Cuestión de lealtades

Redacción

Por Redacción

la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Lo que hoy vemos en las calles y nos parece hasta fuera de contexto, por viejo, por grande, por duro y por mil razones más, en otros tiempos cosechó las más grandes admiraciones y protagonizó los sueños de miles y miles de personas. Recuerdo cuando a mi pueblo llegó el nuevo modelo de Ford F100, modelo 71, guardabarros redondeados, cómoda, tazas cromadas, capacidad de carga y la garantía mecánica que siempre implicó la marca del óvalo. Era simplemente admirable e imponente. Pasaron más de cuarenta años desde que ese modelo vio la calle, recorrió el país y significó el vehículo ideal para miles de productores y hasta para la familia, porque muchos la adoptaron como un vehículo de paseo. Con esos cuarenta años se fueron miles de recuerdos y hoy de esa versión de camioneta quedó un enorme recuerdo y miles de vehículos de colección, aunque también se ven por las calles algunas que ya están a punto de dar su última vuelta. Es que aunque la misma marca se moderniza todo el tiempo, la vieja Ford F100 es parte de la historia automotriz del país. Fue tal vez el modelo que más se bancó en las calles de esta Argentina de rutas complejas y hasta se podría decir que fue por décadas casi parte de la familia. Se distinguían sus poseedores como los dueños de la F100 y eso alcanzaba para saber que eran de cierto poder adquisitivo, que ocupaban cierto lugar en la sociedad. La F100 salió de fábrica por primera vez en 1948 en los Estados Unidos y a la Argentina llegó la primera versión alrededor de 1960. Hoy esos modelos casi en extinción son parte de las fotos familiares, de los viajes asociados a las vacaciones, al trabajo y a infinidad de actividades donde este modelo era el socio ideal. Algo parecido ocurrió con el Renault 12, cuyo primer modelo vio la luz en 1969 y se mantuvo en el mercado del país hasta 1996. Cuarenta años en que buena parte del país lo adoptó como propio, a tal punto que en su franja de calidad, espacio, economía y nobleza, como se decía por entonces, fue líder indiscutido por décadas. El R12 circula por las calles del país con modelos llamativamente en muy buen estado, pero forman parte del paisaje de otros tiempos. Como cuando uno mira una película vieja y observa que el escenario es totalmente diferente. Esos modelos de autos fueron, son y tal vez serán por un tiempo más, parte del escenario callejero de cualquier ciudad. No es tan común ver en las calles los Peugeot 404, que tenían la gran virtud de la comodidad, de la economía, del techo corredizo, pero con los años se les caía la cola. Sí, literalmente se les cortaba la cola y exigían constante atención a ese problema. Muchos directamente quedaron en el camino y pasaron a los desarmaderos. Una versión más europea pero también de la marca del león, con techo corredizo, fue el 504, algunos de cuyos modelos todavía circulan por las calles de esta argentina que fue muy selectiva con los autos. Hubo muchos modelos y marcas, pero la lealtad fue notoria con modelos puntuales de cada fábrica. No es que los adoptaban por el sólo hecho de ser de Ford, de Fiat o Peugeot, los adoptaban porque tenían fama de fuertes, de capaces de mantenerse en pie por años en el país y porque se creaba un lazo afectivo aunque no se tratara de personas. Las discusiones entre los seguidores de Ford y Chevrolet eran siempre intensas y apasionadas y no había para unos u otros peor cosa que hablar de la marca que detestaban, a tal punto que se prometían no comprar jamás un Ford o un Chevrolet, según fuera el caso. Esos modelos, de cuarenta o cincuenta años, fueron un poco más que autos, porque se instalaron en los afectos de las familias y cuando decidían venderlos para renovarse, los cobraban caros, porque lo tenían desde nuevo y eso era un valor extra.


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