Libros: «Los cuidados», de Agustina Larrea, la cazadora de imágenes y recuerdos

Periodista cultural, escritora del newsletter semanal Mil Lianas del Diarioar y de varios títulos de no ficción, acaba de publicar su primer libro de cuentos, “Los cuidados”.

En el principio de todo, dice ella, hay imágenes; un punto de partida sensorial. Agustina Larrea, además periodista cultural del DiarioAr y escritora, es una cazadora de imágenes. Colecciona, por ejemplo, fotos de garajes antiguos de Buenos Aires. Y ahí, entre esa puerta de entrada vistosa, de otro siglo, y el interior oscuro, en ese contraste sugestivo, nace para ella la chispa de un cuento. Las imágenes pueden brotar también de los recuerdos, de la evocación de una infancia a la que ella le agregará sus propias pinceladas. De ese entramado de reminiscencias sensoriales y personajes que, como el interior de aquellos garajes, muestran las zonas oscuras del alma, han surgido sus cuentos, siete en total, que acaban de aparecer publicados por el sello Paripé books, bajo el título de “Los cuidados”.


Los cuidados” es el debut en la ficción de Agustina Larrea, aunque es un camino que viene transitando desde que era una niña, en La Plata, y escribía cuentos para regalarles a sus familiares. Los siete cuentos que integran el libro los trabajó sobre todo en 2018, cuando asistió a un taller con Romina Paula y Cynthia Edul. “El libro lo cerré durante la pandemia. Y luego, los avatares míos y del mundo editorial, hicieron que recién ahora salga publicado. Pero hay historias que llevo arrastrando conmigo desde hace mucho tiempo”, cuenta desde el otro lado de la pantalla, en una entrevista en la que sus oficios se entrelazan y transitan desde el pasado en el que se instalan sus cuentos a este presente que define como “espantoso”.


Los cuentos, breves, transcurren atrás en el tiempo (no hay smartphones, se usa la Guía T de colectivos), y en lugares alejados al ritmo de las ciudades, en las periferias, en barrios, pueblos, asilos o quintas. Y ahí, en esa atmósfera, agazapado, algo ominoso está por ocurrir u ocurre. Aún en su brevedad, la trama se va desenvolviendo de a poco, se detiene en detalles que podrían pasar inadvertidos pero que luego vuelven con fiereza. Una mujer que colecciona los restos de sus uñas cortadas; una niñera que se descuida, una joven que va a encontrarse por última vez con su amante, el olor de una curtiembre que evoca fuego y muerte.


“El punto de partida es siempre sensorial. Tiene mucho que ver con la imágenes, nunca con las ideas. A mí me gusta mucho eso que propone Mauricio Kartun sobre el pacto creador. El habla de una imagen generadora y en general cuando me pongo a escribir, cuando encuentro ese hueco, lo que me propulsa es algo muy visual. Una imagen que muchas veces viene de mi infancia, de algo que recuerdo. Para mí, ocurre algo curioso con la memoria: hay imágenes, situaciones, colores que están ahí a mitad de camino: uno no sabe si son algo de la imaginación, de la propia vivencia o algo a mitad de camino, como decía, entre lo que uno recuerda realmente y lo que el paso del tiempo hace que uno retenga. Tiene también algo de onírico. A veces un recuerdo está teñido por lo que te contaron también. Es un ejercicio de memoria con todas las dificultades que tiene la memoria, que nunca es tan concreta. A mi me parece importante pensar la memoria no sólo como un ejercicio, sino como un material que es muy, muy lábil y por eso tan interesante. Las imágenes que más me resuenan son las de los recuerdos y me gusta, en estos tiempos tan líquidos, la posibilidad de rescatar con la memoria y la evocación.

A mi me parece importante pensar la memoria no sólo como un ejercicio, sino como un material que es muy, muy lábil y por eso tan interesante. Las imágenes que más me resuenan son las de los recuerdos y me gusta, en estos tiempos tan líquidos, la posibilidad de rescatar con la memoria y la evocación»

Agustina Larrea, periodista, escritora.


