Cobos, otro discurso
Plano, singularmente plano. No en términos de ausencia de ideas. Argumentaciones. Sino en clave a sostenerse en un convencimiento de que la política es siempre la voluntad de “hacer las cosas bien”. Y que lograr esto sólo requiere sentido común. Ésta es la característica, el determinante en que Julio Cleto Cobos hace pivotear su discurso político. Es un discurso impregnado en mucho por su formación, como él mismo lo ha reconocido. Ingeniero civil. Partes y armonización de las partes. ¿Qué dice, entonces, el discurso de Julio Cleto Cobos? Veamos. • Que no es un político de atrevimientos intelectuales creativos. No tiene un déficit de definiciones ni de ideas. Pero a quien rastrilla su pensamiento se le genera el convencimiento de cierta visión parroquial del manejo de las cuestiones públicas. Es complejo –por caso– encontrar en él conceptos, reflexiones, sobre la mudanza a que está sometida la política en materia de exigencia por parte de la sociedad. • En su discurso prima, sí, un tema al que Julio Cleto Cobos ha dedicado mucho de su vida: educación. Habla –además– desde una mirada que atesora como uno de los vectores, si no el único, que lo llevaron a la política: la educación como factor de integración social. Y trabaja el tema desde su experiencia como profesor en la Universidad Tecnológica Nacional de Mendoza. Su libro “Educación, el único camino” no es un estallido deslumbrante de ideas sobre el tema, pero expresa un pensamiento organizado sobre la proyección del débito que la Argentina sigue estibando en materia de funcionamiento del sistema educativo. • El discurso de Julio Cleto Cobos esquiva cultivar caldo para la polémica agria que caracteriza a la política argentina. Gambetea. No participa de eso que Winston Churchill llamó la necesidad de “molestar con argumentos para crecer con argumentos”. Tampoco puede decirse de su discurso que es complaciente con todo aquello que no comparte. Pero prima en su desarrollo siempre la política como la procura de consenso permanente. Un trámite casi mecánico donde las legítimas diferencias ideológicas no tienen un lugar de relevancia. Pero la política, claro, también suele ser ideología.
Plano, singularmente plano. No en términos de ausencia de ideas. Argumentaciones. Sino en clave a sostenerse en un convencimiento de que la política es siempre la voluntad de “hacer las cosas bien”. Y que lograr esto sólo requiere sentido común. Ésta es la característica, el determinante en que Julio Cleto Cobos hace pivotear su discurso político. Es un discurso impregnado en mucho por su formación, como él mismo lo ha reconocido. Ingeniero civil. Partes y armonización de las partes. ¿Qué dice, entonces, el discurso de Julio Cleto Cobos? Veamos. • Que no es un político de atrevimientos intelectuales creativos. No tiene un déficit de definiciones ni de ideas. Pero a quien rastrilla su pensamiento se le genera el convencimiento de cierta visión parroquial del manejo de las cuestiones públicas. Es complejo –por caso– encontrar en él conceptos, reflexiones, sobre la mudanza a que está sometida la política en materia de exigencia por parte de la sociedad. • En su discurso prima, sí, un tema al que Julio Cleto Cobos ha dedicado mucho de su vida: educación. Habla –además– desde una mirada que atesora como uno de los vectores, si no el único, que lo llevaron a la política: la educación como factor de integración social. Y trabaja el tema desde su experiencia como profesor en la Universidad Tecnológica Nacional de Mendoza. Su libro “Educación, el único camino” no es un estallido deslumbrante de ideas sobre el tema, pero expresa un pensamiento organizado sobre la proyección del débito que la Argentina sigue estibando en materia de funcionamiento del sistema educativo. • El discurso de Julio Cleto Cobos esquiva cultivar caldo para la polémica agria que caracteriza a la política argentina. Gambetea. No participa de eso que Winston Churchill llamó la necesidad de “molestar con argumentos para crecer con argumentos”. Tampoco puede decirse de su discurso que es complaciente con todo aquello que no comparte. Pero prima en su desarrollo siempre la política como la procura de consenso permanente. Un trámite casi mecánico donde las legítimas diferencias ideológicas no tienen un lugar de relevancia. Pero la política, claro, también suele ser ideología.
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