de suspenso y por las canillas de mi casa aún salga un líquido barroso rojizo, bastante asqueroso de vista y de gusto. En este escenario cambiante no pude dejar de reírme –dicho sea con todo respeto– de una carta de lectores tipo solicitada de la Cámara Argentina de Lavaderos Automáticos y Manuales. Esta gente eligió el diario “Clarín” para denostar al Servicio Meteorológico Nacional a causa de “errores que afectan seriamente nuestro negocio”. Enumeran lluvias anunciadas que no llegaron nunca, granizo que no cayó, etcétera. Y sintonizando conmigo acerca de lo que le comentaba del Sr. Clima como dueño y señor de la noticia, agrega la Cámara: “lo que dicen los noticieros es considerado palabra santa, y a veces hay programas enteros que giran alrededor del clima”. Y aquí viene la clave de todo: “si ellos dicen que va a llover, nosotros no trabajamos”. Quizás usted se pregunte qué me causa gracia. Se lo diré: me causa gracia pedirle a cualquier pronóstico del tiempo que sea exacto. El clima es caótico y es un verdadero milagro que le acierten en dos o tres días. Esto lo supe cuando leí un libro que recomiendo no por primera vez, y es “Parque Jurásico”. Su autor, Michael Crichton, inventó un personaje, que es el matemático Ian Malcom, el cual desarrolla, en el curso de la novela, la teoría del caos, verdadera protagonista de la novela. Los dinosaurios operan de demostración práctica. Lo interesante para nuestro tema del clima y la lucha de pronósticos e intereses económicos, es respecto justamente, del clima. “Hay una clase de comportamiento que la física maneja mal, por ejemplo todo lo que tenga que ver con la turbulencia: el agua que sale de un surtidor, el clima, la sangre que fluye a través del corazón. Son difíciles de resolver. La teoría que los describe se denomina teoría del caos.” Y cuenta Ian que “la teoría del caos surgió de los intentos por hacer modelos meteorológicos computarizados, en la década de 1.960. El clima es un sistema grande y complicado… siempre desafía el entendimiento.” Y lo explica de forma apasionante y entendible en unas tres páginas que por cierto, no puedo reproducir ahora. De modo que las computadoras nacieron para entender y predecir el clima y se desarrollaron en numerosas, casi imprescindibles, aplicaciones. El clima, en tanto, también siguió sus múltiples caminos, alentado, motivado vorazmente, por la desertificación, el derretimiento de los hielos polares, el efecto invernadero… Así que, amigos y amigas de la Cámara de Lavaderos Automotores y Manuales, se han equivocado de adversario. El real, el Señor Clima… es demasiado caótico. Ni vale la pena que intenten quejarse. Por parte de mi auto, que agradezca si una vez al mes lo llevo a darse un baño. Pero soy mujer. Dicen que para los hombres el auto es objeto de deseo, fantasía de poder, que lavarlo y lustrarlo es cosa compulsiva… buen tema para más adelante. A propósito, ¿cómo viene el tiempo hoy?
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