Virus celebra los 40 años de Locura con un show en Neuquén: la historia del icónico disco contada por Marcelo Moura
En una entrevista exclusiva con Diario RÍO NEGRO, el arquitecto de la música de Virus, habló del show del próximo jueves, de Locura, de cómo se construyó sonido y de la evolución sonora que representó este disco.
En mayo de 1988, Federico Moura tomó una decisión: Marcelo, su hermano menor, sería el nuevo cantante de Virus. El icónico frontman comenzaba a sufrir más intensamente los devastadores efectos del Sida en su cuerpo y ya no podía seguir participando del disco que sucedería al insuperable Superficies de placer.
Al principio, Marcelo Moura, que entonces tenía 28 años y que, como tecladista, era el arquitecto del sonido de la banda, dijo que no. Pero Federico, que en muchos sentidos era irreemplzable, lo convenció de que sí, que lo fuera, porque, más allá de su enfermedad inevitablemente terminal, quería Virus siga.
Virus siguió. Grabó y editó, en marzo de 1989, Tierra del Fuego, del que Federico solo participaría en los dos primeros días de trabajo. No pudo más. Se internó en la Clínica del CEMIC, en Buenos Aires, mientras la banda, con Marcelo Moura al frente, siguió trabajando en el disco que Federico no alcanzaría a ver editado ya que fallecería el 21 de diciembre de 1988.
La banda nacida de la siempre creativa y experimental La Plata, que había propuesto otra forma de hacer música en Argentina, sensual y sutil, que había desplazado del centro de la escena a las guitarras para construir su sonido con sintetizadores y teclados y sonar como nadie de por acá, siguió un tiempo más hasta que paró porque no necesitaba. Aquella despedida fue el 29 de septiembre de 1990 en el estadio de River, como teloneros de David Bowie y Bryan Adams.
Pararon, sí, pero siempre volvieron quizás porque en realidad nunca se fueron. Y siempre con Marcelo Moura al frente. En 1998 editaron 9, su octavo y hasta ahora último disco con música original. Pero, sobre todo, lo que hizo Virus fue tocar para celebrar su música y sus discos. Como en 2015, cuando editaron 30 años de Locura, un disco en vivo en el Teatro Ópera. Diez años después, Locura, quinto disco de la banda editado originalmente en 1985 y que contiene los imbatibles “Pronta entrega”, “Luna de miel en la mano” y “Sin disfraz”, sigue siendo motivo de más shows celebratorios.

De gira desde el año pasado, Virus llega a Neuquén con una formación que incluye dos miembros originales, el baterista Mario Serra y el propio Marcelo Moura, junto a Agustín Ferro (guitarra), Pato Fontana (teclados), Pablo Rica (bajo) y Fran Podesta (guitarra), para celebrar también aquí los cuarenta años del icónico álbum. Será el próximo jueves, a las 21, en Casino Magic (Planas 4005). Las entradas están disponibles por sistema a través de tuentrada.com y en Flipper (Av. Argentina 179).
El espectáculo incluirá las ocho canciones de Locura mezcladas entre hits de toda la discografía de Virus y alguna que otra rareza no tan hitera. En una extensa videollamada con Río Negro, Marcelo Moura habló de Locura, los secretos de cómo se construyó su sonido y del devenir de Virus de aquellos años.
P: ¿De qué va a tratar el show que traerán en los próximos días a Neuquén?
R: Básicamente, es todo el disco Locura, porque es en el marco de una gira que estamos haciendo. Después hay otros 15 o 18 temas más que son parte de un repertorio que vamos eligiendo y que vamos cambiando. Porque, afortunadamente, tenemos el problema cuando hacemos las listas para los shows de no de qué tema poner, sino de qué tema sacar.
Así que vamos tratando de modificar cosas, de ir cambiando cosas todo el tiempo. Pero, vamos a hacer todo el disco Locura, porque es un disco muy importante para Virus. Y nos parece que ameritaba hacer un homenaje.

P: En esos temas por fuera del disco, ¿se están permitiendo alguna rareza? ¿Algún recorrido un tanto poco habitual al vivo? ¿O van por un camino más tradicional de clásicos, de hits y de temas conocidos?
R: Lo que pasa es que los clásicos, la gente los pide siempre, los quiere escuchar. A nosotros nos encanta tocarlos. Así que te diría que, más bien, en el desarrollo del show, que es de una hora y media o minutos más, minutos menos, la primer parte es como un poco más tranquila, un poco temas no tan conocidos como los hits.
