Confianza y seguridad democrática

Redacción

Por Redacción

ENRIQUE LIBERATI (*)

Por qué la desconfianza y la inseguridad debilitan la democracia y ponen en peligro su continuidad? Adoptamos como eje de esta nota la convivencia social, de allí que resulta necesario determinar el alcance de los vocablos utilizados en el título. Para la psicología social y la sociología, la confianza es una hipótesis que se realiza sobre la conducta futura del prójimo. Se trata de una convicción o conjetura que estima que una persona será capaz de actuar de una cierta manera frente a una determinada situación. La seguridad es entendida como la necesidad básica de la persona, los grupos humanos y un derecho inalienable del hombre, de la sociedad y del Estado para decidir acciones presentes con repercusiones futuras. Denota tranquilidad, prevención, confianza, protección, preservación, previsión, defensa, control, estabilidad y garantía. Estas definiciones nos permiten adelantar que ambas expresiones son coextensivas, pensar o hablar de confianza implica seguridad, y pensar o hablar de seguridad supone un alto grado de confianza. Sin embargo, estos términos cuando se refieren a conductas sociales deben ser precisados para evitar confusiones. Pérdida de confianza El universo que tratamos es el relacionado con el ejercicio del poder por parte de las personas que gestionan el Estado. Es decir, por los gobernantes que conducen el destino del país. Para ello nada mejor que citar algunos casos que siembran la desconfianza de la ciudadanía por datos que difunden, las informaciones falaces sobre actividad industrial, comercial, de asistencia social, educativa, etc. Por ejemplo: los índices del Indec, el descuento de Ganancias a jubilados, la sospechosa compra de tierras fiscales en El Calafate que el matrimonio Kirchner llevó adelante desde el 2006, las declaraciones grandilocuentes sobre el modelo económico de inclusión social –supuestamente blindado porque no lo alcanzaba la crisis internacional; pero que tras reconocer que el mundo se nos cae encima, se ve resentido y de pronto ya no estamos exentos de sufrir las consecuencias–, las promesas fallidas sobre los planes de vivienda nunca cumplidas. El “Programa Federal de Construcción de Viviendas” lanzado en el 2004 sólo ha avanzado en un diez por ciento. El “Plan Federal 2” no ha sido mucho mejor: de las 300.000 casas prometidas, se construyeron alrededor de 3.400 en todo el país. También el programa “Sueños Compartidos” que la Asociación Madres de Plaza de Mayo llevó adelante con total impunidad. ¿Por qué confiar ahora en el nuevo lanzamiento sobre planes de vivienda? El gobierno nacional miente en todos los frentes con propaganda cada día menos creíble, por el disparatado nivel de emisión monetaria y el gasto público que ya desbordó los controles y fundió las reservas estatales. Pérdida de seguridad Las cuestiones relacionadas con la seguridad exigen ciertas aclaraciones. En general las personas piensan en términos de seguridad referida a la integridad física y a los peligros de asaltos, arrebatos, secuestros, etc. Es lógico que así sea, pero la expresión puede extenderse a la seguridad jurídica, la vial, la económica cuando la gente se fuga del peso y se refugia en el dólar. En cada uno de los planos aludidos son alarmantes las noticias diarias. Se ejerce la violencia física sobre las personas y los bienes de los ciudadanos en todo el territorio nacional; se lesiona la seguridad jurídica cuando se cambian las reglas y las garantías constitucionales con el dictado de los decretos de necesidad y urgencia, resoluciones de la AFIP o caprichos de Moreno, con extraordinaria ligereza y sin aviso previo. Los funcionarios nacionales actúan como si se sintieran respaldados por un gobierno totalitario que no acepta diálogo, ni necesita justificar sus atropellos. Ni hablar de la seguridad vial: salvo por el tren bala, el actual sistema de transporte está destruido, las rutas, que son intransitables, se llevan decenas de vidas por quincena. Rogamos que el invierno no sea tan frío, pues no tenemos reservas energéticas y puede colapsar el paraíso que dibuja la presidente. Bueno, ella lo explicará en términos de aumento de la actividad industrial. No menos significativa es la inseguridad proyectada por la escandalosa corrupción gubernamental frente a una Justicia complaciente, con un gobierno que no reconoce los pronunciamientos adversos de la Corte Suprema. ¡Qué más inseguridad que la carencia de un Estado de derecho! Consecuencias Para una profunda comprensión de los males que nos aquejan debo utilizar un esquema teórico. Quizás ello implique alguna dificultad para el lector, pero resulta necesario analizar qué nos está pasando. Cada uno de nosotros mentalmente desarrolla un imaginario sobre la realidad de su propia vida y de las relaciones sociales. En lo personal no es posible generalizar, cada uno es único e irrepetible, pero en el ámbito de lo social, con algunas excepciones, podemos intentar tipificar el imaginario colectivo del argentino medio. Reflexionemos en relación con el ejercicio del poder, descubriremos que se pueden instalar dos imaginarios posibles: el constitucional (pensamos, como directivas supremas de comportamiento, los derechos y garantías constitucionales) y, el del poder (pensamos, como leyes supremas del comportamiento las interpretadas por el poder político de turno, justificado por una mayoría accidental en las elecciones, o por fuerza de las armas). Creo que en la gran mayoría del pueblo argentino se ha enquistado el imaginario del poder, no sólo porque soportamos los atropellos de los últimos 10 años, sino también porque los alimentaron nuestros políticos y los gobiernos de facto que supimos tolerar. No tengo la fórmula para superar semejante anormalidad y falta de cultura democrática, sólo puedo ponerlo en evidencia y mostrar el pensamiento de un autor que analizó estas cuestiones. (1) Cabe citar aquí, a los fines de la reflexión propuesta, un párrafo de un discurso pronunciado por George Kennan en 1947 en el Naval War College. Este diplomático norteamericano expresaba: “La verdad es que en todos y en cada uno de nosotros, en algún lugar, oculto muy en el fondo, hay cierto grado de totalitarismo. Lo único que mantiene sojuzgado a este genio del mal es la luz benéfica de la confianza y la seguridad. (…) Si la confianza y la seguridad fueran a desaparecer, no crean que el genio del mal se demoraría mucho en tomar su lugar”. Este genio del mal que puntualiza G. Kennan, por la pérdida de confianza y la inseguridad cotidiana, ya convive entre nosotros y, de alguna manera, nos lleva a justificar en forma consciente o inconsciente las decisiones totalitarias y las humillaciones a las que nos someten actualmente las autoridades gubernamentales, todo porque estamos dominados por el imaginario del poder, que aprueba las arbitrariedades poniendo en peligro la continuidad democrática. (1) Wolin, Sheldon S. (2008). Democracia SA. Primera edición. Madrid: Katz (*) Doctor en Derecho


ENRIQUE LIBERATI (*)

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