Con la desclasificación, EE. UU.se lava las manos de Pinochet

Por Tiffany Woods

Cuatro días después de que Estados Unidos desclasificara la última porción de documentos sobre sus actos de apoyo a la dictadura de Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1990, una tira cómica reflejó la actitud de los chilenos.

En la tira del joven Felipe, un niño pregunta: “Papá, ¿tú sabes cómo puede uno comunicarse con la Casa Blanca o la CIA?”. “No tengo idea hijo, ¿por qué?”, respondió el padre. “Es que tengo que hacer un trabajo de la historia de Chile”, replicó el hijo.

La tira cómica es un golpe a Washington, que terminó en noviembre del 2000 con la desclasificación de los documentos tras el arresto de Pinochet en Londres. Estados Unidos lavó y envió a Chile su ropa sucia, que reposa ahora en el archivo nacional en Santiago en un vetusto cuarto cuyo piso de madera cruje.

Aunque algunos soldados chilenos estuvieron lejos de ser santos, los documen-tos de 1968 a 1991 presentan a Chile como un instrumento de la Guerra Fría de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA) para evitar la difusión de ideas izquierdistas.

La desclasificación de los documentos ha permitido a Estados Unidos lavarse las manos de esa vergonzosa época.

De otro lado, hay pruebas embarazosas de cómo la hegemonía de Estados Unidos permitió que se gestara una dictadura de 17 años durante la cual más de 3.000 personas habrían sido asesinadas o desaparecieron.

Estados Unidos no se ha disculpado y sólo ha dicho que ahora el público “puede juzgar por sí mismo” con los documentos.

“No podemos ignorar que estos documentos permiten constatar una clara e inaceptable intervención de los Estados Unidos en nuestros asuntos”, dijo la canciller chilena, Soledad Alvear.

Pero los documentos no son nuevos, según Alejandro Salinas, director del área de Derechos Humanos de la Cancillería, que encabezó un equipo de 15 personas que los revisó en busca de evidencias contra violadores de los derechos humanos.

En general, los documentos reiteraron los hallazgos del reporte Church de 1975, que resume una investigación legislativa estadounidense del entonces senador Frank Church, sobre acciones secretas en Chile de 1963 a 1973.

Pese a que Washington se opuso a la presidencia de Salvador Allende de 1970 a 1973, el primer marxista electo en América Latina, insistió en que no insti-gó el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973, que dejó al gobernante muerto y a Pinochet en el poder.

Pero sí admitió que intentó fomentar un golpe en 1970.

Según el reporte Church, Washington se inmiscuyó en los asuntos chilenos ya a principios de los años ’60, cuando financió a la Democracia Cristiana en su campaña presidencial de 1964 para asegurar el fracaso de Allende. La CIA montó una campaña de miedo con imágenes de escuadrones de la muerte y tanques soviéticos. Pero cuando Allende se postuló otra vez en 1970 y estaba al filo del triunfo, el entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, instruyó a la CIA para jugar un papel directo en la organización de un golpe militar que impidiera la llegada de Allende al poder, dijo el reporte Church.

Según el plan, la acción inicial de la CIA era sacar a Allende mediante presión política, y la otra alternativa sacarlo por la vía militar.

Pero el 12 de setiembre de 1970, un memorando del Departamento de Estado dijo que los militares chilenos, en su “habitual estado de indecisión”, no tenían estómago para un sangriento golpe.

“Esta sociedad militar adolece de cohesión (...), su único instinto es sobrevivir y gozar de sus pocos privilegios -autos, casa, pensiones (...)-; se hubiera acobardado si hubiese tenido que disparar a los civiles”, reveló el memorándum. Aunque Washington apoyó inicialmente a Pinochet, le preocupaban las atrocidades contra los derechos humanos. Algunos contactos de la CIA estuvieron envueltos en abusos, según el informe Hinchey de 1999, un recuento de los datos de la agencia del legislador demócrata Maurice Hinchey, de Nueva York. (Reuters)


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