Y, generalmente, a partir de la mitad del show hasta el final, es medio como una batería de hits. Porque, como te decía antes, Virus no es conocido por una canción, sino por muchas. Entonces, no sé, temas como «Amor Descartable», «Agujero Interior», «El Probador», «Pronta Entrega», «Luna de Miel», «Mi Garage», no sé. Son un montón que, en general, nos acomodamos al final. Que también el show tiene una cadencia que, obviamente, siempre termina en el punto más alto, más efusivo, ¿no?
P: ¿Cómo lo están interpretando a Locura? ¿De principio a fin, tal cual orden del disco?
R: No, no lo mechamos porque el espectáculo es un espectáculo en general. Hay bloques de canciones más tranquilas. Los comienzos son más tranquilos. Entonces, no sé, temas como” Tomo Lo Que Encuentro” está dentro del bloque de las canciones más tranquilas. Y “Luna de Miel”, que es el tema más conocido de Locura, es prácticamente el cierre del show. Los vamos intercalando.
De qué está hecho Locura
P: ¿Qué banda era Virus cuando llega a Locura?
R: Nosotros siempre fuimos mutando mucho en las composiciones, básicamente porque lo que siempre nos movilizó fue el amor por lo que hacíamos y por lo que hacemos y por el descubrir, ¿no? Porque la música es algo tan genial, tan atrapante. Nosotros empezamos con Wadu Wadu (1981), seguimos con Recrudece (1982), que fue un disco tal vez el más loco musical y líricamente, después hicimos un disco como Agujero Interior (1983), que fue un disco muy rockero, muy a tierra, que fue el disco que nos lanzó a la popularidad. Después de eso dimos un volantazo enorme que la compañía discográfica se enojó con nosotros porque veníamos de un disco muy exitoso como Agujero Interior y cambiamos todos los parámetros, nos fuimos mucho más a los teclados, a arreglos de teclados, y por suerte, porque como te dije la compañía discográfica se enojó cuando le presentamos Relax (1984) y por suerte Relax (1985) multiplicó en ventas a Agujero Interior y yo creo que fue el paso previo a Locura que ya fue el disco más icónico del virus, más entero en el sentido de que son esos discos que lo ponés desde el primer tema hasta el último y está todo bien, muy equilibrado.
También tiene que ver con que a medida que íbamos haciendo los discos la popularidad del grupo iba aumentando, entonces iban aumentando las giras que a veces eran más largas, los periodos de composición eran más cortos. Locura fue el disco número uno en ventas en toda Latinoamérica y fue así como un bombazo muy importante.

P: ¿Cuál fue ese volantazo que decís que dieron en Relax y cómo ese volantazo se proyectó después en locura?
R: Yo creo que hay una cosa que tiene que ver con el momento en que grabamos esos discos y fue que yo tocaba los teclados cuando cantaba Federico y todos los teclados tenían los sonidos ya preseteados y eran imposibles de modificarlos. Entonces, el disco que escucharas no importa cual, tenía los mismos teclados, no sé, DX7, teclados clásicos de la época, que tenían los mismos bancos de sonido hasta que aparecieron los teclados a los cuales uno les podía modificar el sonido, lo modificabas, lo dejabas grabado y ya formaban parte de tu set de sonidos. Entonces, yo creo que eso fue muy determinante porque era muy emocionante agarrar un sonido y empezar a modificar las ondas de sonido, ponerle efectos, hacer cosas y lograr tus propios sonidos.
Y yo creo que si algo caracterizó a Virus fueron los teclados, ¿no? La otra vez leía en una nota que lo marcaba muy claramente y yo creo que eso tuvo mucho que ver con ese volantazo que dimos que empezó en Relax y también con una nueva historia, un nuevo formato de grabar que muchas veces era muy rebuscado, pero bueno, había una búsqueda constante de la limpieza sonora, se probaban muchas cosas, hay sonidos que son puertas de estudio cerrándose con un delay, la guitarra se grababa en un baño a cien metros para aprovechar la cámara del lugar y bueno, qué sé yo, era un momento muy experimental y yo creo que Virus explotó eso de una manera muy clara y que terminó siendo un sello de la banda, que después se lo nota también en Locura y en Superficie de Placer.
P: Ahí cuando vos tenés la posibilidad de manejar esos nuevos teclados, donde podés intervenir el sonido y personalizarlo, ¿qué sentiste que pudiste hacer respecto a lo que venías haciendo antes, entre comillas, los viejos teclados?
