Como cualquier hija de vecina

Caro Chinaski, experiodista y exbaterista punk, publicó su libro de historietas.

Caro Chinaski, ex chica punk que tocaba la batería desnuda y hoy es una de las historietistas más interesantes de la escena local, acaba de publicar “Hija de vecina 1”, la recopilación de 350 tiras de humor gráfico que se publican en un matutino nacional, donde su adorable antiheroína, soltera en sus treinta y pico, no le escapa a los temas universales. El amor, los miedos, la felicidad, los amigos, el consumo, el paso del tiempo, los mundiales de fútbol y las redes sociales son algunos de los ítems con los que se despacha Chinaski, a través de su personaje, “la más especial de las chicas comunes”, que vive sus días rodeada de dos gatos con fuerte y disímil personalidad, una vieja quejosa y una jovencita rubia con caprichos. “Hija de vecina 1” (Atlántida) incluye un tercio de las mil tiras que publicó durante dos años y llega a las librerías, luego del largo recorrido por las viñetas locales que incluye los títulos “¡Indecentemente cursi!” (2007), “Montatormentas” (2008) y “Océano y Charquito” (2010), en dupla con Clara Lagos. Chinaski se recibió de periodista y su deseo era escribir aún cuando un profesor le vaticinó que lo de ella era el humor gráfico: “Estudié periodismo porque quería salvar el mundo, en ese momento odié a ese tipo y ahora, mirá, tenía razón”, cuenta. Un tiempo después, el dibujo la tomó por asalto y se enamoró de la historieta, pero antes de ser parte de una generación de dibujantes que hizo florecer nuevamente al género, Chinaski alternó sus intereses. Ella, una chica punk de principios del 2000, también tocaba la batería y hacía su propia ropa. “Era una chica rebelde, siempre de negro, toqué la batería en una banda punk, tocaba en pelotas, sí, tuve una adolescencia agitada”, cuenta esta dama del cómic nacional, hoy madre de Helena de dos años y esperando a Sofía para abril. Fanática de la literatura, por esos años de rebeldía leía a Charles Bukowski y Chinaski –el personaje álter ego del escritor– resultó el nombre elegido para su local de ropa. La identificación fue tan fuerte que pasó a ser “Caro, la de Chinaski”, apodo artístico que hoy no sólo figura en las portadas de libros, sino que toda su familia la tiene agendada así. Ni la ropa, ni el periodismo ni el nudismo musical la convencieron del todo. Lo mejor estaba por venir. “Hicimos ocho números de “Océano y charquito”, después dibujé cinco fanzines hasta que descubrí Internet, en realidad, creo que todos lo hicimos”. “Empecé a subir ilustraciones y textos todos los días. Quería ver si podía. Y pude. Estuve mucho tiempo haciéndolo y me enamoré del feedback de la red. Ahí pegué laburos y empecé a publicar”. “Hija de vecina” se convirtió en su oficio. “La tira es muy lo mío”, subraya sobre este espacio en el que explora desde el humor temas como las estaciones del año, el despertar, el mundial, las contradicciones diarias, el amor, la soledad y el insomnio. “Ya ni pienso en lo que hago, decir en qué me baso es un pelotudez. Hasta que no la termino, no puedo decir de qué es, pero la mayor influencia es mi vida y el entorno”, aclara. Su protagonista es una no-Caro Chinaski. “En mi blog hacía una tira en la que yo era el personaje y contaba lo que hacía, en Historietas reales seguí con ese personaje, haciéndome cargo que era yo y metiendo un poco de fantasía dentro de mi realidad”. Pero, según dice, cuando empezó esta tira, “necesité separarme, no sé por qué. Justo me dejé crecer el flequillo, ella siguió con el flequillo y eso me ayudó, ella siguió un camino y yo otro. Es mi yo paralelo”. Sin embargo, aclara que “su vida es más chata que la mía”. Hay otros personajes que rodean a esta mujercita, incluso su hija Helena aparece con unos cuantos años más, pero la mayoría son versiones de ella misma. “La vieja es mi yo maldito y los gatos, Cariño y Gata, ahora que lo pienso son como mi marido y yo”, dice. Durante años Chinaski era invitada a charlas como “la mujer y la historieta” y si bien creció en un universo tradicionalmente masculino, ella asume haber “tenido mucha cintura”. Hoy, ya cansada del enconsertamiento, dice: “Me tomo todo con naturalidad, no puedo dejar de ser mujer y de tocar determinados temas. No todo es desde la óptica exclusivamente femenina”. Muchos hombres comentan su Hija de vecina, porque para Chinaski “las cosas que le pasan a ella le pasan a cualquier persona sin importar el sexo. Me era más fácil conservar esa ambigüedad no tan femenina para hablar de realidades de todos”. Las distintas versiones de Chinaski hablan de un núcleo autorreferencial en sus trabajos. “El arte siempre es auto referencial, el que puede despegarse de su propia voz para tener otra es un genio. Creo que siempre hay referencias de uno, algunos se hacen cargo y otros no. A mí la parodia de uno mismo me encanta”. El vuelco personal de la artista llegó con la maternidad. “Tuve que bajar unos cambios con el embarazo porque me tengo que ocupar de otra persona. Cuando sos muy rebelde e inquieto tiene que ver con que estás muy en contacto con vos. Cuando mirás mucho a otra persona, eso se relaja, si no no podría ocuparme de mi hija. Incluso, dibujé todo el primer año de la tira dándole la teta”. Sin embargo, este hecho ni siquiera se asoma en la tira: “Si le hablo a alguien 15 minutos de mi hija, le va a resultar interesante, pero si lo hago durante tres horas me va a decir basta. Hay un punto que el lugar de madre no es muy universal”, concluye. (Télam)

