Comienza el juicio por el crimen de las jóvenes
Hoy comenzará a ser juzgado el empleado de una empresa de seguridad, Eduardo Eliçabe. Está acusado, incluso él mismo lo reconoció, de haber asesinado y violado a dos jóvenes cerca de Bahía Blanca. Pedirán reclusión perpetua.
BAHIA BLANCA (Infosic).- El juicio oral por el crimen de las dos mochileras que en 1998 aparecieron asesinadas a la vera de una ruta del sur bonaerense comenzará hoy en Bahía Blanca, donde la querella y la fiscalía solicitarán la reclusión perpetua para el único imputado, Eduardo Eliçabe.
La Sala Uno del Tribunal de Garantías en lo Penal juzgará a Eliçabe, acusado de asesinar a las mochileras María Dolores Sánchez e Irina Laura Montoya el 18 de febrero de 1998.
En mayo del año pasado, la fiscal Olga Herro pidió que Eliçabe sea condenado a «prisión perpetua y reclusión por tiempo indeterminado» por considerarlo autor de los delitos de «violación, doble homicidio calificado y portación de munición de armas de guerra».
El abogado que representa a la familia Montoya, Alejandro Vecchi, y el patrocinante de la familia Sánchez, Edgardo Rodríguez, también anticiparon que solicitarán la reclusión perpetua más la accesoria por tiempo indeterminado para el único imputado. Sánchez, de 19 años, y Montoya, de 25, fueron asesinadas cuando se dirigían desde la localidad santafesina de Caseros, donde vivían, hasta Comodoro Rivadavia, en Chubut, de donde era oriunda la más joven.
Las jóvenes fueron halladas al costado de la ruta nacional 33, a unos 40 kilómetros al norte de Bahía Blanca con signos de violencia. Sánchez ya había fallecido, mientras que Montoya murió dos días después.
Eliçabe, custodio de la empresa de seguridad SOR, las había trasladado en su automóvil en la madrugada del 18 de febrero y fue detenido por la policía cuatro días después.
En su domicilio se secuestró una cámara de fotos perteneciente a una de las víctimas, y una pistola calibre 6.35, cuya pericia determinó que fue la utilizada en el doble crimen.
Las abogadas de Eliçabe, Claudia Fortunati y Graciela Cortázar, intentarán mejorar la situación de su defendido y argumentarán que debajo de las uñas de Sánchez se encontró sangre que no pertenecía al imputado.
Sin embargo, la tarea de las letradas será complicada, ya que el propio Eliçabe, después de tratar de adjudicar el crimen a una supuesta red de narcotraficantes, terminó confesando que él era el asesino y que también había violado a una de las chicas.
Las jóvenes habían sido trasladadas por un camionero desde el partido de General Villegas, en el norte bonaerense, hasta una estación de servicio de la localidad de Guaminí, en el centro oeste de la provincia, donde se encontraron con Eliçabe, quien se ofreció a llevarlas hasta Bahía Blanca en su Fiat Duna.
Los testimonios que sirvieron para detener al imputado fueron dados por Mario Lemos, un mozo de la estación de servicio de Guaminí, y el camionero Ricardo Acuña, quien conducía el camión que debía custodiar Eliçabe.
El viaje transcurrió normalmente hasta las inmediaciones de Bahía Blanca, donde el camión siguió su camino y el auto, señas de luces mediante, se desvió por un camino de la zona. Tiempo después del doble crimen, Acuña denunció haber recibido varias amenazas telefónicas y a fines de 1998 apareció ahorcado en un campo pampeano.
Un testigo clave que apareció ahorcado
El testimonio de Carlos Acuña fue fundamental para la investigación del crimen de las mochileras. Sin embargo, a mediados de diciembre del «98, Acuña fue encontrado ahorcado de un caldén en las afueras de Santa Rosa.
Acuña había denunciado amenazas. Por aquellos días, se investigaba la presencia de un auto que podría haber tenido alguna vinculación, aunque posteriormente, la autopsia y el juez Carlos Flores confirmaron que el camionero se había suicidado. «No hay dudas: Acuña murió por asfixia y comprensión», le dijo el magistrado a «Río Negro».
La teoría de los investigadores indicaba que la muerte del testigo clave no había tenido nada que ver con el crimen de las dos mochileras, y todo apuntaba a la afición al juegos de la víctima.
Según esa teoría, a las 17 del viernes 3 de noviembre del «98, Acuña salió de su departamento del barrio Atuel de Santa Rosa. A las 18 ingresó al casino. De allí se retiró cerca de las 21. «Perdí definitivamente todo», le dijo a un matrimonio amigo. Caminó por la ruta 35 y a unos 3.000 metros del denominado puesto «Horno de Calo», se colgó de un caldén. Sin embargo, la familia de Acuña cree que la muerte del camionero tiene que ver con su declaración, por lo que se abrió una investigación. (AR).
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