R: Lo que eso te permitía era la variedad. Mirá, casualmente, yo vengo recién de ensayar y el tecladista estaba sacando un tema que no tocábamos hace mucho y me dice, me estoy volviendo loco, hay 48 sonidos distintos (risas) y yo creo que eso es lo que aportaba, que en algún punto era como si tuvieras muchísimos, a ver, si vos en un tema tenés un piano o tenés un piano y unas cuerdas, es algo clásico.
Ahora, esto te abría una cantidad de posibilidades que, teniendo dos o tres teclados, podías poner, no sé, un arreglito con un sonido acá, otro sonido completamente distinto acá, otro acá, una orquesta, obviamente, en teclados, pero una variedad de sonidos que, vuelvo a decirte, creo que es una de las características más importantes de Virus.
Nos pasa mucho ahora que, por ejemplo, estamos haciendo muchas notas porque tocamos en el Gran Rex, hacemos la presentación del disco y nos invitan a programas de radio, de televisión, qué sé yo, y nos invitan a tocar, a mí me dicen, bueno, venite y traete una guitarra y yo pienso, debe haber un tema que yo pueda tocar con una guitarra acústica, “Imágenes paganas” quizás, pero después, ¿cómo hago para tocar Luna de Mil con una guitarra acústica? Es cero fogonera la canción de Virus, no lo digo ni como bueno ni como malo. Es una característica del sonido.

P: ¿Y a qué termina sonando Virus con todo esto en locura?
R: Bueno, hay dos cosas. Primero, yo como tecladista, yo nunca fui pianista, de hecho, no sé tocar el piano bien. Siempre fui más como de hacer arreglitos, que son simples. O sea, creo que la riqueza está en el sonido y en la simpleza y variedad de sonidos. Pero yo siempre me consideré, y siempre tuve mucha relación con la percusión, entonces, siempre me consideré un tecladista percusivo, rítmico. Y creo que, como vos decís, los teclados en Virus marcaron un estilo que yo creo que también tiene que ver con una cosa también de sutileza, ¿no? De, mirá, uy, mirá eso, porque algunos no son tan perceptibles o son una cosa de fondo o algo que aparece. Pero bueno, esa es la magia y la locura hermosa que tiene la música, ¿no? De tener, no solo que buscar los sonidos, sino buscar como el audio en tres dimensiones, ¿viste? Algo que aparece a lo lejos, algo que se te viene muy enfrente.
Yo, por ejemplo, hacía muchos riffs que estaban muy al frente, como, por ejemplo, no sé, el probador bien al frente, pero de golpe había, qué sé yo, una campanita atrás o un pad de cuerdas abajo. Nosotros usamos muchos pad de cuerdas abajo, le decimos “colchón”, porque es como, te forma como una nube abajo armónica que es hermosa, cantar arriba de eso es hermoso.

P: Para locura, se incorpora Daniel Sbarra a la banda, que también toca teclados. ¿Cómo funcionaste con Daniel? ¿Cómo trabajaron ambos? Porque creo que ahí es donde tienen por primera vez dos tecladistas, digamos, ¿no?
R: Claro, bueno, esto es un poco a raíz de que Daniel básicamente es guitarrista y un brillante guitarrista y entró en Virus como guitarrista. Lo que pasa es que, como te decía, con el correr del tiempo, los teclados fueron tomando más relevancia y una cosa que sucede es que cuando vos entrás a un estudio, vos podés sobregrabar.
Entonces yo me recontracebaba y ponía un teclado, después otro, después otro, después otro, y claro, cuando tenía que tocar en vivo llegó un momento que un ingeniero que teníamos de escenario me había inventado un sistema por el cual yo tenía tres teclados que yo manejaba, pero al mismo tiempo con un switch que tenía, un aparato que me inventó él, según la posición, me manejaba teclados que estaban desde el otro lado del escenario. Había uno que era el que mandaba y los demás eran subalternos, digamos. En el teclado de arriba, según dónde ponía el switch, manejaba el de abajo, el de acá, el de allá, el de allá.
