No hay que generalizar y pensar que todos los jóvenes son irresponsables. Foto Patricio Rodríguez.
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Culpar a los jóvenes es riesgoso y muestra la falta de planificación

Se los señala como responsables del aumento de contagios de coronavirus desde que comenzó el verano. Una psicóloga, una psicopedagoga, un sociólogo y un historiador sostienen que señalarlos solo conduce a más problemas.

Se tiró en el sillón y dijo: “Ya sé que todos dicen que somos los culpables, pero no es así. Muchos nos cuidamos y hay gente grande que se cuida menos”. Tomás con 17 años se preparaba para ir a Las Grutas con sus amigos. Desde allá, una compañera le había mandado un video en el que un par de policías sacaban de la playa a cuatro adolescentes con una conservadora. Estaba molesto: “eran más chicos que yo, no estaban haciendo nada. Nos tratan como delincuentes”, decía con los ojos en el celular.

Con el aumento de los casos de coronavirus, de diciembre a esta parte, los jóvenes fueron puestos en el centro de la escena. Las fiestas clandestinas son la noticia principal todos los días. Algunos gobernantes, también los señalaron y tomaron decisiones como la implementación de un toque de queda, para mandarlos a dormir temprano.

Sociólogos, historiadores, psicólogos y psicopedagogos que trabajan con jóvenes sostienen que depositar la culpa en ellos es una conducta que a lo largo de la historia manifiestan las sociedades, pero puede empeorar la situación y también generar conflictos personales. Por otra parte, es una muestra de la falta de propuestas válidas para aportar soluciones.

Aunque sus conductas muchas veces impliquen descuido, no se puede decir que el rebrote se deba a las fiestas de los últimos días. Foto: Andrés Maripe.

El el historiador y doctor en Ciencias Sociales Pablo Vommaro, docente e investigador de la UBA y Conicet explicó que esta mirada culpabilizadora hacia las juventudes no es nueva, ni muestra toda la realidad. Consideró que es cierto que la juventud salió a buscar en verano espacios de sociabilidad, encuentro y ocio para estar con sus pares de manera divertida. Pero, aunque esas conductas muchas veces impliquen descuido, no se puede decir que el rebrote se deba a las fiestas de los últimos días.

“Los ciclos de rebrotes se renuevan cada 15 o 20 días, y hay que buscar otras causas, como encuentros en lugares cerrados, el transporte público, el fin del home office en muchas empresas, discursos oficiales de que “se está mejor”. Creo que hay varias responsabilidades en el aumento de casos, focalizar la mirada en las juventudes es una salida facilista, pero no se sostiene en algo empírico”, expuso Vommaro, quien además es coordinador del Grupo de Estudios de Políticas y Juventudes de la UBA.

La doctora en psicología y profesora del CURZA, Universidad Nacional del Comahue, Patricia Weigandt, hace tiempo realiza investigaciones en torno a cómo los jóvenes quedan como objetos de los adultos. Es autora del libro “La infancia masacrada”, y analizó lo que pasa con los adolescentes.

“Hay muchas investigaciones que hablan de por qué el humano se come a sus crías. Los adultos ubicamos a los jóvenes como personas con las que no tenemos nada que ver y cometen actos ajenos a lo que nosotros producimos y en realidad son parte de la sociedad y salieron de nosotros, pero se criminaliza a la juventud”, dijo.

La pandemia es inédita, y en cada ámbito de la sociedad, cada uno se las arregló como pudo. La transgresión no es solo de los jóvenes, pero “en momentos que se nos queman los papeles, se toma a los jóvenes como chivos expiatorios”, reflexionó Weigandt.

En este sentido, Marina La Vecchia, licenciada y profesora en psicopedagogía que lleva a cabo con Weigandt investigaciones en El Hormiguero, interpretó que con la pandemia se produce un corte del lazo social, necesario para sobrevivir, porque nos hace humanos.

“Planteamos que el joven es lo que se dice de él. Si los llenamos de cosas negativas, tendremos consecuencias”.

Marina La Vecchia licenciada y profesora de psicopedagogía.