-Aunque se trata de cuentos muy distintos unos de otros, hay un tema que, además de ser el título de uno de los cuentos, engloba a todos y es el de los cuidados, justamente: hay una niñera, una abuela que cuida a su nieto, personas que trabajan en un asilo…
– Eso fue un hallazgo de Andrés Gallina que es el editor del libro. Durante mucho tiempo, tenía otro título completamente distinto, porque aquella versión tenía una cita de Roberto Arlt, de “Los siete locos” que hablaba del silencio circular y me gustaba esa idea porque me parece que hay una idea circular adentro de la cabeza de estos personajes. Pero rápidamente, Gallina y el otro editor que es además dueño de la editorial, Patricio Binaghi, me señalaron que lo circular está tomado por Borges en la literatura argentina, así que evitémoslo’, y el silencio también, así que fue Andrés Gallina el que me dijo: yo releí todo y a mi me parece que tenés que pensar en el asunto de los cuidados, así que le doy la derecha a Andrés Gallina que me regaló ese título.


-Hay en los cuentos también mucho del tiempo de la infancia. Pero en ningún caso es una infancia romantizada, ni idealizada, como en “Los mecanismos”, donde la protagonista le escribe una carta a Paulina recordando una “maldad” que le hicieron a Roberta en la escuela.
– En ese caso especialmente, partí de una imagen de mi propia infancia, de algo que siempre nos decía mamá. Ella usaba, a la vez, una imagen de su propia infancia, de cuando fue la epidemia de polio, de la que ella misma fue víctima y nos contaba que los metían en una especie de hornos de barro, metían las piernas ahí, así que yo imaginaba que si me portaba mal me iban a meter adentro de un horno de barro. La epidemia de polio de los 50 fue tremenda y a la vez disparó mucho del imaginario social de la Argentina; el lisiado viene de ahí. A mi siempre me impacta mucho ese gran cuento, uno de los mejores de la literatura argentina, que es “Esa mujer”, de Rodolfo Walsh, en el que el coronel que tiene el cadáver de Eva en su casa, cuenta que lo amenazan diciéndole ‘ojalá tu hija tenga la polio’. De alguna manera, de esa imagen que me transmitió mi madre salió el cuento, mezclado un poco con la escuela normal. Esas escenas de cierta crueldad, me llevaban a ese terreno. Ante el instaladisimo concepto de la blanca palomita, yo creo que hay otras cosas.


-Hay en todos los cuentos, además, la posibilidad de que algo ominosos vaya a ocurrir..
-La vida es un poco terrible. Y en este caso, todas estas historias, preferí ubicarlas en un pasado. A mi me cuesta ubicar las cosas en el presente. Pero creo que lo ominoso es parte de nuestro día a día. Está mucho más cerca de lo que creemos y cuando viene te arrasa. Naturalmente, lo ominoso está presente, incluso en nuestra actualidad, en el país. Creo que e algunas historias pasa eso.


-Este es tu primer libro de ficción. Has escrito otros, en coautoría que son más periodísticos, y además sos periodista. ¿Cómo hacés convivir todos esos tiempos de escritura tan distintos?
-Voy a responder en dos partes. Primero sobre el oficio periodístico. Nuestra actualidad es muy dura, entonces tenemos que trabajar y tenemos que tener muchos trabajos para vivir más o menos de esto, así que el espacio de escritura es siempre es un hueco que queda después de jornadas extensísimas. El espacio de otras escrituras (ensayo, ficción, etc), siempre, lamentablemente por las condiciones espantosas que atravesamos los que ejercemos el periodismo en la Argentina, es en el hueco. No hay forma de soslayarlo. Y me parece que en los debates periodísticos, en general, es más cómodo hablar de si la Inteligencia Artificial se va a ocupar de tu trabajo y no de lo central que es que no podemos vivir de nuestro trabajo. Nosotros somos un presente muy concreto en el que nadie puede vivir de una sola cosa. En lo personal, sobre cómo convivo entre ficción y no ficción, al principio tenía cierta auto percepción de que cuando me sentaba a escribir ficción debía ponerme “otros zapatos”, pero después me di cuenta de que era un temor propio y más instalado desde lo externo, así que me saqué ese peso. Yo me formé como periodista, y a la vez estudié alguna materias de Letras que, por haber entrado a trabajar no pude seguir, así que fue un poco una deuda. Pero a la vez siento que lo compensé con muchas lecturas. Yo soy muy lectora y siento que eso queda ahí. Siempre tuve esa relación con la lectura que siento que es lo más importante a la hora de sentarse a escribir.

Agustina Larrea (Foto: Alejandra López)


-¿Estás escribiendo algo más ahora?
-En este momento estoy trabajando con una colega en un libro de ensayo para Siglo XXI, así que ese espacio que tenía para la ficción lo ocupé con otras cosas. Pero quiero darle espacio, cuando termine, a los cuentos. Soy una militante de los cuentos. Me parece un género encantador.


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