Pero hubo un momento en que no había tantas guitarras y había demasiados teclados, entonces, bueno, como te dije antes, como tampoco eran arreglos que requerían virtuosismo, fuimos agregando, Daniel se fue pasando más a tocar teclados, porque a mí, aparte yo nunca en mi vida anoté un número y nunca en mi vida hice nada correlativo en los teclados. Yo empezaba un tema y en el teclado de arriba era el programa 23, en el de abajo era el 11 y en el del costado era el 14. Y a la mitad del tema cambiaba el de arriba al 18 y nunca anoté nada. Eso me trajo… Es un ejercicio fantástico porque cuando alguien me interesa y me da el teléfono, no me lo olvido nunca más. Es muy buen ejercicio que recomiendo (risas).

P: No había en la escena nacional bandas dentro del pop que se estaba generando a mediados de los 80, con estas características. Había un pop medio variopinto: Soda, Sueter, Los Encargados, Cosméticos, Instrucción Cívica…bandas que estuvieron y duraron más o menos tiempo; Charly García mismo, inclusive. Pero con este tipo de instrumentación y de audio no había una banda como Virus. Melero, quizás, pero era más tecno. Pero no había en la escena local algo así como acabas de contar, con esa complejidad de teclados.
R: En la Argentina yo creo que no. De afuera, nosotros escuchábamos mucha música diferente, con lo cual a nosotros nos han puteado por lo que te imagines, menos por parecernos a alguien. Porque nunca tuvimos fanatismo por un grupo puntual como pasa con muchos grupos, vos decís, bueno, estos son igual a Rolling Stone, estos son igual a Madness, estos son igual a… Nosotros no, escuchábamos una variedad muy amplia de música, pero, por ejemplo, uno de los grupos que escuchábamos que nos encantaba era Devo, que era todo sintetizador, era una locura, y hay muchas cosas en Virus de Devo.
P: Y en esta etapa donde la banda evoluciona, porque uno escucha los dos primeros discos y hay mucho ska, hay cierto reggae, hay algún que otro rockabilly también, y disco a disco se va complejizando la cosa, musical y líricamente también, pero sobre todo musicalmente. Nombraste a Devo, ¿de qué otras bandas se nutrían?
R: Nosotros escuchábamos de todo, pero escuchábamos mucho a Bowie, a Lou Reed, a Echo & the de Bunnymen, bueno, lo que pasa es que hay muchos que ya son contemporáneos como nosotros. The Smith, The Cure, son contemporáneos como nosotros. Pero yo creo que hay dos cosas respecto del audio de la banda.
Uno tiene que ver por supuesto con el avance tecnológico. Cuando nosotros grabamos Wadu Wadu la gente escuchaba en una radio o en un parlante que no reproducía ni sub low ni hi-fi. Entonces los discos se serruchaban arriba y abajo, se comprimían absolutamente. Por eso es por lo que cuando vos escuchás un disco original de esa época suenan como ratoncitos, ¿viste? Está todo en el medio, está todo muy comprimido. Y el avance del audio tiene que ver por supuesto con el cambio técnico de Virus.
Pero lo más importante, más allá de lo tecnológico, es la madurez del grupo. Cuando un grupo empieza va buscando su identidad en algún punto. Porque como vos bien dijiste, yo lo resumiría así, me parece que es perfecto el resumen. Vos dijiste, en los primeros discos tienen algo de reggae, algo de ska, algo de rockabilly.
Y yo te diría, en Relax y en Locura somos virus. En esos discos ya no podés decir tienen algo de… Mirá, me acabo de dar cuenta que diste con una definición perfecta.
Uno de los grupos que escuchábamos que nos encantaba era Devo, que era todo sintetizador, era una locura, y hay muchas cosas de Devo en Virus».
Marcelo Moura
P: De Relax a Locura es cuando Virus se establece como banda y se convierte en su propio referente.
R: Cuando uno empieza es mucho más la energía que pone que la sabiduría. Entonces, con el tiempo aprendés a decir más con menos y te vas aplomando y vas encontrando los espacios.
Porque si hay algo importante en la música es el silencio en los espacios. Nosotros trabajamos mucho, no sólo los espacios, sino el matiz. En el momento, no sé, en la intro de la canción el tema empieza al palo, cuando entra la voz, todos achican, todo baja, la voz es clara y en el estribillo explota.
