Confrontaciones

Por Gerardo Bilardo



Hace tiempo que Jorge Sobisch abandonó la vía diplomática y todo parece indicar que su lenguaje frontal hacia quienes considera adversarios, o enemigos, irá en aumento.

A esta altura es de suponer que se trata de una estrategia de dudosa efectividad, pero que el gobernador se empeña en poner a prueba contra viento y marea.

El blanco de sus peleas se dirigió primero a la dirigencia de los gremios estatales. Casi en simultáneo abrió un frente con los diputados de la Alianza. Luego se cruzó con los peronistas. Y más tarde lo hizo con periodistas y medios de comunicación que mantienen prudente distancia del poder. Todo esto sucedió en tres años y algunos meses de gestión.

Pero en este año electoral, Sobisch continúa cavando trincheras. La última la colocó frente a la Catedral, donde tiene su morada el obispo Marcelo Melani.

El prelado declaró que la Justicia en Neuquén no es independiente y opinó que la provincia tiene un Estado rico con muchos pobres. Al pasar, pidió una distribución más equitativa de esos ingresos.

La de Melani fue una declaración de la Iglesia ajustada a los tiempos que corren, pero resultó reveladora para un hombre que, hasta aquí, había elegido un bajo perfil.

Las palabras del obispo provocaron una profunda irritación en el gobernador, sencillamente porque Melani opinó sobre la realidad en un sentido distinto al del oficialismo.

En el aniversario de Añelo, Sobisch le dio rienda suelta a su temperamental carácter, que últimamente se rige por impulsos. Le respondió a Melani que el Estado no es tan rico ni los pobres tan pobres. También mencionó que la Iglesia tiene muchos problemas que resolver de los que no se hablan.

El gobernador no fue claro en ese sentido, pero seguramente aludió a las denuncias que, en distintas partes del mundo, involucran a altos representantes de la Iglesia Católica en delitos sexuales, un tema ampliamente difundido por los medios y del que sólo una persona no muy bien informada puede decir que se silencian.

Estas batallas que libra Sobisch, con el acompañamiento de algunos de sus hombres de confianza, son las más visibles. Pero existen otras que aparecen difusas, en una zona gris, como la extensa partida de ajedrez que mantiene con su vicegobernador Jorge Sapag, al menos desde diciembre último, que es la fecha en que se divulgó el contenido de las grabaciones que realizó el diputado Jorge Taylor con la cámara oculta.

Aunque difícilmente sea reconocido por sus protagonistas, la devolución del 20% de zona desfavorable a los empleados públicos provocó asperezas en el gabinete. Esa fue una resolución netamente electoral que tomó el gobierno antes de la fecha de las elecciones municipales de la ciudad de Neuquén, con la intención de reconquistar el voto de los empleados públicos y de torcer el adverso resultado que las encuestas le anticipaban. Pero la medida no estuvo lo suficientemente consensuada con el equipo de Hacienda.

Como ocurre en la escuela cuando los alumnos se indisciplinan en la formación, la decisión puso un brazo de distancia entre Sobisch y el ministro Alfredo Pujante.

Durante muchos meses, el hombre que maneja las finanzas mantuvo un discurso entre prudente y contrario respecto de la posibilidad de restituir el plus que Felipe Sapag eliminó de los sueldos de los agentes públicos en su último gobierno. Mientras el gobernador mantuvo latente la llama de su compromiso asumido en la campaña electoral de 1999, Pujante se movió con la rigidez de un administrador.

Fuentes con acceso a altos funcionarios del gobierno dejaron trascender que el ministro no tuvo tiempo de discutir si la provincia tenía posibilidades de sostener en el tiempo, con recursos genuinos, la orden que impartió Sobisch. El ministro sólo lo hizo, tragó saliva y dejó de hablar del tema.

En el corto plazo, Neuquén no tendrá mayores dificultades de solventar el mayor costo salarial provocado por esta decisión. Pero los principales ingresos del Estado, las regalías de gas y de petróleo, están sujetos más que nunca a variaciones del hoy convulsionado mercado exterior.

El alivio financiero sobre el que navega la actual gestión puede transformarse en una pesadilla si las aludidas dos variables que el gobierno no maneja caen a niveles inesperados, como puede suceder según la resolución de la guerra que se libra en Irak.

En ese escenario, Sobisch, que quiere la reelección y que ha ratificado su alineamiento con el ex presidente Carlos Menem, sufrirá las consecuencias. Pero mucho más lo hará la sociedad que le concedió poder para administrar correctamente los recursos.

Los meses por venir pueden ser tormentosos si en el afán por lograr un nuevo objetivo electoral Sobisch no controla su escasa tolerancia con la opinión distinta y da rienda suelta a un bolsillo que no es el suyo.

Está claro que el abrazo del gobernador con Menem del viernes último define mucho más que un apoyo político a una candidatura a presidente. También habla de afinidades que tiene el actual líder del Movimiento Popular Neuquino con el particular modo de hacer política del menemismo. Existe un caso emblemático que hermana a ambos dirigentes políticos: Carlos Menem se preocupó por controlar la Justicia e impuso un paraguas protector en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, mientras que Jorge Sobisch intenta lo mismo pero, hasta ahora, sin obtener resultados.

En esta materia no cabe duda de que Menem ha sido más eficiente.

Gerardo Bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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