Coronavirus: ¿qué va a pasar con nuestras queridas ferias de productores y cocineros?

"Las frutas y verduras esperan ser cosechadas encontrando un mejor destino que morir en la planta", plantea Victoria Rodríguez Rey en esta nota.





Por Victoria Rodríguez Rey, especial para Yo Como

@victoriarodriguezrey 

El 20 de marzo se decretó la cuarentena en todo el país. Todos adentro, salvo aquellos servicios esenciales para mantener la vida, entre ellos el sector productivo alimentario. Los supermercados como bocas de expendio de alimentos directos al consumidor resultaron fundamentales, pero ¿qué pasó con las ferias? En este contexto se dejó afuera a los pequeños productores de alimentos, de la agricultura familiar. 

Cuando el alimento se industrializó y se masificó, todo cambió. De la cadena alimentaria posindustrial, la distribución y comercialización es hoy la cuestión. El supermercado surge con el afán de generar en el menor tiempo posible el mayor contacto del consumidor con los productos masificados. Lograr una sensación de libertad de elección para el consumidor nacida de una jaula monitoreada y controlada, fue el objetivo que dio origen a los supermercados. Falsamente se cree tener una vinculación con el productor a través de una etiqueta sin embargo los circuitos de la producción son un laberinto: donde se produce no se envasa, tampoco se etiqueta y rara vez se distribuye y comercializa. 

La provisión de alimentos no está solamente en los supermercados. En la región del Alto Valle, Valle Medio de Río Negro y Neuquén han surgido desde hace varios años las ferias como centro de encuentro, comercialización e intercambio de experiencias.

En las ferias se trabaja bajo principios básicos de cooperación hacia una transformación social. Allí no sólo se estimula el desarrollo productivo local sino que también criteriosamente organizan la alimentación de la población de acuerdo a los ciclos naturales estacionales.  

Para intentar un nuevo y real modelo de desarrollo productivo que coloque al alimento en el centro y de manera integral, es necesario el cambio o la apuesta a las prácticas cotidianas de consumo. En ese sentido la soberanía alimentaria plantea, entre otras cosas, la estimulación de cadenas cortas de comercialización priorizando el vínculo entre el productor y el consumidor.

Las ferias como proveedoras de alimentos no debieran quedar afuera en esta situación de pandemia donde nadie dejará de comer. Tomando las medidas adecuadas, mediante un protocolo sanitario, no representan un riesgo a la salud. Se resuelven al aire libre, donde el viento lo lleva y el sol todo lo quema. Una gran contribución sanitaria en contexto de covid.

Distanciamiento entre feriantes y consumidores, desinfectantes para la higiene de productos de manera continua, restricción a los consumidores en la manipulación de los productos, control en el ingreso de personas al predio ferial, involucramiento de los municipios y áreas de salud, son algunas ideas para acompañar el desarrollo de la agricultura familiar. Las frutas y verduras esperan ser cosechadas encontrando un mejor destino que morir en la planta.

Sólo por advertir un dato, el kilo de manzana verde en una conocida cadena de supermercados hoy se encuentra a $149, mientras que el productor está vendiendo 6 kilos a $300. En la medida que siga rigiendo la lógica supermercadista como imperio sagrado de gobierno de la producción de alimentos lejos se estará de generar mayor igualdad social. Al entender que comer es un acto político, que la forma de hacerlo represente el más profundo compromiso con la vida. 

Por nombrar tres situación de ferias 

En Choele Choel: la feria de Choele Choel se lleva adelante desde el año 2012. Se realiza todos los días domingo sobre la costa del río, al aire libre, un paseo durante tres horas. Es la primera vez que se interrumpe la actividad. Los productores son principalmente de producción primaria frutas y verduras, productos de granja y además elaboradores de alimentos y artesanos. Quienes garantizaban el suministro de alimentos para la comunidad generaron una alternativa para la comercialización de su producción. Cuando el Estado no da respuesta, la comunidad se organiza. Mediante Facebook  con “Delivery de frutas y verduras” dan a conocer las propuestas de bolsones que arman cada semana, levantan los pedidos y los reparten a domicilio. 

En Roca: la Gira Feria es un espacio productivo, cultural y artístico coordinado por mujeres. Surge de la preocupación por la fragmentación, la exclusión, el individualismo que se fue incrementando en los últimos años y de querer garantizar espacios de intercambio y comercialización para la comunidad. Son más de 70 artesanos y productores. Se trata de una actividad barrial abierta, al aire libre. Esta interrupción impacta fuertemente en las economías de las familias feriantes, siendo en la mayoría de los casos el único de modo sostén familiar. “Esta decisión ha afectado la vulnerabilidad sobretodo de mujeres que son sostén de familia, lesionando no sólo el sustento diario sino también la estabilidad emocional del grupo familiar”, comparte Gabriela. 

En China Muerta: esta feria funciona desde hace seis años, y desde hace tres abre su tranquera ininterrumpidamente todos los sábados, son aproximadamente 20 familias feriantes de producción primaria (frutas, verduras, miel, hongos, huevos, pollos, cerdos), elaboradores (panificados, chocolatería, jugos, conservas y comidas), cosmética natural y artesanos (textil y platería). Mayoritariamente todas las familias dependen de ese ingreso semanal. Es la primera vez que se suspende la feria por orden del municipio. “Queremos que entiendan que lo que se está matando en este momento son las economías familiares, economía de la agricultura, de la ruralidad. Muchas familias dependemos de esto y se nos vio cortado el circuito de producción. Lo fundamental es el encuentro sábado a sábado con quienes confían y nos compran directamente sin intermediarios”, explica Dinka. 


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