Cuando la polca y el chamamé se dan la mano para bailar
Habló más que otras veces, como reconoció él mismo, ante un auditorio que colmó eufórico el jueves el Cine Teatro Español de Neuquén. Durante dos horas, el “Chango” Spasiuk y su sexteto pintaron de excelencia musical el espacio: derramaron el recorrido musical del maestro misionero del acordeón y la energía del grupo se ganó cada ovación de la audiencia. Chango dialogó con quienes escuchaban atentamente desde las butacas. Como en un encuentro de amigos, citó a Don Atahualpa, a Goethe y a Cocomarola (varias veces). Habló de la importancia de la música como un medio para casi todo; la música para descubrir aspectos de la vida; la música para potenciar la búsqueda del camino creativo; la música para “darle forma a eso que no la tiene”. La música no es el fin, es una posibilidad para aprender, para compartir, para conocer al otro. Algo así dijo el maestro, sonriente siempre, o súper concentrado, humilde, agradecido (con Jazz Producciones, los músicos y los técnicos) y generoso. Un grande, vale decirlo. “Polcas de mi tierra” (contó una anécdota hermosa de juventud en un casamiento en el que tocó las dos mismas polcas durante toda la noche), “Chamamé crudo” y “Tarefero de mis pagos”, sonaron íntimas y poderosas, conmovedoras, crudas y bellas, como todas las de “Sonidos de la tierra colorada”, la gira que lo trajo por la región (anoche estuvo en Roca). También los clásicos “Libertango” y “Kilómetro 11” hicieron estallar los aplausos y gritos del público, y lo mismo sucedió ante cada solo del violinista Víctor Renaudeau o del percusionista Marcos Villalba, quien interpretó, además, la guitarra. En rigor, cada miembro del sexteto fue ovacionado: a medida que Chango los nombraba, Diego Arolfo (voz y guitarra), Alfredo Bogarín (guitarra), Juan Pablo Navarro (contrabajo) y Heleen de Jong (violoncello) fueron reconocidos por la audiencia. Y cómo no, si esa noche fueron protagonistas de la calidad absoluta en la interpretación. Párrafo aparte merecen los músicos locales Wálter Cuevas, Celia Eymann, Marina Santillán y Maty Moya, quienes abrieron el telón a la maravilla como “anfitriones” y estuvieron (ampliamente) a la altura de las circunstancias. No fue el escenario del Colón, pero de algún modo, sí. Los artistas, populares y comprometidos, tocaron como lo hacen siempre. Cada vez es un momento único. Eso también lo dijo Chango,
PAULA GINGINS pgingins@rionegro.com.ar