Cosquín: pocas palabras y muchos aplausos
El cantor surero le regaló sus clásicos al público.
“Milonga corralera” marcó la apertura de una actuación que logró extenderse más allá de los doce minutos reglamentarios.
Si de un festival folclórico se espera la evocación de sonoridad regional, la apelación costumbrista o las diferentes formas de interpelar la tradición, Cosquín puede arrojar sorpresas; pero a veces consuma esa expectativa en un solo artista: fue el caso, anteanoche, del cantor surero Omar Moreno Palacios.
Moreno Palacios expresa en forma cabal al artista apegado a las formas de un regionalismo, a la música y la palabra urdida a través de las formas que anidaron en la región pampeana; y que, como bien hace el intérprete de Chascomús, a veces se pueden defender sólo con una guitarra.
Así afrontó anteanoche Moreno Palacios los 12 minutos que la Comisión Municipal de Folclore le asignó en la sexta noche de Cosquín, aunque –con rebeldía de gaucho– forzó una extensión en un escenario donde pocos consumaron con éxito esa audacia.
“Milonga corralera”, clásico de su repertorio, marcó la apertura de su acotada actuación y enseguida demostró que el valor de la patria y la tradición no tiene por qué ser patrimonio de las ideologías conservadoras con los versos del poeta uruguayo Osiris Rodríguez Castillos.
“Los muros de Paysandú/sintieron entre sus grietas/calientes ríos de sangre/del pecho de Santos Niebla/porque él, nunca negó fuego/cuando lloró la bandera!”, recitó siguiendo los versos del poema “La credencial de Santos Niebla”.
El silencio de la plaza Próspero Molina fue absoluto y ese fue acaso el mayor éxito de Moreno Palacios porque en el aire se arrastraba la excitación de las actuaciones de Sergio Galleguillo y Los Abra.
Tras los acordes de un vals criollo, Moreno Palacios fue asaltado por la interrupción del locutor que comenzó a declamar el final de su faena en el escenario.
Inmutable
El gaucho no se inmutó, recordó sus 40 años de ausencia en Cosquín –recién interrumpidos en 2010–, sacó cuentas ante el público, demostró criolla picardía y sentenció que el festival tenía algunas deudas impagas con ese gaucho de guitarra en mano.
Y dijo que esta vez las venía a cobrar.
El público lo apoyó con el aplauso y enseguida empezó a desenredar un cuento del narrador uruguayo Wimpi.
Se retiró ovacionado. El locutor lo había presentado poco antes diciendo que era “un hombre de pocas palabras”.
En el escenario, Omar Moreno Palacios dijo unas cuantas, bien precisas y celebradas. Y prometió volver. (Télam)
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