Confiada y más sólida, Argentina va por Holanda

Obligado por las lesiones, quedó la mitad del cuadrado mágico. Pero Messi e Higuaín están en condiciones de complicar a los europeos. El seleccionado mutó y ahora es un once de guerreros.

Redacción

Por Redacción

COPA DEL MUNDO

De acuerdo con estadísticas de diferentes consultoras, alrededor de 17 millones de compatriotas jamás vieron al seleccionado en semifinales. Un dato elocuente, que explica la importancia que en Argentina tendrá lo que suceda esta tarde en el estadio Arena Corinthians de San Pablo, ahí donde el equipo nacional buscará su quinta final de la historia ante la pragmática Holanda de Van Gaal y Robben, el candidato de siempre al que se le niega la Copa hace 40 años. Espera la temible Alemania en el mítico Maracaná, esa que ayer hizo historia al avergonzar a Brasil en el patio de su casa.

Lejos de la melancolía y los golpes emotivos, la realidad es que 24 años suena a demasiado para un país productor de futbolistas, donde el deporte rey es casi religión. Casi cinco lustros tardó Argentina en volver a meterse entre los cuatros mejores equipos en un Mundial y lo hizo en tierras de un archirrival devastado. Pasaron generaciones de grande futbolistas, técnicos con capacidad demostrada (y otros que no) y el resultado, con algunas variables, siempre fue el mismo: desazón.

A las 17 de hoy se paralizará el pulso argentino y las esperanzas se depositarán en un grupo de jugadores comandado desde afuera por Alejandro Sabella y desde adentro por el mejor jugador del mundo, Lionel Messi, el capitán, el “10”, la luz que ilumina los caminos. En las historias personales siempre hay mojones, marcas que dejan acontecimientos importantes. ¿Qué futbolero no recuerda qué hacía el 29 de junio 1986, cuando Diego Maradona metió aquel pase en cortada que terminó con la corrida triunfal de Jorge Burruchaga y el título en el estadio Azteca? ¿Quién no recuerda dónde estaba cuando el martes 3 de julio de 1990 Sergio Goycochea se lanzó en busca del penal de Serena para eliminar al anfitrión Italia y meterse en la cuarta final? El de hoy es un día de esos, de los que quedan guardados en la memoria, que se vuelven simbólicos.

Argentina pisará transformada el estadio donde venció a Suiza (1-0), sabiendo que el transitar de la Copa generó su metamorfosis, que pasó de ser el equipo de los “cuatro fantásticos” a uno integral de guerreros, con una idea clara, que no tuvo cuando llegó a Brasil. Nunca le convenció a Sabella la exuberancia del ataque, el poder ofensivo desmesurado (con Messi, Di María, Higuaín y Agüero) que le generaba lógicas descompensaciones en el fondo. Algo desorientado, probó con cinco defensores en el debut ante Bosnia, le sobró un central contra Irán y mantuvo en la titularidad más de lo aconsejable a futbolistas de bajo nivel (Gago, Fernández). Se dio cuenta y cambió, una actitud que habla de su grandeza. Las lesiones del Kun y de Angelito le entornaron la puerta para probar con una formación más a su gusto.

Entraron en escena un Ezequiel Lavezzi con responsabilidades y Enzo Pérez, uno de sus jugadores fetiches, “moderno” a su entender. Más allá de los nombres (también seguirán en el equipo Demichelis y Biglia), el cambio fue conceptual. El escenario se modificó por imponderables y ahora Sabella sí se sienta más cómodo, en su hábitat. El otro dato a su favor es que los jugadores, sobre todo Messi, se encolumnaron atrás de esa idea. El equipo súper ofensivo se volvió pragmático. Leo se transformó en organizador, un enganche con arranque endiablo. Marcó y se tiró al piso. “Si él lo hace, que es el mejor del mundo, imaginate que nosotros tenemos que meter y correr el doble”, señaló Biglia. Hay símbolo, existe identificación.

Entonces, Sabella repetiría el 4-4-2, con el ingreso de Marcos Rojo en lugar de José Basanta, y buscará hacer su partido. ¿Cuál es? Argentina se siente mejor con las líneas cortas y dando la iniciativa, para liquidar de contra con Messi y Pipita Higuaín. Claro, varios desafíos deberá superar para llegar a la final del domingo con los “cucos” alemanes. La primera es interna: no caer en el conformismo, tener la certeza de cuándo tomar la iniciativa; la otra apunta al rival: ¿aceptará Holanda el desafío de ser protagonista? Por lo visto hasta aquí, los Naranjas se agrupan en mitad de cancha, prefieren que el rival tenga la posesión y hacen daño en el contragolpe, sobre todo con la velocidad de un Robben que llega a esta partido incontenible.

A Van Gaal se lo reconoce por ser un estratega. Antes de comenzar con su ciclo, llamó personalmente a Robben, Sneijder y Van Persie, y les hizo saber que su propuesta futbolística rompería con los esquemas tradicionales que impuso la escuela de Cruyff. Quería un equipo sólido y práctico. Esperar, quitar y salir a velocidad parece ser su mensaje. Es decir, lo convirtió en un equipo al que es difícil hacerle un gol, con un sistema de tres defensores convertido a cinco para la contención y salida rápida con penetración por los costados, con el interminable Dirk Kuyt, un socio de Robben por la derecha.

Argentina llega en alza, con una idea más afín a las pretensiones del técnico. Holanda hizo una muy buena primera ronda, sufrió con México en octavos y con Costa Rica fue a los penales, aunque la realidad es que mereció ganar antes. Son dos potencias detrás de un sueño, comandadas por dos crack como Messi y Robben. En nuestras tierras, 40 millones esperan que se repita la final del 29 de junio 1986. Ojalá se de.


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