“Cuánto talento oculto tenemos”
Buenos días, lectores. Quiero compartir con ustedes algo que me pasó hace unos 15 días y me dejó pensando algunas cosas. El año pasado una persona conocida me invitó a verla en una obra de teatro en la que participa en reiteradas oportunidades, pero yo rápidamente y sin dudar puse excusas a cada invitación. Creo que el principal motivo fue la desconfianza, el hecho de pensar que seguramente era algo mediocre porque era una “obrita” de alumnos de teatro. No tenía ganas de “perder el tiempo”. Además, no me gustan esas salas que dicen ser teatros y tienen una silla de plástico para sentarte. La verdad, no es el ámbito en el que me siento cómoda. Hace unos días la invitación se repitió, con el comentario: “¡Al final nunca venís a verme!”. Un par de amigos habían decidido ir, y no me quedó otra que acompañarlos. A partir de ese momento me invadieron miles de sensaciones… El día de la función, llegué al Centro Cultural donde se representaba la obra y me quedé sorprendida por el lugar al que me habían llevado. Lejos de ser la “salita” que imaginaba, me encontré con un teatro, con butacas en lugar de sillas de plástico, con un escenario muy grande y unas instalaciones con muy buen gusto. ¿Ése era el ámbito en el que no me sentía cómoda? Primer equivocación. Mi segunda y gran equivocación fue desconfiar del nivel que podía tener una obra producida por un grupo de artistas locales, amateurs. La obra me movilizó hasta el último rincón de mi ser. Soy una persona que consume teatro, por lo que tengo un criterio para opinar, pero nunca había consumido teatro local. Me quedé sorprendida cuando, averiguando luego de la obra, descubrí que la directora de la misma había no sólo dirigido y llevado adelante tan bella obra, sino que también la había escrito. ¡Cuánto talento oculto tenemos! ¡Y cuánta desconfianza y falta de apoyo tienen estos artistas! Gracias a gente como yo, que desprecian este tipo de productos, por desconocimiento, es que tantas salas están vacías todos los fines de semana. ¿Por qué cuando viene un evento de Buenos Aires no dudamos, y a veces ni preguntamos de qué se trata pero vamos? ¿Y por qué somos tan prejuiciosos cuando hay una obra neuquina? Pido disculpas a los artistas de esta obra, a todos los artistas de Neuquén y a este Centro Cultural de la calle Brentana 46 por haberme tomado tanto tiempo para conocerlos. Me saco el sombrero… Patricia Viviana Tricaleo DNI 27.894.236 Neuquén
Patricia Viviana Tricaleo DNI 27.894.236 Neuquén
Buenos días, lectores. Quiero compartir con ustedes algo que me pasó hace unos 15 días y me dejó pensando algunas cosas. El año pasado una persona conocida me invitó a verla en una obra de teatro en la que participa en reiteradas oportunidades, pero yo rápidamente y sin dudar puse excusas a cada invitación. Creo que el principal motivo fue la desconfianza, el hecho de pensar que seguramente era algo mediocre porque era una “obrita” de alumnos de teatro. No tenía ganas de “perder el tiempo”. Además, no me gustan esas salas que dicen ser teatros y tienen una silla de plástico para sentarte. La verdad, no es el ámbito en el que me siento cómoda. Hace unos días la invitación se repitió, con el comentario: “¡Al final nunca venís a verme!”. Un par de amigos habían decidido ir, y no me quedó otra que acompañarlos. A partir de ese momento me invadieron miles de sensaciones... El día de la función, llegué al Centro Cultural donde se representaba la obra y me quedé sorprendida por el lugar al que me habían llevado. Lejos de ser la “salita” que imaginaba, me encontré con un teatro, con butacas en lugar de sillas de plástico, con un escenario muy grande y unas instalaciones con muy buen gusto. ¿Ése era el ámbito en el que no me sentía cómoda? Primer equivocación. Mi segunda y gran equivocación fue desconfiar del nivel que podía tener una obra producida por un grupo de artistas locales, amateurs. La obra me movilizó hasta el último rincón de mi ser. Soy una persona que consume teatro, por lo que tengo un criterio para opinar, pero nunca había consumido teatro local. Me quedé sorprendida cuando, averiguando luego de la obra, descubrí que la directora de la misma había no sólo dirigido y llevado adelante tan bella obra, sino que también la había escrito. ¡Cuánto talento oculto tenemos! ¡Y cuánta desconfianza y falta de apoyo tienen estos artistas! Gracias a gente como yo, que desprecian este tipo de productos, por desconocimiento, es que tantas salas están vacías todos los fines de semana. ¿Por qué cuando viene un evento de Buenos Aires no dudamos, y a veces ni preguntamos de qué se trata pero vamos? ¿Y por qué somos tan prejuiciosos cuando hay una obra neuquina? Pido disculpas a los artistas de esta obra, a todos los artistas de Neuquén y a este Centro Cultural de la calle Brentana 46 por haberme tomado tanto tiempo para conocerlos. Me saco el sombrero... Patricia Viviana Tricaleo DNI 27.894.236 Neuquén
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