Condenas a penitenciarios

Neuquén

En un fallo “histórico”, ocho penitenciarios fueron condenados a prisión perpetua por la tortura seguida de muerte de uno de los internos, Argentino Pelozo Iturri, en la Unidad de Detención N° 9 de Neuquén.

Estos penitenciarios fueron condenados por las declaraciones que realizaron los demás presos, un grupito aleccionado por la Procuración Penitenciaria sobre lo que tenían que decir. Todos vieron, todos escucharon, incluso algunos que no estaban ni cerca del lugar de los hechos.

Asimismo, un interno que tenía una visita íntima con una mujer declaró que vio cuando traían a Pelozo por el pasillo castigándolo a palos mientras éste gritaba “¡No me maten!”; pero interrogada la mujer que estaba con el referido interno, ésta declaró que no vio ni escuchó nada. Con respecto al crimen del preso que era testigo custodiado o privilegiado, pero que fue asesinado al salir en libertad, hecho que también se atribuyó a los penitenciarios, fue esclarecido por la Policía comprobándose que se trató de un ajuste de cuentas entre delincuentes.

La autopsia realizada por el cuerpo de medicina forense de la Justicia provincial y el juez Federal de entonces, que estuvo presente en dicho acto, determinaron la muerte súbita de Pelozo Iturri, quien padecía de una dilatación cardíaca grave.

En resumen: una condena a inocentes que es propia de la corporación judicial imperante en estos tiempos.

Summum ius, summa injuria (exceso de justicia, exceso de injusticia), reza la locución del Derecho romano. Estos jueces tenían que sacar chapa de implacables y mostrarse como ángeles vengadores ante la sociedad y así procedieron.

Joaquín Bertrán

DNI 5.433.822


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