Con la idea del Tata es otra cosa…

El equipo de Martino adquirió una identidad propia que va más allá de cualquier resultado. Huellas de una Albiceleste con hambre de gloria.

Por Redacción

COPA AmÉRICA

Tardó en cambiar el libreto, pero la mano del Tata comenzó a notarse en los momentos claves. Quizás, por eso mismo, sorprendió el modo en el que Argentina planteó la final de la Copa América pasada ante Chile, de forma muy distinta a lo que venía siendo costumbre.

La Selección, más allá de los gustos o las preferencias de cada uno, tiene una identidad distinta desde la llegada de Martino. En cuanto a la forma de jugar y, también, en cuanto a los nombres.

Hay tres o cuatro características que no se negocian: la salida por abajo, la línea defensiva adelantada (tanto para presionar como para pararse en la cancha), el constante aporte ofensivo de los laterales y la búsqueda de triangulaciones entre los extremos, el centrodelantero y el mediocampista que llegue suelto.

Para esto último, hay una condición que se respeta siempre, juegue quien juegue: Argentina va con tres jugadores al medio, de los que dos se acomodan como volantes sueltos y uno de contención. Según el momento del partido, uno de los dos centrocampistas sueltos aportará mayor equilibrio en la marca, parándose al lado de Mascherano; mientras que el restante quedará para crear juego asociándose con los carrileros.

Nicolás Gaitán y Augusto Fernández son quizás los máximos exponentes del cambio impuesto por Martino. Llegaron como una apuesta personal del DT y cumplieron cada vez que les tocó intervenir, más aún reemplazando a figuras de la talla de Lionel Messi, Ángel Di María o Javier Pastore según la ocasión.

Éver Banega parece un tema aparte en este sector. Con el Tata tomó un protagonismo inédito, y se convirtió en uno de los conductores de una Selección que ha sabido aprovechar su maduración como futbolista.

La renovación de la zaga defensiva fue otra huella del técnico. En la final de Brasil 2014, Argentina formó con Zabaleta, Demichelis, Garay y Rojo. Sólo este último (gran acierto de Sabella, nobleza obliga) se repite en la zona baja en la actualidad.

Mercado, Otamendi, Funes Mori y Rojo se recitan hoy por hoy de corrido, casi como las antiguas formaciones del fútbol argento que los hinchas memoriosos evocan con nostalgia. La apuesta al gran presente de dos pilares del River multicampeón 2014/15 fue más que positiva: Mercado aporta un desdoble en ambas facetas, defensiva y ofensiva; mientras que el Mellizo es uno de los máximos exponentes de la idea de presión alta que maneja el Tata.

Arriba, Martino decidió apostar al presente de Higuaín por encima de Agüero, y el Pipa cumplió: lo hizo tácticamente cuando la pelota no entraba, y pagó con goles cuando más lo necesitaron.

Claro, el Kun aparece como una opción de recambio interesante, al igual que Lavezzi, quien pasó a ser una especie de comodín táctico para el Tata a la hora de adaptar el esquema de tres cuartos en adelante. El Pocho, además, siempre cumplió.

En el arco no hubo muchas variantes: Romero se afirmó, con Nahuel Guzmán como recambio, más que nada pensando en la salida limpia por abajo.

Con este combo de novedades e ideas introducidas por el Tata, más la base del subcampeón mundial de Sabella, Argentina va por la tercera final. Y espera que, en ese caso, sea la vencida.


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