Una de las historietas que la artista publica ahora en su nuevo libro

Leticia Pogoriles


Caro Chinaski, ex chica punk que tocaba la batería desnuda y hoy es una de las historietistas más interesantes de la escena local, acaba de publicar “Hija de vecina 1”, la recopilación de 350 tiras de humor gráfico que se publican en un matutino nacional, donde su adorable antiheroína, soltera en sus treinta y pico, no le escapa a los temas universales. El amor, los miedos, la felicidad, los amigos, el consumo, el paso del tiempo, los mundiales de fútbol y las redes sociales son algunos de los ítems con los que se despacha Chinaski, a través de su personaje, “la más especial de las chicas comunes”, que vive sus días rodeada de dos gatos con fuerte y disímil personalidad, una vieja quejosa y una jovencita rubia con caprichos. “Hija de vecina 1” (Atlántida) incluye un tercio de las mil tiras que publicó durante dos años y llega a las librerías, luego del largo recorrido por las viñetas locales que incluye los títulos “¡Indecentemente cursi!” (2007), “Montatormentas” (2008) y “Océano y Charquito” (2010), en dupla con Clara Lagos. Chinaski se recibió de periodista y su deseo era escribir aún cuando un profesor le vaticinó que lo de ella era el humor gráfico: “Estudié periodismo porque quería salvar el mundo, en ese momento odié a ese tipo y ahora, mirá, tenía razón”, cuenta. Un tiempo después, el dibujo la tomó por asalto y se enamoró de la historieta, pero antes de ser parte de una generación de dibujantes que hizo florecer nuevamente al género, Chinaski alternó sus intereses. Ella, una chica punk de principios del 2000, también tocaba la batería y hacía su propia ropa. “Era una chica rebelde, siempre de negro, toqué la batería en una banda punk, tocaba en pelotas, sí, tuve una adolescencia agitada”, cuenta esta dama del cómic nacional, hoy madre de Helena de dos años y esperando a Sofía para abril. Fanática de la literatura, por esos años de rebeldía leía a Charles Bukowski y Chinaski –el personaje álter ego del escritor– resultó el nombre elegido para su local de ropa. La identificación fue tan fuerte que pasó a ser “Caro, la de Chinaski”, apodo artístico que hoy no sólo figura en las portadas de libros, sino que toda su familia la tiene agendada así. Ni la ropa, ni el periodismo ni el nudismo musical la convencieron del todo. Lo mejor estaba por venir. “Hicimos ocho números de “Océano y charquito”, después dibujé cinco fanzines hasta que descubrí Internet, en realidad, creo que todos lo hicimos”. “Empecé a subir ilustraciones y textos todos los días. Quería ver si podía. Y pude. Estuve mucho tiempo haciéndolo y me enamoré del feedback de la red. Ahí pegué laburos y empecé a publicar”. “Hija de vecina” se convirtió en su oficio. “La tira es muy lo mío”, subraya sobre este espacio en el que explora desde el humor temas como las estaciones del año, el despertar, el mundial, las contradicciones diarias, el amor, la soledad y el insomnio. “Ya ni pienso en lo que hago, decir en qué me baso es un pelotudez. Hasta que no la termino, no puedo decir de qué es, pero la mayor influencia es mi vida y el entorno”, aclara. Su protagonista es una no-Caro Chinaski. “En mi blog hacía una tira en la que yo era el personaje y contaba lo que hacía, en Historietas reales seguí con ese personaje, haciéndome cargo que era yo y metiendo un poco de fantasía dentro de mi realidad”. Pero, según dice, cuando empezó esta tira, “necesité separarme, no sé por qué. Justo me dejé crecer el flequillo, ella siguió con el flequillo y eso me ayudó, ella siguió un camino y yo otro. Es mi yo paralelo”. Sin embargo, aclara que “su vida es más chata que la mía”. Hay otros personajes que rodean a esta mujercita, incluso su hija Helena aparece con unos cuantos años más, pero la mayoría son versiones de ella misma. “La vieja es mi yo maldito y los gatos, Cariño y Gata, ahora que lo pienso son como mi marido y yo”, dice. Durante años Chinaski era invitada a charlas como “la mujer y la historieta” y si bien creció en un universo tradicionalmente masculino, ella asume haber “tenido mucha cintura”. Hoy, ya cansada del enconsertamiento, dice: “Me tomo todo con naturalidad, no puedo dejar de ser mujer y de tocar determinados temas. No todo es desde la óptica exclusivamente femenina”. Muchos hombres comentan su Hija de vecina, porque para Chinaski “las cosas que le pasan a ella le pasan a cualquier persona sin importar el sexo. Me era más fácil conservar esa ambigüedad no tan femenina para hablar de realidades de todos”. Las distintas versiones de Chinaski hablan de un núcleo autorreferencial en sus trabajos. “El arte siempre es auto referencial, el que puede despegarse de su propia voz para tener otra es un genio. Creo que siempre hay referencias de uno, algunos se hacen cargo y otros no. A mí la parodia de uno mismo me encanta”. El vuelco personal de la artista llegó con la maternidad. “Tuve que bajar unos cambios con el embarazo porque me tengo que ocupar de otra persona. Cuando sos muy rebelde e inquieto tiene que ver con que estás muy en contacto con vos. Cuando mirás mucho a otra persona, eso se relaja, si no no podría ocuparme de mi hija. Incluso, dibujé todo el primer año de la tira dándole la teta”. Sin embargo, este hecho ni siquiera se asoma en la tira: “Si le hablo a alguien 15 minutos de mi hija, le va a resultar interesante, pero si lo hago durante tres horas me va a decir basta. Hay un punto que el lugar de madre no es muy universal”, concluye. (Télam)

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