“La autora Francoise Dolto habla de “El complejo de la langosta”. Dice que el adolescente pierde la caparazón protectora que es la infancia y el lazo con los adultos y los pares lo remplaza, pero en esta situación esto se vio trastocado. Perdieron viaje de egresados, salidas, momentos y circunstancias simbólicas importantes. Eso no quiere decir que tengan que salir de manera kamikaze a exponerse, pero es complejo”,dijo.

Cuando se acusa a los jóvenes reaccionan reactivamente. Foto: Martín Brunella.

Múltiples juventudes

Hablar de jóvenes es engañoso. La edad es una perspectiva a considerar, pero no la única, también está la cultura, la condición socioeconómica, familiar. Osvaldo Alonso, licenciado en Sociología de la UNCo CURZA, ve que en los medios se habla de los jóvenes de clase media, que van a la costa, o la cordillera. "No se si todos los jóvenes están haciendo esas fiestas, hay jóvenes que están buscando trabajo, que son peones de albañil”, opinó.

De esta manera, no se reconocen a las otras juventudes que siguen sosteniendo trabajos esenciales, precarizados, como delivery en economías de plataforma, a los trabajadores de la salud, los médicos residentes son jóvenes y están poniendo el cuerpo. O las juventudes en los barrios populares, en los que, junto a las mujeres, son los que activan, hacen merenderos y se organizan.

“Hay juventudes que promueven estrategias de cuidado social y esta mirada que se pone solo sobre jóvenes de clase media alta y urbanos, no contribuye a nada. Nos hace mirar solo una parte de la película y nos aleja de la solución. Si queremos poner a los jóvenes como los dueños de todos los males y no buscamos una solución incorporando la voz juvenil, no vamos a conseguir un cuidado adecuado”, sumó Vommaro.

Cuando los actores sociales se refieren a un grupo con una mirada de estigmatización solo se genera un efecto adverso. Al hacerlo, se sienten responsabilizadas, denigrada, se cierran en sí mismas, se revelan y reaccionan en contrario. Eso indica que no es el camino.

Para Vommaro hay algo de la juventud que tiene que ver con tensar los límites y no sirve para modificar la situación. Ante la prohibición, ellos buscarán la alternativa. “Hay que convocar a las juventudes que, por suerte, en el país están en organizaciones partidarias, en las iglesias, los clubes, la música. Si no, parece que las medidas son contra las juventudes y ese es un camino peligroso”, aseguró.

Lo psicológico y grupal

Tomar el camino de culpar a los jóvenes, conduce a más problemas. En los consultorios, también se ve que están en una situación compleja.

“Se debe pensar en la singularidad de cada chico, pero desde el inicio de la pandemia vemos un incremento importante del sufrimiento de los jóvenes, síntomas de patologías alimentarias, inhibiciones serias, una convivencia diferente”, relató Weigandt y agregó que hay que cuidar lo que se dice de ellos, porque los humanos tomamos las palabras que nos adjudican, y las ponemos en marcha.

los jóvenes tienen una relación con el peligro, con el riesgo, diferente a la que tienen los adultos y siempre fue así. Foto: Andrés Maripe.

Acordó con esto La Vecchia desde la psicopedagogía, a su vez, hay mensajes contradictorios, entre lo que dicen los padres, la tele, la publicidad. “Acceden más a lo que el otro hace, que a lo que dice. Hay chicos que se cuidan y otros que no. No generalicemos, puntualicemos, enfoquemos, hay que acompañar de manera singular, la palabra alivia ante la angustia”, sugirió.

A nivel colectivo, acuerdan que se deben buscar alternativas en conjunto. Para Vommaro, cuando se planificó la temporada de verano se hizo hincapié en los protocolos de la logística, del transporte, en lo mercantil, como hoteles, restaurantes, pero no en los protocolos para la recreación.

Quedan algunos meses para convocar una mesa de trabajo con juventudes. Eso no se hace y no por mala voluntad, si no porque hay una salida fácil de culpar de todo a los jóvenes”.

dijo el historiador y doctor en Ciencias Sociales Pablo Vommaro, docente e investigador de la UBA.

“Alguien pensó que los jóvenes iban a ir a las playas y no iban a querer encontrarse?”, se preguntó el investigador y encontró su respuesta, “hay falta de prevención y de planificación. Eso tiene que ver con una ausencia de una voz juvenil en la planificación de políticas públicas y en los discursos de los medios masivos sobre las juventudes. Las juventudes son muy habladas y se los escucha poco”.