Bueno, son un montón de cosas que tienen que ver ya con la interpretación. Y además, con eso que venimos hablando, de que yo muchas veces cuando hemos reemplazado músicos y en mi caso puntualmente cuando yo pasé a cantar y teníamos otros tecladistas, en un momento me decían, en esta parte, ¿qué hago? Y yo les decía, nada. Y me decían, ¿cómo nada? Y yo les decía, no sé, tomate un Fernet, hablá por teléfono… (risas)
Porque hay mucho en los principiantes, obviamente incluidos nosotros cuando empezamos, de esa cosa de que tenés un instrumento colgando y tenés que estar tocando todo el tiempo. Y yo creo que la madurez precisamente es eso, saber en qué momento entrás, en qué momento salís, para valorizar el arreglo. Si no es una mosca que está ahí todo el tiempo y que termina no teniendo valor.
En cambio, una guitarra que no está tocando y de golpe te aparece una guitarra con distorsión, decís ¡guau! Y después desaparece. Y desaparece y entra un teclado y decís ¡guau! Pero si hubieras tenido todo eso, todo el tiempo tocando, no diría ¡guau! nunca.
P: Dicho todo esto, ¿dónde creés que está la clave o las claves del éxito que tuvo Locura?
R: Yo creo que esa famosa frase de en el momento justo, en el lugar adecuado, se conjugan un montón de cosas. En primer lugar, lo que hablábamos antes, fue el momento de madurez total del grupo. Yo también pongo mucho el ojo en Superficie del Placer, que para mí fue conceptualmente tal vez más maduro que Locura, pero no tan hitero. Y bueno, las compañías lo que necesitan son hits, necesitan vender y es lo que quieren. Pero si a mí me preguntás cuál es mi disco preferido, te digo Superficie del Placer, sin dudarlo.
Pero bueno, son esas cosas que se van acomodando con el tiempo y un día aparece todo y estás en el lugar adecuado, en el momento justo, con los elementos necesarios, con el aplomo, el desarrollo de Federico como frontman, porque, no sé, la gente lo conoció a Federico cuando ya tenía dos mil shows arriba, porque nosotros en Wadu Wadu, por ejemplo, que cuando salió vendió para una elite de gente, la prensa nos destrozó, pero nosotros tocábamos jueves, viernes, sábado y domingo dos shows por noche durante tres años.
Eso te da un aplomo sobre el escenario y más al frontman, que encima en situaciones a veces hostiles, a veces incómodas, a veces de mal sonido, de problemas técnicos, eso te va curtiendo y bueno, cuando estás expuesto como estábamos nosotros en Locura, que ya era un grupo que había explotado popularmente, nos agarró con un equipo de trabajo, de técnicos, de asistentes, con el aplomo de los músicos, con el saber capear cualquier situación, cualquier inconveniente que surja, porque ya habíamos vivido lo más imposible, entonces bueno, todas esas cosas hacen que en Locura Virus haya hecho la gran explosión.
P: Virus son los grandes ganadores de los 80. Veo y escucho mucho Virus en las bandas actuales. ¿A vos te pasa lo mismo? ¿Sentís que la música de Virus, su estilo y estética, el modo de cantar de Federico, la sensibilidad que tuvo la banda para decir cosas de un modo distinto a como se decían en su tiempo, está reflejado en las bandas actuales?
R: Sí, y me basta con saber que la mayoría de los grupos tienen a Virus como referentes y además nos lo dicen todo el tiempo, cada vez que nos cruzamos. El otro día subimos un video de Sin disfraz del Quilmes Rock y el 95 por ciento de los comentarios decía lo mismo: es un tema de hoy.
Nosotros nunca fuimos un grupo de llenar estadios de fútbol, siempre tuvimos un target más sofisticado si se quiere. No era lo que nos movía a nosotros ser populares, sino la locura e entender que la música es tan maravillosa para estudiarla, investigarla y la necesidad de cambiar y buscar cosas nuevas.

P: El destino no les dio tiempo de serlo, porque Virus iba camino a una popularidad no sé si como la de Soda, o sí, pero era evidente que el próximo paso era esa masividad que nunca sabremos si hubiera llegado
P: Nosotros teníamos, en el momento de grabar Superficies de placer, una gira cerrada por todos Estados Unidos y México, unos 40 conciertos, los pasajes sobre la mesa, todo. Era la explosión de Virus, pero Federico se enfermó y no pudimos hacerla. Nos quedamos con él acompañándolo hasta que falleció así que bueno, qué sé yo… es la vida.
En mayo de 1988, Federico Moura tomó una decisión: Marcelo, su hermano menor, sería el nuevo cantante de Virus. El icónico frontman comenzaba a sufrir más intensamente los devastadores efectos del Sida en su cuerpo y ya no podía seguir participando del disco que sucedería al insuperable Superficies de placer.
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