Cuando el Pro y Cambiemos van a la Academia

Por Redacción

Primero fue el Pro. Después Cambiemos. Partido y coalición asisten a academias hace relativamente poco tiempo. Hoy son objeto de estudios en muchas instituciones universitarias. Desde otros lugares hay quienes prefieren pensar a sus principales líderes en los divanes de arbitrarios psicoanalistas, de la misma manera como se hizo con Cristina Fernández.

Los pioneros fueron politólogos y sociólogos. Trataron de entender los primeros pasos de cada construcción política. Simultáneamente comprender la eficacia electoral de sus proyectos. Hoy atienden a su eficiencia gubernativa. Aun en las respuestas y acciones que se exponen de manera simple para la complejidad de la política y el futuro argentino. Igual con la manera en que piensan y actúan en el presente.

A la vista están las respuestas simplonas frente a la formidable crisis política venida del sacudón financiero y cambiario de los primeros días de mayo.

A la fecha se cuenta con un número relevante de libros sobre esos “mundos Pro”, síntoma de que varios laboratorios de estudios y editoriales lo consideran un tema relevante. Hace un tiempo para los departamentos universitarios de politología hacer una investigación sobre el Pro y sus alianzas partían de pensar una experiencia exitosa dentro de aquellos procesos conocidos como territorialización de lo política. O, en todo caso de la desarticulación de viejas entidades, siempre a escala local.

Igual respecto a una tesis global de “crisis partidaria”, del “fin de la era de los partidos”, o que la política comenzaba a estar fuera de los formatos conocidos. Naturalmente el éxito del Pro en CABA daba una pista segura para otorgarle “seriedad” a esas tesis.

Otro aspecto de los primeros análisis era abordar la influencia de las nuevas organizaciones, del tipo think tank, tanto en el diseño de políticas públicas como en la emergencia de desconocidos “fiscales morales” de la política y la democracia. Organizaciones y fundaciones del tipo Creer y Crecer o Poder Ciudadano y Cippec, eran algunas de ellas.

Si bien no era del todo evidente más adelante supimos que estas entidades fueron centrales a la construcción de la política electoral y lugares de provisión de “cuadros” para ocupar posiciones gubernamentales. Instituciones que mientras producían sus papers o criticaban al poder exponían su carta de neutralidad política.

En los primeros pasos de esa incursión en algunas academias dominó una perspectiva teórica: la nueva criatura contaba como expresión de las derechas neoliberales clásicas. Lo informaba el estudio de su élite, mayormente internacionalizada y de espíritu clasista. Un reciclaje de algo ya transitado. Que además proponían retornar al pasado noventista bajo el discurso de destronar el populismo. Y si eventualmente accedían al poder lo harían desde fórmulas que fueron bautizadas como destituyentes. Sin embargo, había una historia nueva, que estaba haciendo su trabajo, con la idea de partido, de coalición y elecciones a cuesta.

Los cientistas políticos y sus símiles sociólogos muchas veces inmunes a considerar “largas duraciones” entendían que había un fenómeno nuevo pero seguramente de poca vida. Hubo subestimación acerca del tiempo del Pro y de Cambiemos. Es que se contaba con una élite que esta vez estaba dispuesta a pensar el poder. Y que, el poder de colonizar viejos actores no era suficiente. Por sobre todo que era posible reunir en un solo esquema de poder política y su mundo de negocios. O dicho en el lenguaje bicentenario de Carlos Marx unir la bolsa y la política. Dos años y medio de gobierno del Pro-Cambiemos, con dos elecciones consecutivas ganadas y cierto consenso revelan que hay un “tiempo”. Si sumamos la crisis de los primeros días de mayo, hablamos de un capítulo que también “envejece” a su construcción política.

En definitiva, de un universo que forjó un itinerario de algo más de quince años y logró construir en Mauricio Macri un líder. Aquí otro tema: los teóricos del liderazgo en democracia tuvieron que revisar su arsenal teórico para dar cuenta de ello. Hasta la idea de carisma debió ser actualizada.

La academia ya ofrece una interesante biblioteca. Sigue siendo pionero y central el libro “Mundo Pro” de Gabriel Vommaro, Sergio Morresi, Alejandro Bellotti. También Vommaro publicó: “La larga marcha de Cambiemos”, destacando “la dirección ético-política de un proyecto modernizador acorde con un ethos empresario flexible e internacionalizado”. Sin duda estas obras fueron resultados de una empresa netamente académica.

Simultáneamente a la difusión de estos dos libros otros investigadores, -Melchor Armesto y María Esperanza Casullo, entre otros-, habían elaborados interesantes artículos. Recientemente desde el ensayo político José Natanson terminó una de las obras más interesantes de divulgación sobre el tema. Tomando como referencia los trabajos más profundos de la academia le permitió a Natanson publicar “¿Por qué? La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de una nueva derecha”.

Es necesario que el Pro y Cambiemos continúen en los laboratorios de las academias. Desde ya hay que sumar nuevas miradas para su comprensión. Que el historiador, sobre todo ese que trabaja sin olvidar el presente, puede ofrecer perspectivas atractivas para comprender un fenómeno sin duda heterogéneo y que ya cuenta con su propio “tiempo histórico” al sumar éxitos y el desafío de las crisis que pueden descalabrar su mundo.

(*) Profesor de Historia y Derecho Político, UNC

Hay que sumar nuevas miradas para entender un fenómeno sin duda heterogéneo, que suma éxitos y también enfrenta el desafío de las crisis que pueden descalabrar su mundo.

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Hay que sumar nuevas miradas para entender un fenómeno sin duda heterogéneo, que suma éxitos y también enfrenta el desafío de las crisis que pueden descalabrar su mundo.

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