Cobijado por un perro, sobrevivió gravemente herido en el monte
Salió a cazar y se perdió en un campo cerca de La Adela
Gentileza “Clarín”
Héctor Frete pasó la noche quebrado, acompañado por el perro de caza que había sido atacado por los jabalíes.
LA ADELA (ARC).- Lo que había comenzado como una jornada para juntar leña y eventualmente cazar en un campo cercano a la localidad pampeana de La Adela se transformó en una odisea que terminó teniendo como héroe a un perro llamado Blanquito. La historia comenzó el 24 de mayo, cuando Héctor Frete, de 46 años, oriundo de Ing. White, inició la excursión junto a dos familiares y a poco de recorrer se cruzó con algunos chanchos jabalíes. Sus compañeros no se preocuparon cuando se alejó, ya que el hombre no era de improvisar y conocía bien la zona. Pero al pasar los minutos, los dos jóvenes comenzaron a impacientarse y salieron en su búsqueda. La oscuridad de la noche comenzó a caer y no encontraron rastros de Frete, por lo que dieron aviso a las autoridades policiales. Al día siguiente una veintena de efectivos, familiares y dueños de campos comenzaron a buscarlo temiendo lo peor. Ya sobre el mediodía la odisea de Frete terminó. El hombre había sufrido fracturas expuestas de fémur y rodilla al caerse del árbol al que había trepado en busca del horizonte, rastreando el camino de retorno hacia sus compañeros. Herido y sin poder moverse permaneció a la intemperie y sin víveres, acompañado únicamente por un perro fiel, que lo cuidó y protegió hasta que finalmente se produjo el rescate. Ya en el hospital Penna de Bahía Blanca, donde fue sometido a una compleja operación, el propio Frete brindó detalles de esta singular historia al diario “La Nueva Provincia”. “Como me había perdido en el monte subí a un árbol de unos tres metros para buscar la calle. Ya se había hecho de noche y no tenía nada con que alumbrar…”. Antes de eso, el grupo había sufrido el ataque de los jabalíes. “Alrededor de las tres la tarde se nos cruzaron en el camino. Un chancho nos mató dos de los cuatro perros, así que entré al monte a buscar a los otros”, contó. Mientras Frete llamaba a gritos a los canes se internaba cada vez más en el monte, hasta que se desorientó. Cerca de las 18:30 encontró a uno de los perros y al escuchar lo que le pareció el motor de una camioneta, decidió subir al árbol para encontrar la calle y llegar a destino. “Así como subí, caí, porque justo había llovido y el árbol estaba resbaladizo. Ahí me quedé toda la noche; sabía que me había quebrado, porque sentía calor (en la pierna derecha), como que me corría la sangre. Ni siquiera me podía arrastrar”, recordó. “Me quedé toda la noche con el perro en ese lugar”. Blanquito “me cobijó y me dio bastante calor aunque había sido muy lastimado por el chancho. Como a las nueve y media de la mañana del otro día el perro levantó la cabeza dos veces… había escuchado un grito o un silbido de las personas que me estaban buscando”, añadió. El can se alejó y no regresaba. Debilitado y deshidratado, Frete a esa altura ya no podía ni gritar. Pero resistió un poco más y el grupo de rescate apareció ante sus ojos, guiado por Blanquito.
Gentileza “Clarín”
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