El sociólogo Osvaldo Alonso dijo que el joven sale a divertirse a aprovechar su momento, porque es un condicionamiento que tienen por ser jóvenes, pero la gente que vive de una actividad económica que no puede paralizar, también tiene sus condicionamientos. “Hay muchos factores que juegan para que la posibilidad de control con respecto a la pandemia se haga muy difícil, hay que ver el universo de condicionamientos y ser creativo en la aplicación de medidas o el diálogo”, explicó Alonso.

En el horizonte en las playas de lagos, mares y cordilleras se ve que el verano no pasó y todavía se puede convocar una mesa de trabajo con juventudes. “No se hace y no por mala voluntad, si no porque hay una salida fácil de culpar a los jóvenes. El virus no entiende de grietas, ni edades, somos nosotros los que tenemos que tomar medida y la culpabilización a los jóvenes es inconducente”, concluyó el historiador Vommaro.

Campañas publicitarias de alto impacto

Las campañas publicitarias con mensajes orientados a los jóvenes ganan minutos de aire en el mundo. Algunas, con mensajes que invitan a cuidarse y otras muy tristes. En España, por ejemplo, se acaba de lanzar una con textos que contraponen situaciones como “Saltarse la cuarentena / intubar a tu mejor amigo” o “Reunión familiar sin protección / enterrar a tu abuela”.

La mayor parte de los contagios se dan en reuniones sociales pero no solo de jóvenes. Foto: Andrés Maripe.

El doctor en Ciencias Sociales, Pablo Vommaro analizó que se puede buscar un shock para contar a los jóvenes lo que puede pasar, pero ese mensaje no debe ir solo. Para que funcione, debe estar acompañado de una campaña integral de prevención, diálogo y convocatoria.

Por otra parte, en un análisis de los medios argentinos, el sociólogo Osvaldo Alonso analizó que hay un desequilibrio muy grande entre las campañas publicitarias que un gobierno pueda hacer y el aparato mediático publicitario y comercial.

“Algunas están bien hechas, pero ese breve momento, queda aplastado por el resto del funcionamiento de los medios. Es un partido perdido por goleada”, dijo y acordó con Vommaro en que hay que llegar a la gente de manera más personalizada.

En una de las publicidades, un joven está en una reunión con amigos, fuma y cuando atiende el teléfono la madre le dice que la abuela está internada y es él quien la contagió de covid.

Desde la psicología, analizaron que los mensajes atados a la culpa, conllevan algunos riesgos y demuestra fallas en el control de una situación. “Parece que cuando no sabemos qué hacer con algo recurrimos a la culpa. Cuando lo hacés, estás demostrando el arrebato para manejar algo que se volvió inmanejable”, subrayó la psicoanalista Patricia Weigandt.

A su vez, la psicopedagoga Marina La Veccia agregó que “culpar a una franja etaria es complicado, hay que trabajar escuchando, los profesionales de la parte psicológica debemos tener mucho cuidado. La palabra alivia y es importante invitarlos a decir que les pasa”.

Correr riesgos, una condición de los jóvenes

Hay algunas actitudes que son propias de ser joven. Las conductas personales, tienen un margen pequeño. En los jóvenes, las actitudes de los pares son muy importantes y es casi imposible que se sustraigan de esa ola que los lleva hacer lo que hacen sus amigos. A su vez, la distancia con la muerte y esa actitud de “a mí no me va a pasar nada”, juega un rol importante a la hora de asumir riesgos.

Como destacó la psicóloga Patrica Weigandt, los humanos “en lo que refiere a la psiquis nos cocinamos en dos momentos: la infancia y la adolecencia y ese segundo momento es muy complejo para ellos, se juegan cuestiones que tiene que ver con el empuje a la satisfacción, los ideales y a eso agregamos la pandemia”.

La Vecchia destaca que es muy importante la presencia de los padres. “En esta etapa muchos padres sienten que deben o pueden alejarse, y es al contrario, es donde se deben marcar más límites. Porque el adolescente queda al acecho de circunstancias peligrosas”, finalizó.


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