Cuando el horror se vuelve rutina
DEBATES
El criminalista Israel Ticas, quien destapa e investiga fosas comunes para la Fiscalía, dice que en más de la mitad de las 90 fosas que ha excavado en la última década se ha encontrado con restos de mujeres y niñas asesinadas. “De estos casos hay cientos garantizados, si no miles. Nadie en el país lo sabe porque la mayoría sigue bajo tierra. Nadie ha sistematizado esta información”, dice.
La información recogida en sus cuadernos de campo, que complementa con entrevistas a testigos protegidos, ofrece una ventana única al sórdido mundo del abuso sexual que las pandillas infligen a las mujeres salvadoreñas.
Abre uno de sus cuadernos y elige aleatoriamente un caso.
“El 7 de junio del 2013, en Santa Tecla, la novia de un pandillero reclutó a dos amigas para asistir a una fiesta. Los pandilleros sospecharon de la traición de una de ellas que habría hablado con una pandilla rival”.
“Ocho hombres las violaron. Primero asesinaron a dos de ellas con múltiples heridas de arma blanca. A una la mantuvieron viva durante 24 horas más pidiendo un rescate por ella. Cuando vieron que no iban a conseguir el dinero, la asesinaron también. Las desmembraron en pedazos a las tres. 12, 13 y 14 años’’.
Ticas cierra el cuaderno y abre otro.
“27 de octubre del 2011. Colonia Montes 4. San Salvador. Una joven se acercó a un pandillero por curiosidad. Ella quería ser su novia. Tenía 16 años. Tuvieron sexo. Él se la entregó a su clica como premio. Las clicas tienen entre 10 y 15 miembros. La hicieron pedazos a machetazos después de violarla. Con el mango del machete le dejaron el cráneo hecho picadillo’’.
Repite el gesto. Otro.
“21 de abril del 2014, en Ahuachapán trabajé un cadáver inhumado de una joven de unos 18 años de edad. Estaba momificada, las uñas de los dedos pintadas se habían conservado perfectamente. Estaba medio enterrada en medio de una plantación de caña. Había sido asesinada por asfixia múltiple, soga jalada con varios hombres en diferentes direcciones. Violada con serios desgarros y nunca pudimos identificarla. Salió del cementerio clandestino en el que dejaron a una fosa común’’.
“¿Cuántos más quieres?’’, pregunta Ticas señalando una docena más de cuadernos inflados por el paso del tiempo, por las fotos, notas y dibujos que se intercalan entre sus páginas.
“Toda la que se acerca a una pandilla y se convierte en ‘jaina’, novia de pandillero, muere tarde o temprano por una cuestión de control de la información. No pueden dejar testigos de sus actividades. Piensan que pueden delatarlos y evitan el riesgo deshaciéndose de ellas en grupo y con gran violencia”. (AP)