Cuba en el proceso de paz colombiano
Cuando inauguren este 19 de noviembre la mesa de diálogo en Cuba, el gobierno colombiano y las FARC trasladarán también el proceso de paz de forma definitiva a un viejo bastión guerrillero de América Latina. La elección de La Habana como escenario para las negociaciones de paz no ha sido casual. “La Cuba revolucionaria de Fidel y el Che” fue también el lugar elegido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para anunciar en agosto el lanzamiento del diálogo tras medio año de sondeos con el gobierno de Juan Manuel Santos. Las “conversaciones exploratorias” se llevaron a cabo “durante seis meses en La Habana, con el acompañamiento de Cuba y Noruega”, detalló asimismo Santos en septiembre al anunciar la apertura del proceso de paz en Oslo, antes del regreso a La Habana como sede definitiva. El traslado permanente del diálogo colombiano a Cuba resume en cierta forma también medio siglo de lucha armada en América Latina. Las FARC, la guerrilla en activo más antigua del hemisferio occidental, se sentarán a la mesa de negociaciones en el país más emblemático para la izquierda militante latinoamericana. En 1959, el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro encendió la mecha para los movimientos rebeldes que intentaban llegar al poder por las armas. El sandinismo nicaragüense, el Frente Farabundo Martí de El Salvador, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile, los Montoneros en Argentina, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru en Perú… Muchos intentaron emular a la Revolución cubana, aunque sólo el Frente Sandinista de Nicaragua ganó (y perdió) el poder por la fuerza durante el último medio siglo, antes de recuperarlo en las urnas en el 2006. Las últimas décadas marcaron finalmente un cambio de paradigma, con varios presidentes como el exguerrillero “tupamaro” José Mujica o el ex militar golpista Hugo Chávez elegidos por vía democrática en Uruguay y en Venezuela, respectivamente. También la llegada al poder de Dilma Rousseff en Brasil y Mauricio Funes en El Salvador podrían haber convencido a las FARC del camino de la negociación. Muchos analistas ven además con más optimismo el actual proceso de paz, el cuarto desde el surgimiento de la guerrilla a mediados de los 60, por las buenas relaciones entre Colombia y Venezuela, con Chávez empujando a las FARC a negociar. Además del factor Cuba. El gobierno de Raúl Castro está llamado a cumplir un papel clave en el proceso de paz. Tanto el gobierno de Santos como las FARC han visto en la cúpula de La Habana el intermediario adecuado para no despertar recelos en la otra parte. “El gobierno de Cuba ha hecho esfuerzos discretos y constructivos para ayudar a la búsqueda de una solución negociada, respondiendo siempre a una solicitud de las partes involucradas y sin influir en lo más mínimo en sus respectivas posiciones”, señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores al confirmar su papel en el proceso. El discurso conciliador de Santos tras asumir el poder en el 2010 lo llevó a buscar pronto la colaboración de otros países para abordar el diálogo con las FARC, a diferencia de las posiciones más beligerantes de su predecesor, Álvaro Uribe. Después de reparar las relaciones con Caracas, Santos viajó a La Habana para estrechar vínculos con Raúl Castro. Y ahí, mientras intentaba forzar la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias de abril, Santos apuraba al mismo tiempo las negociaciones secretas con las FARC con el apoyo de Raúl Castro. Durante más de un año y “respetando celosamente el compromiso de confidencialidad acordado”, Cuba brindó su “colaboración” para el inicio del diálogo, explicó los pormenores el Ministerio de Exteriores de La Habana. También para las FARC se ha tratado de un apoyo fundamental. Además de ofrecerles las garantías para que pudieran salir de la selva colombiana, las autoridades cubanas acogen desde hace meses a la delegación de las FARC, brindándoles casas y una amplía libertad de movimiento en La Habana Ello, pese a que la guerrilla y el gobierno cubano se distanciaron en algún momento durante las décadas pasadas por diferencias en torno a la lucha armada. “Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra”, explicaba Fidel Castro en el 2008 sus críticas a las tácticas de lucha de la guerrilla colombiana. “Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra”, agregó el histórico líder cubano. Las FARC, cuyo número de combatientes se estima actualmente en unos 9.000 hombres tras llegar a contar con unos 20.000, se financiaron durante años con el narcotráfico y el secuestro de civiles. El avance del proceso de paz colombiano podría ahora ayudar también a Cuba a mejorar su imagen. Y ello, consideran algunos analistas, le restará argumentos a Estados Unidos para mantener a la isla en su nómina de países que patrocinan el terrorismo. Sacar a Cuba de la “lista negra” permitiría tener un diálogo más “sincero” con La Habana, dijo ya el expresidente estadounidense Jimmy Carter.
Isaac Risco DPA Features